El mundo nos pide el coraje de explorar y habitar el espacio desierto que dejan las fuerzas centrífugas de las prisas y el exceso de información que expulsan a las personas fuera de su centro. Nos urge a ahondar en el silencio de la fuente inagotable que late en nuestro interior originante de sentido y nuevos horizontes. (…)
La vocación monástica no es una llamada a “dejar el mundo”. La vocación monástica es una llamada a vivir la dimensión más profunda del mundo, es una llamada al Amor que late como utopía y posibilidad en el corazón de toda persona y toda realidad como energía liberadora y transformadora creadora de un mundo siempre nuevo.

María del Mar Albajar, en Silencio y Fuego