PORTADORES DE SU AMOR

Ilda David'

Ilda David’

En nuestro recorrido por la experiencia pascual de la comunidad de Jesús de Nazaret, nos encontramos en este domingo con una afirmación tan rotunda que realmente impresiona hasta la médula: «El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él» (Jn 14,23).

Amar la Palabra es hacer memoria de la vida de Jesús de Nazaret, y reconocer que es el enviado del Padre, el santificado por el Espíritu. El amor que nos viene de parte de Dios en la persona de su Hijo siempre nos encuentra desprevenidos, es como un rayo que nos parte por dentro, que  nos abrasa con su fuego, que no quema, pero que es doloroso porque purifica y nos prepara para ser portadores de su mensaje de Paz, de su Vida y de su Obra. Todo este proceso que se da en la vida del discípulo acontece de modo invisible pero real, concreto, experimentable, porque cada uno sabe lo que pasa dentro de sí mismo.

Jesús anuncia su partida al Padre y lo que nos está diciendo es que: el amor y la fidelidad a su vida y a su palabra nos convierten en sacramento de su presencia en el mundo. El será creído en el mundo si  somos portadores de su amor. Permanecer en su amor es mucho más que vivir una religión, porque las religiones son creadoras de dioses imposibles que sólo sirven para amargarles la vida a las personas y crear conflictos que no tienen nada que ver con Dios ni con Aquel que pasó por el mundo haciendo el bien. Aquello que un día fue “Buena Nueva”, porque anunciaba a las gentes el amor insondable de Dios, se convirtió para muchos en mala noticia de un Dios amenazador, que es rechazado casi instintivamente porque no deja vivir. Jesús nos lleva por otro camino: el del Amor que engendra la mirada interior. Con mucha frecuencia deberíamos hacer memoria del modo de mirar de Jesús de Nazaret: Él miraba desde el corazón, su mirada era la mirada de Dios sobre el mundo. No es lo mismo leer las Escrituras con la cabeza que leerlas con el corazón. La lectura desde el corazón nos abre a la mirada interior para ver lo que para otros está cerrado por la dureza de su mente y de un corazón de piedra. Recordemos la comida de Jesús en casa de Simón el fariseo. Cuando entra la mujer “pecadora”, los fariseos, los maestros de la Ley, los que estudiaban las Escrituras, sólo ven en ella impureza y pecado. Jesús la mira con los ojos de Dios que es la mirada de un corazón limpio y sólo ve mucho amor y mucho dolor.

Permanecer en el amor de Jesús nos abre un horizonte inmenso que nos lleva a vivir pendientes de su memoria. No podemos construir nada sin tenerlo presente, Él nos lo dejó dicho: «Sin mi nada podéis hacer»; «El que no recoge conmigo, desparrama». Son dichos de Jesús siempre a tener en cuenta. Nada en la Iglesia y en las comunidades eclesiales se puede hacer fuera del espíritu del Evangelio, y el espíritu evangélico va impregnado de la paz ofrecida por Jesús a todos los trabajos a realizar en medio de la sociedad, una paz que se ofrece con alegría, como cuando les dice a los discípulos enviados por Galilea: «Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz».

Amar y guardar la palabra de Jesús de Nazaret nos capacita para ser hombres y mujeres que no se quedan en la mera apariencia de las cosas sino que van a la raíz profunda donde se generan los miedos, el dolor, el odio, el amor, la frustración, la alegría y la tristeza. La guarda del corazón con la fuerza de la Palabra es el arcón donde el padre de familia guarda lo viejo y lo nuevo, desechando lo caduco y lo que se quiere vender como nuevo pero es mera apariencia y no tiene valor evangélico.

Sabemos y tenemos mucha experiencia en la historia del cristianismo y en los demás credos religiosos, que la paz no se puede imponer, que no se puede dar nunca donde hay resentimiento, discriminación, intolerancia y dogmatismo. El camino de la paz de Jesús es distinto al que ofrece el mundo. Los portadores de la paz de Jesús no son difíciles de reconocer porque la llevan en su interior y la reflejan en su mirada, en su porte exterior. Ellos buscan siempre el bien de todos, no excluyen a nadie, respetan las diferencias, no alimentan agresión, fomentan lo que une, nunca lo que enfrenta. Siempre tienen la mano tendida al diálogo, no se consideran poseedores de verdades absolutas e inamovibles. Son hombres y mujeres poseídos por el Espíritu de Dios; Él es su Maestro interior, es Él que da un corazón que sabe escuchar, comprender, respetar, acoger, perdonar y construir en justicia.

Un comentario en “PORTADORES DE SU AMOR

  1. Fernando Ocampo dijo:

    Sentir cada día la Presencia de Dios…amar y guardar la Palabra. Cada día acercarme a la Eucaristía de la mano de María. Cada día celebrar el Amor de Dios en la Liturgia de las Horas.Rezar el Santo Rosario por las vocaciones. Rumiar la oración del corazón…Gracias por regalarnos estas reflexiones. En comunión de oración, saludos desde la Patagonia Argentina. Bendiciones !!!

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