No a nosotros, Señor… a tu nombre da la gloria

Y el mundo se quedó en silencio | Nicola Magrin | 2011

“El que cree en mi, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores”
                                                                                                                                                       Jn 14,12

“Erase una vez un hombre tan piadoso que hasta los ángeles se alegraban viéndolo. Pero, a pesar de su enorme santidad, no tenía ni idea de que era un santo. El se limitaba a cumplir sus humildes obligaciones, difundiendo en torno suyo la bondad de la misma manera que las flores difunden su fragancia, o las lámparas su luz.
Su santidad consistía en que no tenía en cuenta el pasado de los demás, sino que tomaba a todo el mundo tal como era en ese momento, fijándose, por encima de la apariencia de cada persona, en lo más profundo de su ser, donde todos eran inocentes y honrados y demasiado ignorantes para saber lo que hacían. Por eso amaba y perdonaba a todo el mundo, y no pensaba que hubiera en ello nada de extraordinario, porque era la consecuencia lógica de su manera de ver a la gente.

Un día le dijo un ángel: “Dios me ha enviado a ti. Pide lo que desees, y te será concedido. ¿Deseas, tal vez, tener el don de curar?”. “No”, respondió el hombre, “preferiría que fuera el propio Dios quien lo hiciera”.
“¿Quizá te gustaría devolver a los pecadores al camino recto?” “No”, respondió, “no es para mí eso de conmover los corazones humanos. Eso es propio de los ángeles”.
“¿Preferirías ser un modelo tal de virtud que suscitaras en la gente el deseo de imitarte?”. “No”, dijo el santo, “porque eso me convertiría en el centro de la atención”.
“Entonces, ¿qué es lo que deseas?”, preguntó el ángel. “La gracia de Dios», respondió él. “Teniendo eso, no deseo tener nada más”. “No”, le dijo el ángel, “tienes que pedir algún milagro; de lo contrario, se te concederá cualquiera de ellos, no sé cuál…”. “Está bien; si es así, pediré lo siguiente: deseo que se realice el bien a través de mí sin que yo me dé cuenta”.

De modo que se decretó que la sombra de aquel santo varón, con tal de que quedara detrás de él, estuviera dotada de propiedades curativas y, así, cayera donde cayera su sombra -y siempre que fuese a su espalda-, los enfermos quedaban curados, el suelo se hacía fértil, las fuentes nacían a la vida, y recobraban la alegría los rostros de los agobiados por el peso de la existencia.
Pero el santo no se enteraba de ello, porque la atención de la gente se centraba de tal modo en su sombra que se olvidaban de él; y de este modo se cumplió con creces su deseo de que se realizara el bien a través de él y se olvidaran de su persona”.
                                                                                                                                                       Tony de Mello

“La virtud superior no es virtuosa, y por ello es virtud. La virtud inferior no desiste de ser virtuosa, y por ello no es virtud. La virtud superior no emplea la fuerza, pero nada se queda sin hacer. La virtud inferior emplea la fuerza, pero nada consigue”.
                                                                                                                                                             Tao Te King

5 comentarios en “No a nosotros, Señor… a tu nombre da la gloria

  1. Mane dijo:

    Yo soy el camino,la verdad y la vida. Comprender el camino de la fe. Todo camino lleva a algún sitio,tiene un principio y un final. El que cree en mi también hará las obras que yo hago. Si pedimos algo en su nombre,El lo hará. Esa es la fe del santo del que nos hablas,siguió el camino de Jesús y sus obras se realizaron. Esa debe ser nuestra fe.

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