SAL DE TU TIERRA

   

            Les voy a hablar en este domingo de lo que pienso sería uno de lo temas de las lecturas: la salvación, el perdón y la misericordia de Dios, para con el género humano.

            Adhiriéndose a los ídolos, deseando una independencia sin límites, los hombres pierden su verdadera libertad. Pero Dios no cesa jamás de perdonar y la sangre de Cristo continúa salvando al mundo.

            El ser humano tiene en el fondo de su corazón inteligente una ley que gobierna su conducta y la tiene desde su mismo origen. Es lo que llamamos la ley natural, ley que rige totalmente en todas las civilizaciones y tiempos dela humanidad. Le y que naturalmente irá cambiando en el sentido de profundizarse y perfeccionarse con el paso del tiempo.

            Los relatos mitológicos del Génesis, nos hablan ya de una ley anunciado de un modo positivo y negativo: “No comáis y creced y multiplicaos y dominar la tierra”. Más adelante y ya en un personaje totalmente histórico, Dios se revelará y le da otra ley decisiva, personalmente a Abraham que perdurará en el corazón del hombre hasta nuestro días: “Levántate, sal de tu tierra y de tu patria y de la casa de tu padre y vea la tierra  que yo te mostraré”. Más tarde en tiempos de Moisés, éste, por inspiración divina, compilará esa ley interna del corazón del hombre, en una formulación somera  y de fácil recuerdo, que sin embargo recoge y aúna toda una larga retahíla de normas, leyes y mandatos. Los diez mandamientos. (Deuteronomio)

              Pero la auténtica ley universal, que como digo perdura en nuestro días, es la revelación de Dios a Abraham, que he mencionado y luego la revelación a Moisés dándole a conocer su nombre. Cristo finalmente, compila todas la leyes existentes en una sola que es su mandamiento nuevo: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” y además nos da la buena nueva de nuestra verdadera identidad: Nosotros también somos.

            Esta frase de Dios, que es el ser por excelencia, el que es, dada a Abraham de forma escueta con palabras firmes y conminatorias expresadas en modo imperativo: Sal de tu tierra y vete… Es una formulación positiva. No le dice no te quedes sino en afirmativo vete.  Esto a diferencia del decálogo de Moisés que está en casi su totalidad escrito en modo negativo.

            El “sal de tu tierra” continúa siendo hoy, a mi modesto modo de ver, la frase fundante de una religión, de una espiritualidad y de una forma de ver la vida presente y futura. (la salida ahora y la llegada a una tierra (que Dios revelará y que ha revelado en Cristo Jesús)

            Tardará Abraham 75 años en descubrir la voluntad de ese Dios misterioso que se le revela. Cree en él y creerá hasta el final de sus días en una verdadera épica  de fidelidad a esa voz en lo profundo de su corazón.

            El largo y penoso caminar de Abraham hacia la tierra prometida es el prototipo de nuestro caminar también penoso y difícil  hacia esa tierra que ya Cristo nos ha mostrado, que es la vida eterna. Pero es preciso salir y caminar a oscuras confiando en quien nos hace la promesa de la llegada. Y es ahí donde deberíamos estar todos. En ese mismo proceso de fe.

            Pero es preciso hacer otra profundización en la frase de: “Sal de tu tierra” Esa profundización la ha hecho Jesucristo el hijo del Padre Dios, y nosotros la tenemos que seguir viviendo, arropados no solo en la promesa sino también en la psicología. EL salir es un salir continuo. En un presente continuo. La llegada, la tierra ha sido ya revelad, se trata no de una tierra  física sino de una vida nueva. No una vida que se traslada al futuro sino una vida nueva que ya podemos y debemos ir viviendo en el momento presente, cada día de nuestra vida. ”Dios nos ha hecho vivir en Cristo, estando muertos, por pura gracia estáis salvados(ya) nos ha resucitado(ya) y nos ha sentado en el cielo (ya). No se debe a vosotros sino que es un don de Dios, ni se debe a vuestras obras. Dios nos ha creado en Cristo Jesús y tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único no para condenarlo sino para que se salve por Él.”

            ¿Cómo es ese salir de nuestra tierra, salir continuo, en un presente total? Pues se trata de un salir espiritual y psicológico: salir de nuestro YO egoísta e individualista. Dejar de girar en torno a uno mismo y abrirnos a los otros y al OTRO. Sal de tus deseos, de tus penas, de tus sufrimientos, de tus falsos remedios y soluciones,  de tus miedos y angustias, de lo que está por venir, de todo esto que es rémora del pasado o apertura a un futuro que no existe. Ábrete a la vida, al amor, a la fraternidad, a la paz, a todo eso que se va haciendo y se tiene que ir haciendo día a día.

 

 

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