Narradores del Resucitado

Multiform | Mark Rothko | 1948

«Sabemos que el anuncio pascual, es específico del cristianismo, la deuda de esperanza que los cristianos tenemos para con todos los hombres. También conocemos nuestras hondas resistencias a creer este anuncio inaudito; y, aún más, lo que nos cuesta creer en la resurrección de Jesucristo como prenda de nuestra resurrección» (Enzo Bianchi).

La fe en la resurrección no nace automáticamente dentro de nosotros, supone un largo proceso de maduración y de purificación en nuestro hombre interior. Es el mismo proceso que tuvo que pasar la primera comunidad: renunciar a una imagen creada en nuestro interior haciéndola absoluta de manera que ninguna otra pueda estar por encima de ella. Eso no es fe. Tenemos que renunciar a cualquier imagen, es como querer tocar y palpar, querer ver. Podemos pensar la resurrección de Cristo, bien intelectualmente, bien plásticamente, como si pintásemos un cuadro, siempre y cuando tengamos conciencia de que eso no es la resurrección.

Una de las primeras cualidades para llegar a una fe profunda y abierta de la resurrección es renunciar al «cómo fue» o querer saber «cómo era» el cuerpo glorioso del Señor, porque no nos lleva a ningún lado. “El tercer día” en la Sagrada Escritura no es un tiempo cronológico, no lo olvidemos. Para muchos de nosotros el tercer día tarda décadas en llegar, a veces toda una vida. La fe en la resurrección hay que tomarla en su simplicidad, en su total desnudez, en su misterio absoluto, si no es así no es digna de fe. Pero aún hay más. Tenemos que leer los textos, proclamarlos, celebrarlos. Textos que nos hablan de experiencias vividas en el pasado por una comunidad, pero que tienen proyección de futuro hasta el fin de los tiempos. Textos que nos hablan de algo nuevo, distinto de lo que se conocía, textos que nos hablan de ser enviados con un mensaje singular: «Como el Padre me envió a mí, también yo os envío a vosotros», es decir: «Así como yo os narré al Padre, ahora vosotros os toca narrarme a mí». Y este es el problema: a qué Cristo narramos y proclamamos. Es bueno recordar aquella frase tan célebre del Maestro Eckhart en su sermón sobre Los pobres de espíritu: «Rogamos a Dios que nos vacíe de Dios». El Maestro Eckhart nos aconseja que renunciemos a toda imagen de Dios dentro de nosotros, y, lo que decimos de Dios, podemos decirlo del Señor Resucitado. Esto nos evitaría quebraderos de cabeza doctrinales, porque nos llevaría a no pretender ser poseedores de verdades absolutas, sino que, vaciándonos de nuestras pequeñas verdades, estemos capacitados para acoger la VERDAD que no se impone a nadie porque se presenta siempre en su simplicidad más absoluta, recorriendo los caminos de la vida silenciosa y humilde, bondadosa y cariñosa, acogiendo a todos los que quieran beber de su agua de vida. Verdad que denuncia y desenmascara la hipocresía y la injusticia y que envuelve con su amor y ternura a todos los que tienen que sufrir por ser fieles a ella.

La resurrección de Jesucristo nos compromete con su vida y con su obra y con todos los hombres y mujeres que a lo largo de la historia renunciaron a aferrase a imágenes para vivir en el mundo haciendo el bien sin mayores pretensiones. Comprendieron que la Buena Nueva no es un cuerpo de doctrina sino una persona: Jesucristo al que servían en sus hermanos y que la menor representación del Resucitado era ser hombres y mujeres portadores de la PAZ que es el mensaje del Señor resucitado a su comunidad: La paz con vosotros.

«Que Dios nos vacíe de Dios» para no caer en un espiritualismo desencarnado, sin mística, y nos lleve a lo que fue la vida del Resucitado, que nos enseñó que el Dios del Evangelio no es un Dios de exigencias imposibles, sino el Dios-con-nosotros, «que trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre» (G.Sp. 22) y acabó sus días, como tantos inocentes a lo largo de la historia, por manos de hombres.
Renunciar a un Resucitado que vive en algún cielo imaginario es sumergirnos en la historia de su vida, que no acabó en la cruz sino que sigue viviendo en el rostro de los pobres del mundo, en el llanto de los niños maltratado y hambrientos, en el dolor y el miedo de los torturados, en la angustia de los condenados a muerte, en las mujeres maltratadas y despreciadas. Todo el que haga daño a una persona se lo hace a Él. Pero también ríe y baila de felicidad por todos los que hacen el bien en la más absoluta gratuidad, felices de ver el rostro de Resucitado en sus hermanos y hermanas.

Él nos narró a Dios, nosotros tenemos que narrarlo a Él. Y hay una oración del siglo XVI, que cita Bruno Forte en una de sus obras, muy acertada para nuestra reflexión:
«Cristo no tiene manos, sólo tiene nuestras manos para hacer hoy su trabajo; Cristo no tiene pies, tiene nuestros pies para dirigirse hoy a los hombres; Cristo no tiene labios, tiene nuestros labios para anunciar hoy el Evangelio. Nosotros somos la única Biblia que aún todos los hombres pueden leer. Nosotros somos la última llamada de Dios, escrita con palabras y con obras».

7 comentarios en “Narradores del Resucitado

  1. Alicia dijo:

    No sólo me gusta. Me ayuda a vivir la Pascua con mayor sentido y por esa razón lo comparto con mis contactos. La palabra se difunde….
    Buena Pascua para toda esa querida Comunidad y amigos.

  2. ROSA Y RAFAEL dijo:

    Cristo está resucitado solamente en Dios. Nuestra prueba de que ha resucitado es que sigue vivo en nosotros y podemos hacer las mismas actuaciones que hacía en su vida , -como dice la cita final de l
    la homilía – que nosotros tenemos que colaborar en una sociedad más justa . ROSA Y RAFAEL

  3. vicenta rúa lage dijo:

    Los dogmas, las noches, los misterios… como este, suelen traer su precioso regalo de luz.
    Hablas de algo tan difícil y profundo, de tal modo que hasta parece sencillo y nos contagias cosas buenas, como admiración y humildad.
    Voy a mostrárselo a muchos.
    Graciñas. Y feliz Pascua a toda esa comunidad, que tanto quiero.

  4. Mane dijo:

    Danos el don de la fe,aunque no veamos en la noche.
    Profunda y preciosa homilía.
    El Resucitado está y actúa en esta nuestra historia. En el llanto,el dolor,el hambre,el migrante, el maltrato. Tiene nuestras manos,nuestras voces, nuestra fuerza para anunciar y denunciar igual que hizo Él. Somos sus voceros y, tenemos que anunciar y denunciar:igual que hizo Él
    Si es que lo creemos…. Este evangelio es muy rico en mensajes para todos sus seguidores.
    Esta es la verdadera fe:creer sobre la base del testimonio apostólico.

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