Solo hay un Mesías Salvador

Vidriera | Christoph Stoos | Capilla de la residencia de ancianos Steinhof (Lucerna)

“La humildad es la verdad”, decía Santa teresa.

Juan Bautista nos da una lección de humildad y de dignidad personal que es muy necesaria para saber situarnos ante todos los pseudo-mesías que surgen en todas las épocas de la historia de la humanidad. Para ser testigos de la luz es necesario tomar conciencia de que somos lámparas alimentadas por el aceite de la bondad y de la misericordia de Dios y el fuego de su Espíritu. Los que son testigos de la luz no son personas de muchas palabras, pero son voces que en el silencio contagian la presencia del Santo. No enseñan doctrinas religiosas, pero interrogan con su vida y despiertan a la fe. No son jueces que culpabilizan, no condenan arbitrariamente, invitan a abrir caminos de paz y justicia. Contagian confianza en Dios y aseguran que de cualquier pedregal pueden surgir hijos de Abrahán. Su vida no es poner piedras en el camino, leyes duras, formas de vida que limitan la libertad de las personas, simplemente, como el Bautista, llaman al encuentro con uno mismo a través de una interiorización que los lleve a descubrir que son portadores de una gracia de la que no tienen conciencia por una mala experiencia vivida en una religión que no los ayuda a ser felices. Ellos, como Juan Bautista son en nuestro mundo tan manchado y cruel, “La voz que clama en el desierto, ‘enderezar el camino del Señor’ (como escribiera el profeta Isaías).

Ante las urgencias y retos, ante las grandes cuestiones que afectan a nuestro mundo, ante el abandono de grandes sectores de nuestra sociedad de una vida de fe religiosa, el testigo se siente débil y limitado, como si todo lo superase, pero, como los pobres de Yahvé, su fe es inquebrantable. Sabe estar ante la presencia Santa, sabe de dónde le viene su fuerza, sabe quién le da palabras de gracia, de ánimo y de denuncia, sabe estar de pie ante el huracán que lo quiere derribar, sabe en quien tiene puesta su fe. El testigo que vive enraizado en la obediencia humilde a Dios es el que aprende de los amigos de Dios una verdad que muchas veces se pierde en la Iglesia, que solo hay un Mesías Salvador. Y, como Juan, no usurpa el lugar del Mesías, sabe quién es y pretende dejar claro que no se mira a sí mismo, ni pretende centrar la atención sobre sí mismo, es solo uno que hace señales, un dedo extendido para señalar a Otro que es más grande que él.

Juan Bautista sigue presente en nuestra historia en la presencia de los humildes testigos de luz que se mueven sin hacer ruido ni alboroto en los desiertos de nuestras ciudades y pueblos. Saben que no son la luz, pero que viven gracias a la LUZ; saben que no son importantes, simplemente viven el Evangelio en lo cotidiano sin ningún tipo de pretensión, pero sus vidas nos remiten hacia Aquel que habita en medio de nosotros. Como Juan Bautista, ellos amonestan y aconsejan con su vida a la Iglesia y a todo los evangelizadores a no llamar la atención sobre sí mismos, a no retener junto a sí a aquellos que solo a Cristo deben ser conducidos para no los hacer merecedores del infierno de una vida llena de miedos, a un Cristo implacable y que no tiene nada que ver con el Señor de la vida, Señor de eterna bondad y Pastor bueno que mira siempre con cariño a sus hermanos. El narcisismo religioso es desbastador cuando se encarna en personajes o grupos religiosos, porque no acercan sino que alejan a la gente de la fe. Entonces, ¿de qué sirven nuestras catequesis y predicaciones si no conducen a conocer, a amar y seguir con más fe y más gozo a Jesucristo?

«En medio de vosotros está uno a quien no conocéis». Lo peor que nos puede pasar a los cristianos es hacer de Jesús un desconocido para las gentes. Tenemos que tener conciencia que, cuando predicamos o hablamos de Jesús, Él es el centro, el sujeto de nuestro anuncio. Los testigos de Jesús no hablan de sí mismos porque tienen conciencia de que son la voz que anuncia, el reflejo de la verdadera LUZ. El mundo tiene necesidad de testigos, creyentes que despierten el deseo de un conocimiento más profundo de la persona de Jesús de Nazaret, que quieran saber dónde Él habita para quedarse a vivir con Él. Tenemos necesidad de servidores que lo rescaten del olvido para hacerlo más visible entre nosotros y devolverle su rostro humano de hombre. Porque todo cambia en  nuestro interior cuando captamos por fin que Jesús, a quien muchos pretenden esconder en un cielo inaccesible, es el rostro humano de Dios y que sigue compartiendo nuestras vidas en todo momento, simplemente hay que dejarlo ser Él mismo y no un muñeco fabricado a nuestro antojo. Saber y tener conciencia en todo momento que Jesús es, como muy bien dice José María Castillo, «La imagen visible de Dios invisible;  la reproducción del ser mismo de Dios; la Palabra que nos explica a Dios; la encarnación de Dios; el conocimiento de Dios; la locura de Dios; la debilidad de Dios; el anonadamiento de Dios; la identificación de Dios con el ser humano; la fusión de Dios con todos los seres humanos especialmente y con marcado acento con los últimos de este mundo».

Se hace más sencillo y más claro cuando dejamos que la luz penetre en  nosotros porque así sabemos cómo nos mira Dios cuando sufrimos; cómo  nos busca cuando nos perdemos; cómo nos atiende y perdona cuando lo negamos. En Jesús se nos revela la bondad y la gracia de Dios, y para esto no es necesario ser una persona brillante, ni un gran orador que enardezca a las gentes, muchas veces con un fuego que se apaga al poco tiempo. Los testigos fieles y veraces ni suplantan ni eclipsan la persona del Maestro, solo son su voz, y, a través de Él, sostenidos y animados por Él, con una vida sencilla y laboriosa, con una entrega incondicional a mejorar en lo posible la vida de su prójimo, dejan entrever en sus vida los gestos y la palabras, la presencia inconfundible de Jesús  que vive en medio de nosotros.

Este es el gran reto que tenemos los creyentes: ante la gran descristianización que se está viviendo en nuestra sociedad tenemos una misión: dar a conocer al que vive en medio de nosotros desde una vivencia humilde y una convicción profunda de que solamente renunciando a ser los protagonistas es como dejaremos de ser obstáculo para que las gentes puedan acceder al que verdaderamente es la LUZ.

2 comentarios en “Solo hay un Mesías Salvador

  1. Severino Pérez Blanco dijo:

    Me ha abierto un poco más al misterio de Dios.Me identifico plena con sus planteamientos.Hace algún tiempo en la predicación y en otras actvidades pastorales me he exforzado en trasmitir reiteradamente este mensaje:”Dios nos ama infinitamente,en la situación que nos hallemos;porque DIOS(Padre)nos ve a través de su HIJO HECHO HOMBRE (JESUCRISTO).No presentamos a un DIOS lejano sino a Dios(Uno y TRINO) implicado en la salvación del hombre.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.