¡Oh noche que guiaste!

La Noche Estrellada (det.) | Vincent van Gogh | 1889

Celebramos hoy la Epifanía –la manifestación– de Jesús como Luz y Salvador para todos los pueblos y naciones. Los magos venidos de Oriente simbolizan la diversidad de culturas y creencias más allá de las fronteras de Israel. «Todos los pueblos comparten la misma herencia, son miembros de un mismo cuerpo y participan de la misma promesa hecha por Cristo Jesús a través del evangelio.» (Ef 3,6) Si en general tuviéramos una visión más profunda sobre el sentido de esta fiesta tan querida para la cultura española, lo que hoy celebramos podría ser una señal profética muy importante para nuestra vida en sociedad. La universalidad de la salvación está inscrita en el DNA del cristianismo. Es muy significativo que el Mesías nazca fuera de la ciudad santa de Jerusalén y que los primeros en recibir la noticia de su nacimiento sean unos pastores que pasan la noche al raso con sus rebaños. En Belén –literalmente «casa del pan»– nace aquel que trae consigo el deseo de pan para todos. Y el pan también es el sentido de la vida.

El evangelio que hoy escuchamos también puede ser leído como un hermoso cuento sobre la búsqueda espiritual que habita cada ser humano, tantas veces de una forma velada y no nombrada. Creyentes o no creyentes, todo ser humano es habitado por un desasosiego ante el Absoluto, ya sea como una cuestión sumergida o como una búsqueda apasionada. Todos somos náufragos en el infinito del Cielo, buscando una estrella que nos guíe.

Escuchemos a San Juan de la Cruz:

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía,
sino la que en el corazón ardía.

Aquésta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía,
a donde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche que guiaste!,
¡oh noche amable más que la alborada!,
¡oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

«¡Oh noche que guiaste!» Bienaventurados los que se detienen en su noche y habitan su corazón, y esperan la llegada de la luz. «Sin otra luz y guía, sino la que en el corazón ardía». Todos nos sentimos hermanos de los magos que se ponen en viaje detrás de una estrella. Todos sabemos lo que es caminar bajo una luz tenue, y aun así, caminar con el corazón ardiente, conscientes de que esa luz, esa tenue luz, nos estás diciendo: eres mi hijo amado, hay vida, camina… ¡Levántate y anda! Estoy contigo en el corazón de tu noche.

Solo en el corazón de la noche brota la oración: «No hay posibilidad de oración auténtica sin cierta percepción de nuestra pobreza radical, de nuestro pecado. La oración es siempre de profundis, desde lo más profundo de nuestro desamparo. Es desde ahí desde donde surge en nosotros el grito» (A. Louf).

Los abismos del corazón nos abren a los abismos del Cielo: «Desde lo hondo a ti grito, Señor:/ Señor, escucha mi voz;/ estén tus oídos atentos/ a la voz de mi súplica. (…) Mi alma aguarda al Señor,/ más que el centinela la aurora (…) porque del Señor viene la misericordia» (Sal 129).

No temamos la noche; desde la noche de la Pascua de Jesús no hay ninguna noche que no sea atravesada por la luz: «La noche clara como el día (…) noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino» – cantamos en el pregón pascual. O dicho de otra forma, en las palabras de San Juan de la Cruz: «¡oh noche que juntaste/ Amado con amada,/ amada en el Amado transformada!».

«La estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron».

Señor, danos la gracia de caer de rodillas ante el misterio de la Vida y de adorarte. Que te reconozcamos en todo, también en lo que nos parece que son solo migajas, aunque sea de noche. Que te reconozcamos y que te adoremos, aunque sea de noche.

Un corazón dilatado por la gratitud es un faro en medio de muchas noches de este nuestro mundo y es, sin duda, el mejor regalo que tenemos para compartir con nuestros hermanos.

8 comentarios en “¡Oh noche que guiaste!

  1. Mane dijo:

    Es un relato desconcertante. Dios escondido en la fragilidad humana. Dios será un día el final del exilio y las tinieblas. Luz total! Hoy solo le vemos en una humilde estrella que nos guía hacia Belén. No nos damos cuenta del gran regalo que nos ha hecho Dios mismo, el único que sabe regalar de verdad. Nos ha regalado a su Hijo.
    Homilía muy clara,bellísima y profunda! Gracias por compartirla Carlos M.

  2. Carlos Martín dijo:

    Maravillosa, reflexión. De las palabras de esta homilía se desprende ánimo,gozo y luz, mucha luz para nuestras noches. Gracias.

  3. vicenta rúa lage dijo:

    Gracias, por dejar en cada regazo tu regalo de Reyes: esta cálida, reconfortante, ilusionante… pequeña estrella preciosa.
    Estaba de viaje y llegué tarde a recogerla. Bálsamo para mis pies, hoy algo cansados.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.