Tiempo de bodas

Bouquet with Flying Lovers | Marc Chagall |1947

Los milagros, prodigios y signos que hizo Jesús a lo largo de su vida pública, son gestos que apuntan a algo más profundo de lo que podemos comprender. De hecho, es necesario leer y mirar con una mirada interior los acontecimientos que los Evangelistas nos van desgranando en la vida de Jesús de Nazaret. No basta el conocimiento intelectual, es necesario que el hombre interior se abra a las obras y hechos de novedad, de buena noticia y de liberación que llevan dentro de sí los gestos y las acciones de Jesús.

Estamos en un nuevo tiempo, lo antiguo se  nos anuncia como algo ya superado. De hecho, tanto los Evangelios Sinópticos, como Juan, nos presentan a Jesús en el comienzo de su vida pública cuando Juan Bautista desaparece, porque un tiempo nuevo llega y se invita al pueblo a abrirse a una nueva realidad que será proclamada como la llegada del Reino de Dios. Hay que dejar lo viejo, lo caduco y convertirse a un nuevo CAMINO, a una nueva VERDAD, a una nueva VIDA, personificada en Jesús de Nazaret.

Estamos en tiempo de bodas. El relato de las Bodas de Caná es muy importante, porque el signo que Jesús realiza es mucho más que un milagro, es un signo que  nos orienta hacia su persona. Él es el Novio, y la humanidad la Novia. En esta fiesta de bodas en la que Jesús, según Juan, realiza su primer signo, es la fiesta humana por excelencia, es el comienzo de las bodas de Dios. La Esposa es tomada de la casa paterna donde residía la antigua Ley, para ser desposada con el que hace nuevas todas las cosas. No es de extrañar que el símbolo más expresivo del amor, la mejor imagen de la tradición para evocar la comunión definitiva de Dios con el ser humano nos la ofrezca el Evangelista como signo de los nuevos tiempos inaugurados por Jesús.

La boda es un día de fiesta, y si el relato lo tomamos como un mensaje que Jesús nos da en el signo de la transformación del agua en vino, nos viene a decir que la Buena Nueva del Reino, la salvación anunciada, tiene que ser vivida y ofrecida por sus seguidores como una fiesta que da plenitud a las fiestas humanas. Quedan atrás los tiempos de las austeridades del Bautista, quedan atrás las leyes que no dejaban se felices a los hombres y mujeres. La religión de la Ley escrita en tablas de piedra era una losa pesada en las espaldas de pueblo. La Nueva Ley va escrita en el corazón. Es El tiempo del amor que libera, de la danza que hace salir de su interior el deseo de ser libres. Es una llamada a abrirse al anuncio de una nueva creación ya anunciada por Isaías: «Mirad: yo estoy haciendo algo nuevo; ya está brotando: ¿no lo notáis?»

«La Torá lo impregnaba todo en la vida del pueblo en tiempos de Jesús. Era el signo de la identidad de Israel… Jesús nunca despreció la Ley, pero un día enseñaría a vivirla de una manera nueva, escuchando hasta el fondo el corazón de un Dios Padre que quiere reinar entre sus hijos e hijas procurando para todos una vida digna y dichosa» (J.A. Pagola). Por eso es importante comprender que los gestos de Jesús están siempre en función de que comprendamos que la vida humana está por encima de cualquier ley, sino lo entendemos así, nunca podremos entender el significado profundo de sus comidas con pecadores y descreídos, de acoger a todo hombre y mujer impuros ante una Ley que tenía el corazón de piedra. Él es la nueva Ley escrita en el corazón con el fuego del amor.

En el nuevo tiempo que inaugura Jesús, lo que le va a preocupar y centrar su mensaje, va a ser liberar a las gentes de cuantos las deshumanizan y las hacen sufrir. Desde esta perspectiva tenemos que entender el relato de Lucas en la sinagoga de Nazaret. Un nuevo tiempo testificado por el Espíritu para ser palabra anunciada como Buena Nueva de liberación para los cautivos, Luz para los ciegos, Libertad para los oprimidos por los que hacen de la religión una cadena de esclavitudes y no de libertad. Y todo sellado con el simbólico Año de Gracia del Señor.

Una boda, un tiempo nuevo. La vida es más de lo que se ve. Leer desde el corazón y comprender que ese vino nuevo, es más que vino, es una invitación a dejarse poseer por la fuerza del Espíritu, y, así como el vino alegra el corazón y nos libera de nuestros miedos, nos desinhibimos y bailamos y cantamos, se  nos invita a abrirnos al mundo sin miedo, a la vida, a las gentes, ser fermento de una nueva humanidad que en este momento se desangra, y también mucha gente va perdiendo la esperanza de que un mundo mejor es posible. Tenemos que recuperar la persona de Jesús, devolverle a la gente ese Hermano Mayor lúdico, profético, que no habita en ningún cielo lejano, sino que está con nosotros, en nuestras fiestas, en  nuestros duelos, en nuestros logros y en  nuestros fracasos, en nuestras denuncias y luchas. Sigue muriendo con nosotros cada día y cada día resucita. Es la Santa Presencia, es la fuerza que nos mantiene firmes, es el que nos regala el vino de la vida para que la fiesta no decaiga. Es el Hijo del Hombre, el Emmanuel, el Dios con nosotros, el que arranca el pecado del mundo. No lo olvidemos nunca.

2 comentarios en “Tiempo de bodas

  1. Bea dijo:

    Nuevamente se enfatiza en la Humanidad del Evangelio. En quitar losas sobre el ser humano. Em bendecir con su Presencia lo cotidiano lo humano. GRACIAS.

  2. JUAN CARLOS RUIZ dijo:

    Siempre con un mensaje liberador, que serena y pacifica al hombre, que entrega amor. Tiempo de la celebración de ese amor, en cada acto del día.
    Gracias por las palabras que traen paz a nuestros días.

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