Dejar hacer a Dios

Ilustración de Emilia Dziubak

La Palabra de Dios no es letra muerta. Nuestro reto es actualizar la Palabra hoy, percibir cómo se cumple aquí y ahora en nosotros, en nuestra situación concreta. Entonces se transforma en Palabra viva que, pese a no cambiar, resulta siempre original. Con la lectura constante, con la lectio continua, el orante se encuentra con los símbolos dormidos en su profundidad, con los arquetipos que hacen transparente el enigma de su vida y lo disuelven. El interior profundo del hombre, no sólo es el protagonista de la lectura, sino el que aporta los materiales para hacerla posible. La razón es muy sencilla. El escritor bíblico no ha hecho más que aflorar sus propios símbolos y arquetipos. Los ha manifestado, expresado. Leer es reescribir. Desde mis fondos simbólicos me encuentro desde los fondos simbólicos del escritor. Los comparto y no es que los haga míos, sino que descubro mi identidad con ellos.

Alguna experiencia de esto tenemos nosotros, que somos asiduos oyentes de la Palabra. Así como la Escritura nos va desvelando el insondable misterio del Dios escondido, de la misma manera nos va familiarizando con la fascinante complejidad que es el ser humano. En la medida que nos adentramos en el conocimiento amoroso de Dios, vamos, también, conociéndonos a nosotros mismos, y penetramos de lleno en el corazón de la humanidad.

En este sentido la riqueza y la aportación de la Escritura es insustituible. La Biblia trasciende la razón llevándonos a nosotros mismos allí donde encontramos a Dios. El hombre se libera, se ilumina abriendo su interior en cuanto resonador de la Palabra. Así encuentra sus propios límites y sus infinitudes también. Encuentra lo infinito en lo finito, lo intemporal en el tiempo. Y ésta es la liberación del hombre. Esta es la redención. Es el grito de alegría que brota de las profundidades y desencadena una fiesta sin fin. La Palabra es pedagoga en el alumbramiento del misterio del hombre. Desde la revelación de Jesús como el Cristo, nos asomamos a una nueva manera de concebir y de entender al hombre.

Hoy, Jesús hace suya la profecía de Isaías. Hoy, en Él, se inaugura el tiempo de la Gracia. La ley fue dada por Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo, nos dice San Juan en el prólogo de su evangelio. En el régimen de la Gracia, lo más importan­te no es tanto lo que nosotros podemos hacer, como dar cabida a la acción de Dios. El gran secreto de toda fecundidad y crecimiento espiritual es aprender a dejar hacer a Dios: Sin mí no podéis hacer nada, dice Jesús. El amor de Dios es infinitamente más poderoso que cualquier cosa que hagamos noso­tros ayudados de nuestro buen juicio o nuestras pro­pias fuerzas. Así pues, es necesario permitir que la gracia de Dios obre en nuestra vida, y decir ‘sí’ a lo que somos y a nuestras circunstancias.

Dios es realista. Su gracia no actúa sobre lo imaginario, lo ideal o lo soñado, sino sobre lo real y lo concreto de nuestra existencia. Aunque la trama de mi vida cotidiana no me parezca demasia­do gloriosa, no existe ningún otro lugar en el que po­der dejarme tocar por la gracia de Dios. La persona a la que Dios ama con el cariño de un Padre que quie­re salir a su encuentro y transformar por amor, no es la que a mí ‘me gustaría sero la que ‘debería ser; es, sencillamente, ‘la que soy’. Dios no ama personas ideales o seres virtuales; el amor sólo se da hacia seres reales y concretos. No le intere­san superhéroes de ficción, sino nosotros, pecadores como somos.

En la vida espiritual a veces perdemos tontamente el tiempo quejándonos de no ser de tal o cual manera, lamentándonos por tener este defecto o aquella limitación, imaginando todo el bien que podríamos hacer si, en lugar de ser como somos, es­tuviéramos un poco menos heridos o más dotados de una u otra cualidad o virtud; y así interminable­mente. Todo eso no es más que tiempo y energía perdidos y sólo consigue retrasar la obra del Espíritu en nosotros.

Lo que, a menudo, impide la acción del Espíritu en nuestra vida es la falta de aceptación de nuestra debilidad, todos esos rechazos más o menos conscientes de lo que somos o de nuestra situación concreta. Para liberar la gracia en nuestra vida y permitir la transformación interior, bastaría a veces con decir un ‘sí’, ins­pirado por la confianza en Dios, a aquellos aspectos de nuestra vida hacia los cuales mantenemos una postura de rechazo interior.

Si no admito que tengo tal falta o debilidad, si no acepto que estoy marcado por ese acontecimiento pasado o por aquella herida, sin darme cuenta, hago estéril la acción del Espíritu. Dios sólo influye en mi realidad en la medida en que yo la acepte con la colaboración de mi liber­tad. Y si no acepto a los otros tal y como son, tampoco permito al Espíritu que actúe de modo positi­vo en mi relación con ellos o que convierta esta relación en una oportunidad para el cambio.

Cuando contactamos con Jesús de corazón a corazón somos realmente capaces de aceptar­nos a nosotros mismos, nos sentimos liberados del apremio de ser perfectos, y podemos vivir con el ánimo tranquilo, sin hacer continuos esfuerzos por mostrarnos como en nuestro mejor día, ni gastar increíbles energías en aparentar lo que no somos. Sencillamente, podemos ser como somos.

Gracias Jesús porque tu amor, que lo abarca todo, nos autori­za plenamente a ser nosotros mismos con nuestras limitaciones y nuestra incapacidad. Nos otorga el ‘derecho al error’ y nos libera de esa especie de angustia que con frecuencia nos obliga a ser otra cosa distinta de la que somos.

4 comentarios en “Dejar hacer a Dios

  1. Bea dijo:

    Gracias por esta homilía. Real, tasadora del ser humano y esperanzada: Cuenta con que dejemos actuar al Espíritu y reconoce nuestras limitaciones…..

  2. Alejandro dijo:

    Iluminadora.
    Sí que es verdad que, a veces, me empeño en ser quien no soy.
    No es cuestión de fuerza, sino de Gracia.
    Me apunto al bando del ” sí “.
    Gracias.

  3. Carlos un peregrino en Batuecas. dijo:

    Dichoso aquel que se sabe en camino y a la vez en casa . Jesús nos muestra el Camino de la vulnerabilidad para su aceptación y redención , así se desvela Verdad del Ser en Cristo y poder experimentar la Vida que es pura Gracia y Amor.

  4. Mane dijo:

    Sólo él nos puede sacudir de nuestras acomodaciones religiosas. Si seguimos el programa de Jesús,nos sentiremos llamados a poner en el mundo libertad, luz y gracia de Dios.
    Conectar con Jesús de corazón a corazón!!Preciosa homilía que llega …..al corazón. Gracias por compartirla

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