El Amor loco de Dios

Abracci | Safet Zec | 2001

Cuando los hombres religiosos convertimos a Dios en el enemigo del hombre vaciamos su casa de sentimientos con nuestras exigencias religiosas. Nosotros llenamos la vida de historias para no dormir. Hacemos de la angustia una vigilia y la vida va pasando por delante de nosotros con sus ricos matices sin ver en ella el rostro amado de Dios, cegados como estamos en cuantificar las  normas y preceptos que nos aseguren su benevolencia. ¿Ciegos y guías de ciegos? ¿Somos Zelotas de un ídolo, duro e intransigente que van dejando apagarse la creatividad del amor? Todo tiene que estar pesado, contado, medido, rubricado, así el acceso a Dios lo hacemos pasar por la estrechez de un corazón que no sabe lo que es el amor ni la misericordia, es decir: no conoce el Amor loco de Dios.

El Amor loco de Dios es hoy el sujeto principal de la enseñanza de Jesús, pero como esto nos resulta incomprensible, tenemos que matizar, ¡faltaría más! Y así nos escapamos por el terreno más fácil. Nos convertimos en jueces, es decir, en lo que Dios no es ni lo será nunca. Nosotros condenamos y absolvemos. Ciertamente parece que este es el destino trágico de los hombres religiosos, muchos de ellos encerrados en los estrechos  muros de un celibato ni amado ni asumido que les hace ver el mundo desde una óptica siempre opaca.

Dios no es así, ni quiere que nosotros lo seamos, y esto es un problema, porque nos descontrola y no sabemos lo que hacer con nuestras pesas y medidas, y, así mismo, con nuestras leyes. Y, además, le quita interés al asunto, porque eso de no tener que someter a nadie a ningún interrogatorio para preguntar: ¿dónde estuviste?, ¿qué hiciste con el dinero?, ¿con quién anduviste?… Yo aquí llorando y tú de fiesta en fiesta, ¡desgraciado! Pues bien, Jesús nos está diciendo que ese no es el modo de actuar de su Padre. Aquí con el pecado no viene la penitencia, aquí después del pecado viene una desbordante fiesta y gran alegría. Tiempo tendrá el perdonado de darse cuenta que el amor de Dios lo lleva a la conversión del corazón.

«Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados». Esto no lo digo yo, nos lo acaba de decir San Pablo. Escuchad bien y grabarlo a fuego en vuestras entrañas: «sin pedirnos cuentas de nuestros pecados». Si esto es así, por qué no somos sinceros, honradamente sinceros de una vez por todas con el pueblo santo de Dios y les decimos de una vez que hay muchas cosas en las iglesias cristianas que solo sirven para atormentar las conciencias, llenar los corazones de miedos y hacer que los hijos de Dios rescatados al precio de la preciosa sangre de Cristo no experimenten la profunda alegría de sentirse amados y salvados.

Yo siento, y tengo la experiencia de que los que probaron el sabor de la bajeza, la amargura del rechazo, el desprecio de los “justos”, los que vivieron enfangados en lo más profundo del pecado, son más nobles, más comprensivos, más sencillos, más misericordiosos. Ellos conocen a Dios mejor que nosotros y, aunque a veces ni siquiera saben de su existencia, ahí están dándonos lecciones, porque ellos tienen un sexto sentido para ver la luz y la ternura que brilla en los penetrantes ojos del Padre, que nunca conocieron y que los acoge en su amor sin tener que pasar por un confesonario ni por una penitencia pública para vomitar un pasado de miserias. No, eso no es necesario, basta con que tengan hambre. Todo está preparado: la sala del banquete, los vestidos de fiesta, los anillos, las sandalias, los perfumes, los becerros cebados, y el Amor, un amor grande, inmenso, misericordioso, eterno, …

El amor en profundidad nos da miedo, y amar como Dios nos ama según Jesús nos enseñó, aún más. Porque solo el amor  nos va a llevar a la dinámica de la Encarnación con todas sus consecuencias, sabiendo que esta Encarnación, tal y como la vivió Jesús de Nazaret no se reduce a una tarea espiritual: a la tarea de salvar y santificar las almas, como se dijo tradicionalmente en el lenguaje religioso… ¡Siempre lo mismo! Las almas como entes separadas no existen. Lo que hay son personas, la persona implica corporalidad, por eso Jesús nos habla hoy y siempre de la liberación integral de la persona, no solo de la esclavitud del pecado, sino de toda esclavitud, en especial de la religiosa, que es la peor porque se alza como barrera entre Dios y los hombres, y lo mismo da que se trate de judíos, cristianos, musulmanes o cualquiera otra religión.

Dice muy acertadamente el Padre José María Castillo: «En la conciencia de muchos hombres de hoy en día (y creo que en los de siempre), la religión entra en conflicto con las aspiraciones más profundas del ser humano. El hombre, todo hombre que no sea un necrófilo o un masoquista, quiere ser feliz, quiere disfrutar de la vida y quiere pasar sus días con alegría. Pero resulta  que la religión es una constante prohibición, una constante amenaza y una constante advertencia de que el hombre tiene que caminar con cuidado en todo lo que se refiere al disfrute de la vida». Con razón el más famoso “Borracho” y “Comilón” de la historia se sentó a la mesa de todos los pecadores y descreídos que dijeron y dicen ¡no! a la opresión religiosa de las conciencias. Él les abrió las puertas de la fiesta de la vida, de la reconciliación, del amor, del sentido de la justicia, de la fraternidad universal. Ellos lo comprendieron y lo comprenden los que lo acogen. Porque solo el amor es digno de fe. Todo lo demás es circunstancial.

6 comentarios en “El Amor loco de Dios

  1. LRM dijo:

    Primeramente perdonen las faltas de acentos etc. pero escribo desde USA con programa en Ingles. Finalmente ha cambiado y evoluido el pensamiento catolico en aquel que escribio esto! Tuve educacion Catolica desde mi nacimiento. Entre al Convento en 1969-en medio del caos del Vaticano II. Encontre precisamente la situacion descrita por el Padre JM Castillo. Por esta razon sali del convento en 1971 y abandone la religion-toda y cualquier religion. Sin embargo disfruto, hoy, de una espiritualidad profunda y del amor de un Dios que no esta encarcelado en la religion. Gracias por expresar tan bien la experiencia increible de una- mi vida-

  2. Mane dijo:

    Somos uno con Dios,pero todavía no nos hemos enterado. Tenemos que descubrirlo. Para muchos Dios es cualquier cosa menos alguien capaz de poner alegría en nuestra vida.
    Magnífica y preciosa homilía. Gracias

  3. Lina dijo:

    Permiso me copio esta parte:Dice muy acertadamente el Padre José María Castillo: «En la conciencia de muchos hombres de hoy en día (y creo que en los de siempre), la religión entra en conflicto con las aspiraciones más profundas del ser humano. El hombre, todo hombre que no sea un necrófilo o un masoquista, quiere ser feliz, quiere disfrutar de la vida y quiere pasar sus días con alegría. Pero resulta que la religión es una constante prohibición, una constante amenaza y una constante advertencia de que el hombre tiene que caminar con cuidado en todo lo que se refiere al disfrute de la vida». Con razón el más famoso “Borracho” y “Comilón” de la historia se sentó a la mesa de todos los pecadores y descreídos que dijeron y dicen ¡no! a la opresión religiosa de las conciencias. Él les abrió las puertas de la fiesta de la vida, de la reconciliación, del amor, del sentido de la justicia, de la fraternidad universal. Ellos lo comprendieron y lo comprenden los que lo acogen. Porque solo el amor es digno de fe. Todo lo demás es circunstancial.
    La pongo con vuestro permiso en mi perfil
    Bendiciones en cuaresmas!

  4. Manuel dijo:

    Unas palabras de enorme gozo, para degustar el profundo e infinito Amor del Padre por cada criatura, gracias por estas palabras, gracias por acompañarnos y guiarnos en la experiencia magnífica de ser amados por Dios Padre

  5. JUAN CARLOS RUIZ dijo:

    Ideas necesarias en una Iglesia necesitada de renovación. Necesitada de organizarse en torno al amor. Después de dos mil años de existencia sigue siendo prioritario predicar el amor y con amor

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