Domingo de Resurrección

Cristo ha resucitado. Eso es lo que estamos celebrando desde ayer noche. Lo hemos aceptado por la fe. Así lo creemos nosotros los cristianos . Pero ¿Qué es la fe? tendríamos que preguntarnos. La fe son dos cosas: un acto mental de creencia. Una formulación verbal, incluso. Pero es algo mucho más: La fe es vida. El acto mental se activa en el cumplimiento. Eso que creemos en nuestra inteligencia se tiene que hacer vida. Creer en la Resurrección de Jesús no basta. Es preciso vivir esa creencia; Es preciso vivir esa resurrección. Nuestra resurrección no es algo que sucederá en el futuro; En el futuro tendrá lugar su perfecto cumplimiento. Habéis resucitado con Cristo, nos dice S. Pablo.

Se nos invita hoy, por encima de todo a reflexionar  y aceptar que hemos recibido de Jesús el don de la Resurrección, es decir que aceptamos salir de nuestro pecado, porque lo hemos reconocido y nos ha sido perdonado, y dejarnos transformar por la fuerza, el amor y la luz de Cristo resucitado. Nuestro trato con Jesús lo hacemos con un ser vivo, no con una imaginación nuestra sino con una realidad de fe pues creemos que ha resucitado y está sentado a la derecha del Padre para interceder por nosotros, más aún está en nuestro corazón, en el interior de nuestro yo profundo, iluminando nuestra vida y llamándonos a creer en nuestra propia resurrección.

Me parece importante que nos preguntemos hoy una vez más: ¿qué significa resucitar con Cristo?
Significa:
-Poner en él nuestra confianza, como él la puso en el Padre.
-Seguir cada día su camino.
-Querer las exigencias del evangelio.
-Decir SI a Jesús sin condiciones ni limites
-Pasar de una existencia vacía, egoísta, a otra llena del amor de Dios, constructora de paz y de alegría.
-Morir y resucitar con Él cada día. Morir al egoísmo, resucitar al amor.
Festejar y celebrar la Resurrección del Señor es eso. Otra cosa diferente es falsa. Es engañarnos.

Algo maravilloso sucede entre los Apóstoles el, día de Pascua: La fuerza de su FE, que transforma su vida. Fe que surge de la desesperación, la derrota de sus ilusiones, el desencanto después de tres años perdidos al ver a su maestro, a quien confesaban Hijo de Dios y Mesías muerto en una cruz como un bandido. Habían seguido a Jesús dejándolo todo y había caminado con Él por caminos polvorientos viendo sus milagros y su amor por todos. Ahora comprendían lo que les había escandalizado y se convertían en testigos de su resurrección, y llenos de fe se lanzan a anunciar el Reino de Dios, ya presente, y la remisión de todos los pecados.

En y desde la fe de los Apóstoles se desencadena una sucesión interminable de actos de fe, de miles de millones de personas que llegando hasta hoy confiesan que si hemos muerto con Cristo resucitamos también con él. El Paso de la muerte a la vida, de la desesperación y el miedo a la luz y al gozo. Y esa fe de los Apóstoles cambiará para siempre el Occidente. Solo su fe y la asistencia del Espíritu Santo. Ni su ciencia, ni su fuerza, ni su preparación, solo su fe en Dios, esa fe de la que Jesús les había dicho que podría mover montañas. Es desde esa fe en la resurrección de Jesús, que comprenden que decía la Verdad y que era Hijo de Dios, que se escribe todo el evangelio, que hoy día sigue siendo luz y fuerza de Dios.

Hermanos escuchad bien: Nosotros tenemos que escribir también nuestro evangelio. No con una pluma sino con nuestro comportamiento amoroso y compasivo para con toda la creación. Todo cristiano ha de escribir su propio evangelio basado en su vivir con Jesús a través de la oración y los sacramentos. Mantener a Jesús vivo con nuestro comportamiento. Ser las manos y los pies y el corazón de Jesús, esto es ya resurrección, y anunciar el Reino de Amor entre los hombres.

Pero tenemos que saber que solo habiendo experimentado en nosotros antes nuestra propia muerte y resurrección, diarias será posible anunciar el Reino. Se trata de poner vida donde tantos ponen muerte, de comunicar experiencias, no palabras bonitas. Experiencias que se plasmen en vida, en modo de actuar, en la práctica de valores distintos de los del mundo. Hemos de ser capaces también de ver signos de resurrección no solo en nosotros sino  en los demás y en el mundo. Solo así podremos escribir nuestro propio evangelio.  Mostremos siempre así mismo a nuestros hermanos, rostros de resucitados, que nuestra vida entera y nuestro cuerpo proclamen nuestra confianza en la vida no en la muerte. Morirá nuestra forma corporal, pero nosotros, nuestro ser profundo no morirá jamás pues somos semilla de Dios, como lo es toda la creación por cierto. Y lo que Dios comunica, lo que sale del SER no puede morir.

Hoy estamos celebrando la Vida, la Vida que es eterna. No como teoría sino como realidad personalmente comprobada. Hoy es día de renovación. Renovación en la lucha contra la pasividad y el adormecimiento, contra lo light, contra la resignación. Solo los que así pensamos y hemos resuelto vivir en y por el amor, podremos gritar hoy a todo pulmón, llenos de alegría

ALELUIA ALELUIA CRISTO HA RESUCITADO Y NOSOTROS VIVIMOS RESUCITANDO CON EL PARA EDIFICAR EL NUEVO PUEBLO DE DIOS, EN LA PAZ Y LA UNION DE TODOS LOS HOMBRES

2 comentarios en “Domingo de Resurrección

  1. Mane dijo:

    En la experiencia Pascual descubrimos la verdadera Vida de Jesús. Solo seremos sus seguidores,si descubrimos esa Vida en nosotros

  2. Mane dijo:

    Gracias a la comunidad de Santa María de Sobrado por este Triduo Pascual, que tan genetosamente han compartido con todos nosotros. Para mi ha sudo una preciosa y fructífera experiencia. Gracias a todos por vuestras atenciones y, de manera especual a su prior que lo hace posible.

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