Hno. Domingo – Exequias

Cédula de Profesión monástica del Hno. Domingo (det.)

Estamos celebrando la Pascua de nuestro hno. Domingo. Una vez más, nos confrontamos con el misterio insondable de la muerte y de la vida. Los ornamentos, los aleluyas, el Gloria son elementos que quieren simbolizar el carácter pascual con el que queremos realzar nuestra celebración, y sobre todo el significado de esperanza que desde la fe tiene la muerte del hno. Domingo.

Nuestra sociedad ha perdido el sentido de la vida y por eso intenta disimular la muerte de mil maneras. Los muertos cercanos se retiran rápido de la circulación poniéndoles fuera de casa cuanto antes. Los muertos lejanos se exhiben con todo lujo de detalles. Basta con leer la prensa, oír la radio, ver la televisión… Una cultura que no sabe qué hacer con los muertos es incapaz de alentar la vida. Y, sin embargo, la muerte nos ofrece posibilidades de suprema entrega.

A cada paso que damos, nos encontramos con la muerte -la muerte de otros o la que se produce dentro de nosotros-; en uno y otro caso, lo único que nos dignifica es asumirla como parte integrante de la vida y seguir viviendo según las propias convicciones.

Quien no viva todas esas muertes de cerca, quien se cree un mundo imaginario a su alrededor sin tener presente la muerte como algo esencial en su vida, jamás alcanzará la plenitud como persona y su felicidad será tan inestable como ficticia.

Nuestro hno. Domingo fue un hombre y un monje de contrastes, con una muy buena formación. Siempre responsable en todo lo que se le encomendaba, poniendo lo mejor de sí a disposición de los demás. Hombre piadoso, aprovechaba su tiempo entre la oración litúrgica comunitaria -que fiel a la RB amaba y disfrutaba- la Lectio y el trabajo. Siempre estaba ocupado: leía, escuchaba música… ‘Con un libro y una buena música, no existe la ociosidad’, solía decir a menudo. En los últimos años de su vida asumió con paciencia y entereza su enfermedad. Una de las cosas que más le costó fue el no poder asistir al oficio coral y a los actos comunitarios. Así se fue al encuentro del Señor, así fue su Pascua: del sufrimiento, a la paz eterna y definitiva.

Ahora se inaugura para Domingo una comunión más profunda con Dios, con todos y con todo. Como el amor es más fuerte que la muerte, cuando morimos podemos amar sin los límites que nos impone la vida terrena, nuestra contingencia. Los discípulos conocieron plenamente al Señor cuando él se alejó de ellos. La muerte tiene el poder de revelar lo más profundo de cada uno. Mientras vivimos estamos muy limitados por nuestras necesidades, por nuestros miedos y heridas. Al morir podemos entregarnos plenamente. Se inaugura así una verdadera comunión de los santos, como confesamos en el símbolo de la fe.

La muerte, ciertamente, se nos presenta como una amenaza desconocida. Para un hijo de Dios, sin embargo, la muerte significa la entrada en la experiencia íntima de sentirnos plenamente amados y, por tanto, de poder amar sin barreras. Este es el misterio de la muerte porque en él se nos desvela el verdadero sentido de la vida.

En este día en el que celebramos el paso de Domingo al Padre le hacemos muy presente desde nuestro cariño fraterno, junto a la certeza de que su vida ha llegado ya a la plenitud. Que el Señor nos traiga a sus hermanos de comunidad, a su familia y amigos, y a todos los presentes el consuelo y la esperanza, y a Domingo le conceda la paz y el descanso eternos.

Domingo siempre llevó en el corazón a los hombres de la mar. Quisiera finalizar invocando a María, la Virgen, como Estrella del Mar -a quien tanta devoción profesó siempre Domingo-, con las entrañables palabras de San Bernardo: Tú, quienquiera que seas y te sientas arras­trado por la corriente de este mundo, náufra­go de la galerna y la tormenta, sin estribo en tierra firme, no apartes tu vista del resplan­dor de esta estrella si no quieres sumergirte bajo las aguas… Si te asalta el peligro, la angustia o la duda, recu­rre a María, invoca a María. Que nunca se cierre tu boca al nombre de María, que no se ausente de tu corazón, que no traiciones el ejemplo de su vida; así podrás contar con el sufragio de su intercesión. Si la sigues, no te desviarás; si recurres a ella, no desesperarás. Si la recuerdas, no caerás en el error. Si ella te sostiene, no vendrás abajo. Nada temerás si te protege; si te dejas llevar por ella no te fatigarás; con su favor llegarás a puerto…

4 comentarios en “Hno. Domingo – Exequias

  1. Miria Gómez Fernández dijo:

    Mi oración y cariño para toda la comunidad de Sobrado en este momento de despedida y renovada presencia. Gracias por transparentar vuestro peregrinar común con toda la hondura de la confianza en el Dios de la Vida.
    Un abrazo de vuestra hermana.

  2. Luz Louzao dijo:

    Celebro con toda la comunidad y amigos de Sobrado el Paso de Domingo al Padre, Madre Dios.
    Gracias por vuestro cariño a él y contad tambien con el nuestro a toda la comunidad. Apertas a todos

  3. Manuel Gonzalez alvarez dijo:

    Yo soy Manolo su amigo del bacalao y Terranova era como un padre un hermano y mi amigo del alma querido aunque yo amo a los hermanos todos pero el.es muy especial en mi corazón

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