Sin mirar para atrás

La mujer de Lot | Klaas Koster | 1952

Resumen de la Palabra de Hoy: Seguir a Jesús supone aceptar dejar todo como el profeta Eliseo y tomar nuestra cruz, la de cada uno, la de cada día, sin mirar para atrás y saber que ahí, como dice S. Pablo, está  nuestra salvación.

1.- Primer punto: qué significa dejar todo. ¿Qué quiere decir TODO y a qué se refiere?. Dejar todo significa dejar aquello que sea un estorbo o impedimento para seguir a Cristo. Seguir a Cristo que no es ir a algún lugar, sino a reproducir su personalidad en nosotros. Dejar aquello que en lugar de acercarnos a él nos aleja. Aquí hay muchas cosas incluidas en ese TODO, decisiones correctas que nos impiden seguir su voluntad. Todo aquello no significa el dinero, por ejemplo, sino solo cuando éste y su preocupación nos aleje de tomar otras decisiones a favor de Jesús, o de los demás. Lo mismo podemos decir, de la propiedades personales, de las cosas que nos rodean, la casa, la vestimenta, etc, cuya preocupación nos insensibilicen para seguir a Jesús, s su evangelio y a las necesidades de los demás.

Antiguamente se hablaba de los tres enemigos del alma: mundo, demonio y carne. dinero, sexo y poder, dicho de otro modo. Las tres grandes tentaciones del hombre, que le alejan de Dios. Hoy día se habla más bien, sin negar las anteriores, de lo que las origina, a saber el egoísmo y la soberbia, que le impiden luchar por un mundo mejor. En lugar de servirnos de las cosas, de los afectos, de los deseos, nos convertimos en sus servidores. Y en ese momento es cuando hay que dejarlas. No se puede servir a dos señores, dice el Señor.

En ese sentido hablaba Pablo, del camino de la libertad. El hombre pierde la libertad para elegir lo que es justo, sabio, adecuado, lo mandado por el Señor, cuando es esclavizado por todo lo que hemos dicho antes. Pierde la oportunidad de engrandecerse, es decir vivir desde el amor, desde la apertura al otro, desde la comprensión de sus debilidades, de su perdón, de evitar los juicios, las condenas arbitrarias, de tener una actitud amable y agradecida por toda la creación: no solo por las personas sino también por el mundo animal y vegetal, materializaciones del innombrable, del que no puede ser captado por nuestros sentidos, del eterno, del ser, del que es por sí mismo. Dejar pues todo, para poderse llenar del TODO. Un saco lleno de arena, no se puede llenar de trigo a menos que se quite antes la arena. S. Juan de la Cruz, de un modo muy radical dice: “El que busca gusto en alguna cosa, ya no se guarda vacío para que Dios le llene de su inefable deleite” Está claro que en S. Juan de la Cruz el deleite inefable de Dios era más valioso que cualquier otra cosa.

2.- El segundo punto: tomar la cruz y seguir a Cristo, sabiendo que ahí está la salvación. Pero: ¿Qué es tomar la cruz y cuál es esa cruz? Jesús tuvo claro cuál fue su cruz, que empezó siendo moral y psicológica y terminó siendo física, la cruz donde llevó al límite su obediencia al Padre. Desde la angustia de Gethsemaní hasta la lejanía de Dios su Padre, en la cruz. Se trata en definitiva de tomar no nuestra propia cruz, sino la del Padre Dios, la que Jesús tomó y que fue la de hacer  de la voluntad suya alimento para su ser, pues para eso se había hecho hombre.

Para en nombre de toda la humanidad rendir al Padre su obediencia total. Humilde y mansa. Jesús, para ejemplo nuestro, estuvo íntimamente unificado al que supo era su Padre, de quien desde antes del principio de los tiempos procedía. Jesús hace de su palabra su alimento y vive tan solo para hacer su voluntad que era la Salvación del mundo entero, para decirnos: Tenemos un Dios que nos ama con ternura, que solo quiere nuestra felicidad, que nos ha reconciliado en él, de quien salimos y a quien vamos para re-integrarnos a su esencia. Jesús, como deberíamos hacer  nosotros a ejemplo suyo, manifiesta por sus palabras y talante como es su Padre, nuestro Padre del cielo. Y el talante de Jesús era el amor y la no violencia (de la que tan lleno está nuestro mundo hoy día)

No hay otras cruces hermanos. Solo las que se derivan del cumplimiento del amor, el principal mandamiento. No los ayunos, no las enfermedades y otras cosas negativas, no nuestros pecados, no los disgustos por la conducta de los demás, estas podemos convertirlas en sufrimiento que llamamos cruz, pero no es la de Jesús.

Es evidente que para conocer la voluntad de Dios se necesita llenarse de su Palabra, una meditación sobre la misma y una oración para llenarnos de los dones del Espíritu Santo, que es quien nos da la fuerza para llevar a cabo nuestra tarea.

3.- Tercer punto: Sin mirar hacia atrás. Se ha dicho hasta la saciedad que mirar hacia atrás, hacia el pasado, es una pérdida de tiempo, pues es mirar hacia algo que ya no existe y no puede, por tanto, ser rectificado o transformado. Mirar hacia atrás es fuente de frustración y angustia, de sufrimiento y sobre todo pérdida absoluta de tiempo.

Elías hace un gesto profético, matando los bueyes que le ataban al pasado y se lanza al servicio de Dios. Recuerden lo que hizo H. Cortés una vez que llegó a América: Quemar las naves, para evitar la tentación de volver a España y dejar de vivir el momento presente que era poner América bajo la corona de España.

Nosotros cristianos estamos también llamado a matar los bueyes y quemar las naves, nuestras ataduras a lo que no sirve ya y que ralentiza nuestra vivencia del momento presente, que es simple y llanamente AMAR, vivir para Dios y los demás.

Recordemos las palabras de Jesús a aquel que quería antes de seguirle decir adiós a sus padres: “El que pone la mano en el arado y mira para atrás no es digno del Reino de los cielos”.

Ustedes pensaran que todo esto es doctrina para monjes, y curas. Pues  no. Desde luego que no. Somos todos iguales ante Dios. Hemos sido llamados a la vida, a esta vida por Dios, para llegar todos a la eterna. Somos todos pues hijos de Dios y en Jesucristo nuestro hermano mayor tenemos el ejemplo de cómo vivir. Unos en los monasterios, otros predicando y otros viviendo en el mundo y sus negocios. Pero todos llamados a obedecer a Dios y ponerle en lo más profundo de nuestros afectos, pues todo lo demás pasa y solo el amor permanecerá para siempre.

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