La Tienda del encuentro

Parque del Monasterio

Dice el Padre José María Castillo que «La literatura teológica y de espiritualidad ha interpretado este episodio (de Marta y María) como el fundamento que justifica y explica dos formas de Vida Religiosa: “la vida activa” (Marta) y la “vida contemplativa (María). La primera propia de los religiosos y religiosas que trabajan apostólicamente; la segunda es la de los conventos de clausura, en los que monjes y monjas se dedican exclusivamente a la oración y a la contemplación en la soledad de sus monasterios. Y siempre se ha dicho que la vida contemplativa es más perfecta que la activa. Sin que falten los que aseguran que la mejor de todas es la que sabe unir ambas, la llamada “vida mixta”.
Todo esto es comprensible desde el punto de vista de monjes y teólogos que no tienen cosas más importantes en las que pensar y sobre las que discutir. Pero, ni esta cuestión sirve para nada ni semejante controversia tiene fundamento alguno en el Evangelio. Lo que este episodio nos relata tiene otro sentido muy distinto».

Lo más importante y lo más claro de este relato, es que, a juicio de Jesús, lo más importante en nuestra vida es la escucha de la Palabra de Dios. Estamos viviendo una época de auténtica vorágine de activismos y auténticos maremotos de noticias, y se nos está programando deliberadamente y de manera descarada para arrancarnos del centro, de nuestra vida interior, del lugar donde reside la capacidad de escuchar, discernir y de tener un sentido crítico de todo lo que nos llega a través de los medios. Si perdemos la interioridad, perdemos la capacidad de escuchar la Palabra de Dios, y si su palabra no resuena dentro de nosotros, tampoco escucharemos la voz de su pueblo, porque también en el pueblo hay Palabra de Dios.

Porque este relato evangélico, además de indicarnos la importancia de la escucha de la Palabra de Dios, es precisamente esta actitud de escuchar la que nos va a enseñar a acoger, a servir y a escuchar a las personas, porque la grandeza de la escucha de la Palabra de Dios, nos humaniza, nos hace más cercanos, más de andar por casa. La enseñanza es clara: Jesús nos dice aquí que es más importante “escuchar” a las personas que “servir” a las personas. Porque no es lo mismo el “ser para” que el “estar con”. Todos necesitamos más la compañía humana que el servicio y la ayuda, y siempre sin descuidar lo uno y lo otro. Porque la acogida no consiste solamente en “hacer cosas” para el que nos visita, sino tener esa sensibilidad interior de saber ofrecer el propio tiempo, creando un clima de acogida y hacer en sí mismo un espacio para el otro por medio de la escucha atenta a lo que nos tenga que comunicar.

Los cristianos tenemos que aprender a vivir con lo “único necesario” y no dejarnos tentar por los numerosos deseos que nos preocupan, sino allegarnos a la fuente de la Palabra, al Maestro Interior que nos va a dar las claves de tener una actitud interior de saber acoger y servir a las personas sin sentirnos agobiados y obsesionados por lo meramente material, cuando muchas veces las personas, más que una buena comida, necesitan una palabra de aliento y un corazón que las sepa escuchar. Por eso  es esencial que el Maestro Interior, el Señor de nuestra vida, sea el que, con sus palabras y acciones, oriente nuestra existencia. Una persona que sabe escuchar es una persona que sabe servir sin agobio y sin preocupaciones. Por lo tanto, lo que se nos pide es no hacer comparaciones de los distintos estilos de vida evangélica, sino que se  nos alerta del peligro de vivir absorbidos por un exceso de actividad, apagando en nosotros el Espíritu y contagiando nerviosismo y agobio más que paz y amor.

El Evangelio de este domingo nos invita a ser “La Tienda del encuentro”, “La Casa” en donde acogemos al que se nos presenta como caminante de la vida. Una persona trabajada por la Palabra del Maestro, es aquella que tiene la puerta abierta para dar una palabra de aliento y de paz. Que es respetuoso con la historia personal del que se cerca a ella y que el mejor servicio será siempre la calidez de la acogida, dejar hablar, escuchar con el corazón para poder discernir y dar una palabra de vida que llegue al corazón. Esta actitud es la que nos prepara para ser servidores que no se agobian ni se obsesionan por el servicio, simplemente son servidores de los hermanos de su Señor.

Necesitamos algo que es muy importante y que es esencial para una vida interior: el silencio y la paz del descanso que nos alejan de la fatiga abrumadora de los tsunamis que nos rodean por todas partes. Paz y silencio porque es ahí donde podremos encontrarnos más fácilmente con nuestra propia verdad. Ahí resuena la Palabra que nos ilumina por dentro y, en la medida en que nos enseña a conocernos, nos abre el camino para el conocimiento de la personas.

Tener un corazón de discípulo es escuchar con todo el ser la Palabra del Maestro, es vivir una interioridad que nos llena de luz y discernimiento. Silencio, paz y quietud para gozar de la Palabra. Los antiguos Padres monásticos aconsejaban a sus discípulos que no abandonasen la soledad de sus celdas para no perderse en bagatelas. Y San Agustín nos dice: «No andes por fuera. No te desparrames. Adéntrate en la intimidad. La verdad reside en el hombre interior».

Un comentario en “La Tienda del encuentro

  1. M Paz Bacas dijo:

    Me ha gustado mucho el comentario sobre Marta y María. Me ayuda en mi vida, en mi silencio e interioridad y en servir desde el nucleo donde escucho la Palabra.

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