La geografía de Dios

Deserto-Soidade | Enrique Mirones, monje de Sobrado | 2002

Los hijos y las hijas llegan de lejos (Is 60,4), llegan los gentiles, coherederos, miembros de un mismo cuerpo (Ef 3,6), llegan los inesperados venidos de Oriente (Mt 2,1), llegan adoradores imprevistos, extranjeros que se arrodillan (Mt 2,11). Dios se deja conocer por los desconocidos, por la gente que no está inscrita en la lista de los invitados.

La manifestación de Dios suscita un movimiento imprevisible, no controlable, no reglamentable. Individuos que llegan de quién sabe dónde (vagamente «de oriente»), a través de caminos desconocidos (caen en Jerusalén sin que antes se hayan dejado ver, seguir, encaminar), y se van por itinerarios no obligados, no impuestos («se marcharon a su tierra por otro camino»). Los magos difícilmente podrían ser figuras más contemporáneas.

La geografía de Dios nunca se podrá enseñar en una escuela teológica. ¿Cómo arreglárselas para aprender una geografía sin confines, una geografía donde es imposible establecer quién es “cercano” y quién es “lejano”, donde las distancias quedan abolidas por un rayo de luz, por una inquietud secreta, por una nostalgia incurable, que alcanzan territorios impensables?

Jerusalén es lugar de paso, de verificación. Y los libros, aunque sagrados, están en su sitio. Y las personas “competentes” que los manejan son todavía más inmóviles. Los que detentan el poder legítimo facilitan la respuesta exacta, pero sin abandonar su posición “privilegiada”, sin intentar entender, sin dejarse implicar. Su falsa seguridad les hace faltar a la cita decisiva, les desplaza respecto a la historia. Considerándose centro obligado de todo y de todos, no caen en la cuenta del “juego” de Dios, que se manifiesta al margen de los programas y de las reglas fijadas por sus libros, al margen de los lugares y de los modos establecidos para la ceremonia de acogida. La posesión del saber les empobrece de lo esencial, o sea, de la trepidación de la espera, de la sorpresa del encuentro. Se creen que Dios depende de ellos. Y no caen en la cuenta de que él sólo depende de su libertad y gratuidad infinitas.

La epifanía es la manifestación de Dios en la carne humana. Dios en lo humano, en todo lo humano y en todos los humanos. Por esto, este misterio sigue en cada una de nuestras vidas. Por puro don, en nuestras vidas arde la misma luz que atrajo a los pastores y a los magos. No es en las estrellas donde tenemos que intentar descifrar los trazos de la presencia de Dios, sino en los acontecimientos cotidianos que nos desasosiegan, nos indignan y nos maravillan, en la complejidad y las contradicciones de lo humano, en ese misterio insondable que es el otro.

Si hay momentos de oscuridad o de ausencia es porque nuestra mirada condicionada y excluyente sigue buscando la manifestación de Dios en lo extraordinario, en lo insólito, en lo bueno y bello según nuestros criterios. La dimensión de lo divino debe ser buscada en el entramado de la vida. En todo acontecimiento hay una epifanía: en el duelo, en la pobreza, en la revelación de amor, en el dolor o en el desespero.

Hay seres humanos que sin saberlo son epifanías vivas de la gratuidad, de la ternura y de la paciencia del amor de Dios. Hombres y mujeres que vinieron de lejos, y que en el viaje han nacido una segunda vez, heridos y vencidos por la misericordia de Dios. Son antorchas en medio del mundo sin ningún tipo de espectacularidad, llevan dentro un fuego encendido, un fuego de humildad, de gratitud y de compasión. Son gente que sabe esperar a los que vienen de lejos, tantas veces demasiado cargados, sedientos, frustrados, que llevan dentro de sí una ansia obstinada de luz. Vienen de lejos. Todos venimos de lejos buscando lo que llevamos dentro.

Arrodillémonos con la sencillez de los niños y de los pobres. En silencio. El fuego de Dios arde en todas las vidas.

10 comentarios en “La geografía de Dios

  1. Santiago dijo:

    ¡¡¡QUE MARAVILLA!!!
    Gracias
    “Agranda la puerta, Padre, porque no puedo pasar. La hiciste para los niños, yo he crecido a mi pesar. Si no me agrandas la puerta, achícame por piedad”.
    (Miguel de Unamuno)

  2. Beatriz dijo:

    Feliz día de Reyes!!! Así sea.
    …. también los gentiles somos coherederos ….., ¡ impresionante ! ¿ se puede esperar más? …
    Gracias Jesús por tu manifestación, gracias por tanto bien como hemos recibido de Ti … gracias por tu inmenso amor a pesar de nuestras miserias y debilidades . … Aquí estamos con los ángeles,los pastores y los reyes magos adorándote…. Ven espíritu creador, visita las almas de tus fieles…..

  3. mari dijo:

    … de rodillas, en silencio, contemplamos el fuego que arde y no se consume…
    Muchas gracias querida Comunidad, por ser epifanía de gratuidad, de ternura y de amor.

  4. bea dijo:

    la dimensión de lo divino debe ser buscada en el entramado de la vida…….
    Cuánta belleza nos regaláis. Gracias y no cambiéis.
    Con mi cariño.

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