La esperanza florece con fe en el surco del amor

Jesús muere en la cruz (det.) | François-Xavier de Boissoudy

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Es la expresión de quien está al borde de la desesperación. Desde el vacío más abisal, tras tres horas de agonía en la cruz, minutos antes del desenlace fatal, Jesús clama al cielo. De su espíritu irrumpen terribles interrogantes, la más temible tentación que alguien pueda sufrir: ¿Fue absurda mi fidelidad? ¿Fue sin sentido la lucha sostenida por la causa del Dios de la vida, de los pobres y de la libertad? ¿Fueron inútiles los peligros que corrí, las persecuciones que tuve que soportar, el humillante proceso difamatorio, la condena judicial y esta indecible crucifixión que ahora estoy sufriendo? ¿Fue todo en vano?.

La vida es difícil y dolorosa. Una y otra vez te ocurren situaciones dolorosas. Dios te pone frente a frente con el misterio de tu vida. Tu corazón, tomado por sorpresa, no logra aceptarlo y se subleva. Y el Padre te invita a aceptar el estremecimiento de tu corazón. Dios no se asusta de la lucha por domar tu corazón a fin de prepararlo para la entrega. El Padre acepta tu queja, tu protesta, y hasta la blasfemia contra Él o contra todo lo tuyo. Porque el Señor Dios, como todo viejo domador, conoce que la mejor entrega es aquélla en la que antes ha probado la incapacidad de resistir, de agotar todos los recursos para acabar depositando confiadamente todo tu brío en Él. En situaciones así sólo te queda una actitud humana razonable: sembrar con fe en el surco del amor para que poco a poco vaya creciendo la esperanza.

Pareciera como que, previamente, Dios quisiera mostrarle a tu corazón toda la capacidad de fuerza y toda la riqueza de recursos. La riqueza oculta en Dios, y también la riqueza que hay en tu corazón. Una vez que hayas comprendido la grandeza y la misteriosa fuerza de Dios, te animarás al fin a poner la riqueza de tu vida al servicio de la fuerza de Dios. Pero esa riqueza primero tienes que descubrirla en la lucha interior, cara a cara con Dios.

Tu corazón no perderá su vigor. Al contrario, la dura lucha de la doma habrá llevado hasta sus límites la experiencia de tus fuerzas y de tus posibilidades. Pero al haber tenido que enfrentarlas con las de Dios, además de haber experimentado tus propios límites, habrás descubierto ‘lo más allá’ de Dios; habrás rebasado la frontera del misterio, más allá de la cual descubrirás la fuerza y la grandeza de Dios. Esa rica experiencia de la lucha dispondrá mejor tu corazón para poner confiadamente tu vida en las manos de Dios. Lo que hace gestar el ser humano nuevo no es la libertad, sino la rendición y la entrega de tus fuerzas y de tu libertad en Dios.

Justamente ahí, recuperarás la esperanza. La esperanza se asienta en un lugar profundo, el más tuyo -donde habita el Cristo interior- entrelazada con el misterio de tu propia vida. Tu vida tiene un sentido. Esa convicción profunda es un acto profundo de fe. Es algo que llevas dentro y que en su día te puso en camino. Vivirlo te devolverá la esperanza y te permitirá ser. Si crees que tu vida está penetrada de un misterio que puede ser cumplido, si intuyes que existe una vida nueva, aunque no la veas, será lo único que dé apoyo real a tu vida y a tus opciones, y te ayudará a superar la desesperación. Desde ese lugar, una vez reconquistado el valor fundamental de tu vida, emprenderás nuevamente la lucha. No pondrás tu confianza en las fuerzas personales, ni en las dotes de tu naturaleza; de ellas sólo tienes la experiencia de tu fragilidad. Pondrás tu confianza en Dios. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

5 comentarios en “La esperanza florece con fe en el surco del amor

  1. Mane dijo:

    Mis ojos fijos en tus ojos, Cristo, mi mirada anegada en ti Señor. La Cruz de Cristo es la expresión del amor desconcertante de Dios, y no la víctima de la justicia divina.
    Sembrar con fe en el surco del amor para que poco a poco vaya creciendo la esperanza.
    Magnífica y bella homilía. Gracias

  2. Beatriz dijo:

    Dios mío, Dios mío ¿ por qué me has abandonado? Estas palabras pronunciadas por Jesús son tremendas, inefables , te paralizan. Silencio profundo y contemplación .
    La enseñanza de hoy es muy intensa… la llevaré a mi oración personal.
    Señor gracias por tu inmenso Amor ,gracias por tu Amistad incondicional, gracias …gracias…gracias…

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