Hoy queda libre nuestra libertad

¡Jesús ha Resucitado! ¡Aleluya!

 En el Gólgota Dios experimenta humanamente la ausencia de Dios, el silencio de Dios, así como esta sed febril en el vacío donde hoy nos hallamos todos…

 …En el Gólgota, es como si Dios contra Dios se pusiera de parte del hombre. Como si Dios fuera, paradójicamente, a-teo. Pero entonces, por todos nosotros, por ti, por mi, se abre un poco nuestro corazón, este viejo corazón rebelde, angustiado, o simplemente indiferente, entonces la voluntad humana de Jesús se encomienda con infinita confianza a la voluntad del Padre. Entonces, en esta obediencia humana soberanamente libre, se desata la tragedia de la libertad humana. Entonces queda libre nuestra libertad. Y entonces todo se invierte. Toda la desesperación y el sufrimiento humanos que se interponían entre Dios y Dios son asumidos y como consumidos en la unidad del Padre y del Hijo: el infierno y la muerte se esfuman como irrisoria gota de odio en el abismo de fuego de la divinidad. La muerte cambia de signo, se convierte en etapa de una metamorfosis, las puertas del infierno son derribadas y entra la luz del Tabor…

 …A partir de ahora la Vida, la Luz, el Aliento brotan no de un Dios exterior, extraño, como si estuviera demasiado lleno y fuera demasiado pesado, hasta el punto de que nos aplastaría, sino de un Dios crucificado, presente para siempre en nuestro infierno interior, en este espesor asfixiante –en nosotros y entre nosotros- de horror y angustia, para que el Sábado Santo -la última kénosis, la última victoria- el infierno se transforme en Iglesia. La ‘luz de la Vida’ surge de este Dios traspasado por amor, vaciado, para que el otro sea. El Inocente se deja asesinar para ofrecer su vida a los asesinos. Ya nadie está excluido, porque Dios viene a nosotros en medio de la peor exclusión. Más bajo, más profundo que nuestra deshonra y nuestra desesperación no está la nada, sino el Crucificado, cuyos brazos se encuentran abiertos para siempre. Para salvarnos de la nada, Dios se rebajó por una locura de amor, y no lo hizo perdiendo su divinidad, sino para demostrar que es ésta realmente, a saber, locura de amor.

 Con frecuencia, con mucha frecuencia nos sentimos tentados de ceder a la desesperación, de dejarnos caer en el vacío, de disolvernos en nada. Entonces vienen a nuestros labios las palabras del salmo: ‘¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?’. Pero Él está ahí, más cerca de nosotros que nosotros mismos. Solo hace falta que, en Él, con Él, guiados por Él como niños perdidos, susurremos: ‘Padre en tus manos encomiendo mi espíritu’. Entonces nos invade una vida de más lejos que nuestra ‘vida muerta’. El velo del templo se rasga, salimos de nuestras tumbas y entramos en la ciudad, resucitados. (Olivier Clément)

5 comentarios en “Hoy queda libre nuestra libertad

  1. pedro garciarias dijo:

    MIL GRACIAS por tan precioso texto, eso se llama carisma para consolar, me ha emocionado hasta un extremo…y no tengo palabras.

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