El Hijo del Hombre ha venido para dar su vida

Crucificado (det.) | Miguel Pérez | En el comedor de la comunidad

El sufrimiento moral o físico forma parte de la condición humana. Existe también, a la sombra de la Cruz, la terrible prueba del rechazo y del abandono. El porqué de esta situación de la que nadie escapa, nos es desconocido y ha sido el gran tema de la filosofía, la teología y también, como no, de la Sagrada Escritura. Con la mera luz de la inteligencia resulta imposible comprender como un Dios bueno y misericordioso, puede permitir ese dolor sordo y sinsentido que nos propinamos unos a otros por nuestro egoísmo; cómo la violencia humana y de la naturaleza, las enfermedades, el hambre, la soledad, el desánimo puede arruinar a tantos que son hijos de Dios y que comparten con Él su naturaleza. Y que ése es el camino que llevará a la gloria subsiguiente. Este problema nunca ha sido solucionado ni se solucionará fuera de la virtud teologal de la FE, El porqué sigue siendo un misterio pero no así el para que.

La liturgia de Israel conocía el sacrificio de un animal, en reparación de un individuo o de un pueblo entero. Este sacrificio era llamado Sacrificio de Expiación. El Siervo de Dios del que habla Isaías toma el lugar de este animal del sacrificio y sustituye a los culpables para reparar sus faltas. Es su obediencia y el amor a su pueblo, los que obtendrán el perdón de sus hermanos: “no hay amor más grande que el que da la vida por sus hermanosEse mismo Siervo por su sacrificio verá la luz de Dios que le salvará”. Esta es la más maravillosa profecía sobre el Santo de los Santos, Jesús de Nazaret Hijo de Dios.

Hay aquí ya una respuesta clara al sentido de nuestro dolor, nuestra impotencia, nuestra miseria. ¿Realmente aceptamos sufrir por nuestros hermanos e incluso a causa de ellos? El “no te preocupes, Dios es bueno, ya pasará, ten paciencia”, no basta. Son palabras sin significado real; son solo palabras educadas para salir del apuro de ver al otro sufrir. Como cristianos nos corresponde la obligación de hacerles descubrir el sentido verdadero de su dolor y convertirlos así en corredentores con Jesús. Simplemente relean, en casa, la primera lectura y el salmo (32) recién leído para comprender cual ha de ser nuestra actitud, para nuestro provecho personal y luego de obtenida la paz y la serenidad ayudar a los demás que sufren sin saber para qué, ni porque, ni como.

La CORREDENCION, es la gran palabra que hemos de gravar en nuestro corazón hoy. Jesús glorificado junto al Padre comprende nuestras debilidades, Él que ha compartido nuestras pruebas. Esta realidad nos da plena seguridad y confianza para acercarnos a Dios.

Esos sufrimientos de Cristo no son solo un acontecimiento del pasado, que su resurrección y glorificación le habrían llevado a olvidarse del sufrimiento, de las lágrimas, de la oración suplicante como un mal recuerdo, esos sufrimientos le permiten comprender nuestras debilidades en las pruebas. Desde entonces ningún creyente se debería sentir solo o abandonados en su pena. Jesús está cerca de él y le ayuda con su misericordia y le invita a ofrecer su dolor para la salvación del mundo.

Ahondando más aún en el tema, el Evangelio nos vuelve a recordar las palabras de Jesús a Santiago y Juan, que solo buscan la gloria: “la copa que yo beberé la beberéis vosotros y el bautismo que voy a recibir lo recibiréis vosotros.” Es decir compartir el sufrimiento de Jesús y convertir el nuestro en corredentor, “pues el Hijo del Hombre no ha venido para ser servido sino para servir y dar su vida en rescate por la multitud.”

Dice Pagola: «El que quiera ser grande que se ponga a servir». ¿Qué eco pueden tener estas palabras de Jesús en la sociedad actual? Nadie quiere ser hoy grande ni héroe ni santo. Basta con «triunfar» asegurándonos una buena calidad de vida, éxito profesional y un bienestar afectivo suficiente. El ideal no es crecer y ser persona. Lo importante es sentirse bien, cuidar la salud, gestionar bien el stress y no complicarse la vida. Lo inteligente es vivir a gusto, ser un «tío majo» y tener siempre algo interesante que hacer o contar. Ser un «triunfador». Y, ¿los demás? ¿Quién piensa en los demás? Lo que haga cada uno es cosa suya. No vamos a meternos en la vida de los otros. Hay que ser tolerantes. Lo importante es no hacer daño a nadie. Respetar siempre a todos.

Sin embargo, como creyentes hemos de asimilar que el sacrificio que agrada a Dios, es el de un hombre dispuesto a dar su vida por aquellos que ama. Y tenemos que ver de que manera podemos llevarlo a la práctica con aquellos que nos rodean. Si yo he solucionado mi dolor y mi sufrimiento, dándoles un sentido, tengo la obligación desde la fe, de ayudar a los que todavía sufren sin saber porqué. Y de eso ya hemos hablado antes. De la Corredención, como hemos dicho.

Damos muchas gracias a Dios por esa fe, que nos ha sido regalada y que debemos hacerla operativa también, con su ayuda.

5 comentarios en “El Hijo del Hombre ha venido para dar su vida

  1. Beatriz dijo:

    Muchas gracias por esta reflexión impregnada del Evangelio y que refiere experiencias vivas que suceden realmente en la comunidad…en las personas..
    “La corredenciòn” … lo que nos distingue y nos hace grandes es el corazón , actuar desde la bondad, desde el corazón… a esa clase de personas se les recuerda siempre con inmenso agradecimiento.

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