Cristo Rey

Obra de Enrique Mirones, monje de Sobrado

Hoy es el último domingo del año litúrgico y la Iglesia lo celebra con la solemnidad de Jesucristo Rey del universo. Esta fiesta fue instituida por el Papa Pío XI el 11 de marzo de 1925 mediante la encíclica Quas primas. La Iglesia experimentaba entonces un tenso proceso de secularización y el Papa quiso reafirmar la soberanía de Cristo en instituciones, pueblos y naciones. El concilio Vaticano II imprimió un nuevo sentido a esta fiesta con textos elegidos  que acentúan la realeza de Jesús y el servicio de la Iglesia a la sociedad.

Pero la realeza a la que se refiere Jesús es una realeza de servicio absolutamente irrepetible. Siendo Dios supremo toma la condición de hombre, de un hombre no solo como nosotros, sino de un hombre pobre. Un Dios que quiere conocer la pobreza humana, conocer la persecución, conocer el rechazo, conocer la soledad y por último conocer los dolores físicos y psíquicos de su pasión y muerte, absolutamente voluntarias obedeciendo al designio del Padre de anunciar el Reino de un amor sin límites, de su misericordia y de su amor total por toda la humanidad sufriente. Jesús es el Rey Pastor, es el Rey Siervo, es el Rey que se pone el mandil para lavar los pies a sus discípulos. Es el Rey que cuelga de la Cruz, inocente y que se siente incluso abandonado del mismo Dios que le ha enviado a la tierra a salvar a sus hermanos. “Nadie me quita la vida, dirá Jesús, yo la doy por mí mismo. (Jn 12,32) Los sufrimientos y la muerte fueron expresión y medida del amor. Jesús mismo comentó: “Cuando yo sea elevado, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12, 32).

Jesús es el Rey de reyes en definitiva y nadie le puede arrebatar ni discutir ese título que además le otorga la palabra misma de Dios en las lecturas escuchadas.

Daniel dice: “Yo vi venir sobre las nubes del cielo como un hijo de hombre. A El le fue dado poder gloria y realeza. Todos los pueblos, todas las naciones y todas las lenguas le sirven. …Su realeza una realeza que no será destruida.”

San Juan a su vez, en la segunda lectura de hoy, del Apocalipsis, le llama “Soberano de los reyes de la tierra Este libro fue escrito para alimentar le fe y la vigilancia durante la persecución de Domiciano. Y el libro comienza con la presentación del Cristo vencedor, Él que fue afrentado por la persecución y la muerte, como lo fueron en su momento los cristianos. Pero este mismo Jesús que está al comienzo y al fin de la historia, no permanece inactivo sino que viene continuamente al encuentro de los que ama, para conducirlos a su gozo cerca de Dios, en realidad cerca de si mismo Señor y Dios.

Es importante para nosotros contemplar en nuestra meditación a ese Cristo en la Gloria, que reafirma nuestra esperanza en la victoria de su amor. Es mucho mas decisivo reflexionar sobre el amor que Dios nos tiene que el que nosotros le tenemos, que  solo nos lleva a nuestro pecado. Toda espiritualidad que tiene su base en nuestro pecado personal esta condenada a la desesperación, y se mueve en torno a nuestro yo falso que no puede soportar su mezquindad. Mientras que si nuestra meditación está basada en el amor que Dios nos tiene, ese amor nos hará descubrir nuestro pecado, dándonos además cuenta de que es pecado ya perdonado en la Cruz. Podemos además descubrir a ese Cristo Jesús que viene a nuestro encuentro a través de las diversas situaciones cotidianas. Y ahí es donde descubrimos su ternura y amor por nosotros. Nuestro centro no somos ya nosotros mismos con nuestro pecado sino Él con su misericordia y ternura que nos invitan a una conversión continua.

Y unas palabras sobre el Evangelio de Juan, también. Los judíos para obtener de Pilato la condena de Jesús le acusan de revolverse contra el Emperador atribuyéndose el titulo de Rey de los judíos. Pero Jesús siempre rechazó este título. Delante de Pilato se explica: Es Rey pero no a la manera de los reyes de la tierra. Se reconoce Rey pues, pero no parecido a los otros. En ese reino se reagrupan todos los  que están por la verdad. Y esa verdad es la revelación del amor de Dios por todos los hombres, sea cual sea su raza, su clase social o sus opciones políticas. La verdad por la que muere, que revela que todos los hombres son iguales debería inspirar la política de todos los reinos del  tierra y desde luego nuestros propios corazones personales.

Cito a Pagola: «Con frecuencia, frases como ésta en que Jesús afirma que “mi reino no es de este mundo” han servido para reforzar una visión del cristianismo como una religión que no debe inmiscuirse absolutamente en las cosas de este mundo. En el fondo se piensa que cuanto más entregado vive uno al reino de Cristo, menos se debe comprometer en asuntos políticos, económicos o sociales. De hecho, es una de las típicas citas que se aportan cuando se desea descalificar o cuestionar intervenciones eclesiales de incómodas repercusiones en el orden socio-político. Y sin embargo, ni la salvación es algo que sucede sólo en el otro mundo, ni ser cristiano es sólo buscar para sí mismo y para los demás un estado de felicidad con Dios más allá de la muerte. Jesús toma siempre muy en serio la realidad de este mundo. No es del mundo, pero ni huye del mundo ni invita a nadie a huir de él.»

Una iglesia, preocupada por «no ser del mundo» deberá estar atenta a tomar distancia de los poderes influyentes y a no caer en la falsa ilusión de fortalecer el reino de Cristo defendiendo posiciones con diplomacia, poder, dinero o armas. Deberá estar como Jesús, «Donde esté el hombre padeciendo dolor, injusticia, pobreza o violencia, allí debe estar la voz de la Iglesia con su vigilante caridad y con la acción de los cristianos». (Juan Pablo II)

Finalmente no olvidemos que los cristianos hemos recibido en nuestro bautismo entre otros dos títulos el de ser Reyes pero reyes en el sentido de Cristo.

4 comentarios en “Cristo Rey

  1. pedro garciarias dijo:

    Que El MAESTRO nos atraiga siempre, queremos con su gracia seguirle por donde El quiera. El texto enviado es muy bueno, gracias y me ha traído a la memoria el discurso del Papa Francisco a los carmelitas en la elección del Propósito General con un texto de Le Lubac, sobre un peligro del que nunca había oído: la mundanidad espiritual, el Papa lo recuerda y en su discurso del Angelus, sobre “mis palabras no pasarán”, vuelve sobre algo parecido y sobre los santos escondidos pero que existen! Abrazo fraterno, pedro

  2. Beatriz dijo:

    Muchas gracias por poner vuestros dones al servicio de todos , no solo de la iglesia , ¡ ojalá y les sirvan a muchos para encontrar a Jesucristo a través de vuestras reflexiones! Jesucristo … tan cercano.. fuente inagotable de belleza, amor, ternura, misericordia, sosiego…. todo es Él… Jesucristo, Rey de Reyes y Señor de Señores , tal y como lleva inscrito en su muslo y en su manto empapado de sangre ( Ap 19,16) ,
    “No quiero libertad que a Dios no me conduzca “ (Hermano Rafaél )
    Gracias Jesús por tu Amor infinito !!!!

  3. Beni dijo:

    Llena de alegría mi Corazon el sentir el reino haciendo su voluntad dentro, solo dejándome conducir ,sin esperar nada, por que de esa nada nace el amor para compartir, compartir el reino con este mundo, nuestros hermanos, hijos De Dios en el reino………

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