Volvamos a nuestros lugares más conocidos

Volvamos ya a la luz… Hemos de retornar al corazón. Ahí se nos muestra el camino de la salvación (San Bernardo).

El don del Adviento, Dios siempre viniendo a nuestra carne y a nuestra historia, fuente de esperanza y de vida siempre nueva, solo se puede captar desde el corazón.

Hemos de retornar al corazón para reavivar la esperanza. Se da cuerpo a la esperanza amando. Sí, la esperanza necesita de cuerpo para que no sea una quimera perdida en el futuro. Amar lo que hay, lo que tocamos cada día, lo que nos parece imposible amar, es lo que da cuerpo a la esperanza. «Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos (…) y que afiance así vuestros corazones»  (1 Tes 3, 12) – nos invita Pablo, porque la venida de Jesús ocurre en cada día, en cada momento, siempre que nos dejamos tocar o que tocamos por amor.

Hemos de retornar al corazón para que la vida se expanda. La vida que solo pretende conservarse ya está en declive. La vida, para ser vida, necesita crecer y expandirse. Este es el tiempo de la vigilancia: el tiempo para estar atento a nuevas posibilidades en la vida tan conocida de todos los días, el tiempo para escuchar una llamada donde nos hemos habituado a encontrar mutismo, un tiempo para sondear gérmenes de vida, formas todavía incipientes, seminales, pero potencialmente portadoras de fruto abundante. Bajo el guía del corazón, volvamos a nuestros lugares más conocidos, y que tantas veces hemos experimentado como insípidos, estériles o, incluso, agresores. Volvamos a los lugares del desamor. Sorprendentemente, la Vida nos espera donde tememos perderla, donde nos sentimos amenazados.

María, la madre de Jesús, en su corazón virgen, a la entera disposición del Espíritu, es el umbral del adviento de Dios en el corazón humano. La memoria bíblica de María comienza en una casa, donde le habla un ángel. María está en su casa, lugar del cotidiano, lugar por excelencia de la intimidad y de la hospitalidad. Más que estar en casa, ella misma es la casa, lugar donde «la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). «Porque el Señor ha elegido a Sión [a la hija de Sión], ha deseado vivir en ella: “Ésta es mi mansión por siempre, aquí viviré, porque la deseo”» (Sal 131,13-14). María entra en la historia mientras está escuchando a un ángel y así traza el primero movimiento para quien quiere saborear la Vida, que siempre es nueva: el arte de la escucha. Es un arte que solo el corazón conoce.

El secreto de la alegría no está tanto en lo que uno dice o hace, sino más bien en lo que uno escucha. El oído espiritual guarda una memoria. Conserva en sí la Palabra. Esto es lo que el Evangelio nos dice acerca de María. Lo que ella ha entendido y también lo que no ha comprendido de todo lo que escuchó acerca de Jesús lo conservaba en su corazón meditándolo continuamente (Cf. Lc 2,19). La escucha no es un momento aislado, nos acompaña como rumia, un obrar paciente e incesante en la asimilación del Verbo que se va encarnando en nuestra carne.   

Hoy día, en medio de tanto ruido, de tanta comunicación, la escucha es un ejercicio de resistencia. Una cosa es cierta, sin escucha nuestra vida se transforma rápidamente en una vida colonizada, invadida, que ya no nos pertenece. Estamos envueltos por un poderoso movimiento, anónimo, sin rostro, que capta nuestra atención permanentemente para el exterior. Estamos comunicados con el mundo entero, pero podemos vivir muy lejos de nuestro propio corazón.

Volver a escuchar es volver a ser niños. Retornar a esa actitud básica tan bella que es la admiración, la capacidad de asombro… Volver a escuchar es también volver a mirar, descubriendo en los rostros desfigurados por tantas luchas errantes la expresión pueril del niño que todos llevamos dentro, el niño que se siente tan a gusto con los advientos.

«Estad, pues, despiertos en todo tiempo; se acerca vuestra liberación». (Lc 21,36)

8 comentarios en “Volvamos a nuestros lugares más conocidos

  1. Beatriz dijo:

    “Mi dulcísima Señora, te suplico que hagas conmigo un felicísimo intercambio de corazones. Toma mi pésimo corazón y haz con él lo que quieras, en su lugar dame tu corazón virginal, santo, perfecto, lleno de gracia y virtud y eternamente bendito “ . (Lanspergio)
    Virgen María de Adviento, ruega por nosotros.
    Muchas gracias y el vídeo ¡ está genial!.

  2. pedro garciarias dijo:

    ¡¡¡ME HA HECHO MUCHO BIEN!!!, esta magnífica reflexión es un tesoro, mil gracias y GLORIA al Santo Espíritu que la ha inspirado, me he sentido invitado a ese silencio que permite escuchar sin perder ni una letra, que la Virgen nos lleve de Su mano para recibir a este Niño Bendito. Abrazo fraterno.

  3. Juanca dijo:

    Recibamos a Jesús en nuestro interior abramosle las puertas de nuestro corazón en este tiempo y pensemos reflexionemos en nosotros mismos la palabra de cristo amén acerca del comentario o homilía crezcamos cada día con María y para María para ella somos como niños seamos compasivos con nuestros hermanos

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