Las bodas de Dios

El Cantar de los Cantares | Marc Chagall | 1958

Todos conocemos la variada y pintoresca gama de figuras que de Jesús se han dado y se dan a lo largo de los siglos, desde el dulce niño hasta el guerrillero de la ultraderecha, pasando por el Nazareno, el cromo del Corazón de Jesús o el revolucionario de las izquierdas, etc. Todas estas figuras podemos situarlas en el «Mito de Pigmalión»: Creamos una imagen de Jesús, nos enamoramos de ella y la hacemos intocable, dogmática, que tanto mal hicieron y hacen a la comunidad cristiana. Lo único que hacemos con estas historias es renunciar a descubrir a la persona de Jesús que, a lo largo de la vida de un creyente, si lo deja entrar en su vida, va tomando forma en la medida en que su vida se vaya configurando con la suya. Renunciar a crear imágenes de Jesús de Nazaret supone acoger en nuestras vidas al que Dios nos da a conocer en los Evangelios.

Los milagros, prodigios y signos que hizo Jesús a lo largo de su vida pública, son gestos que apuntan a algo más profundo de lo que pueden ver nuestros ojos, de hecho es necesario leer y mirar con una mirada interior los acontecimientos que lo Evangelistas nos van desgranando  en la vida de Jesús de Nazaret. No nos basta con el conocimiento intelectual, es necesario que el hombre interior se abra a las obras y hechos de gracia, de novedad, de buena nueva y de liberación que llevan dentro de si los gestos y las acciones de Jesús.

Estamos en un nuevo tiempo, lo antiguo se nos anuncia como algo ya superado. De hecho, tanto en los Evangelios Sinópticos, como en Juan,  nos presentan a Jesús en el comienzo de su vida pública cuando Juan Bautista desaparece, porque un tiempo nuevo llega y se invita al pueblo a abrirse a una nueva realidad que será proclamada como la llegada de Reino de Dios. Hay que dejar lo viejo, lo caduco y convertirse al nuevo Camino, a la nueva  Verdad, a la nueva Vida, personificada en Jesús de Nazaret.

Estamos en tiempo de bodas. El relato de Las Bodas de Caná es muy importante porque el signo que Jesús realiza es mucho más que un milagro, es un signo que nos orienta hacia su persona. Él es el Novio, y la humanidad la Novia. En esta fiesta de bodas en la que Jesús, según Juan realiza su primer signo, es la fiesta humana por excelencia, es el comienzo de las bodas de Dios. La Esposa es tomada de la casa paterna en donde residía la antigua Ley, para ser desposada con quien hace nuevas todas las cosas. No es de extrañar que el símbolo más expresivo del amor, la mejor imagen de la tradición para evocar la comunión de Dios con la humanidad nos la ofrezca el Evangelista Juan como signo de los nuevos tiempos inaugurados por Jesús.

La boda es un día de fiesta, y si el relato lo tomamos como un mensaje que Jesús nos da en el signo de la transformación del agua en vino, nos viene a decir que la Buena Nueva del Reino, la salvación anunciada, tiene que ser vivida y ofrecida por sus seguidores como una fiesta que da plenitud a todas las fiestas humanas. Quedan atrás los tiempos de las austeridades del Bautista, quedan atrás las leyes que no dejaban ser felices a los hombres y mujeres. La religión escrita en tablas de piedra era una losa pesada en las espaldas del pueblo. La Nueva Ley va escrita en el corazón. Es el tiempo del amor que libera, de la danza que hace salir de nuestro interior el deseo de ser libres. Es una llamada a abrirse al anuncio de una nueva creación ya anunciada por Isaías: «Mirad: estoy haciendo algo nuevo; ya está brotando: ¿no lo notáis?»

«La Torá lo impregnaba todo en la vida del pueblo en los tiempos de Jesús. Era el signo de identidad de Israel… Jesús nunca despreció la Ley, pero un día enseñaría a vivirla de una manera nueva, escuchando hasta el fondo del corazón de un Dios padre que quiere reinar entre sus hijos e hijas procurando para todos una vida digna y dichosa» (J. A. Pagola). Por eso es importante comprender que los gestos de Jesús están siempre en función de que comprendamos que la vida humana está por encima de cualquiera ley; si no lo entendemos así, nunca podremos entender el significado profundo de sus comidas con pecadores y descreídos, de acoger a todo hombre y mujer impuros ante una Ley que tenía un corazón de piedra. Él es la nueva Ley escrita en el corazón con el fuego de su amor.

En el nuevo tiempo que inaugura Jesús, lo que le va a preocupar es centrar su trabajo y su mensaje en librar a las gentes de cuanto las deshumaniza y las hacen sufrir. Desde esta perspectiva tenemos que entender el relato de Lucas en la sinagoga de Nazaret: un nuevo tiempo testimoniado por el Espíritu para ser palabra anunciada como Buena Nueva de Liberación de los cautivos, Luz para los ciegos, Libertad para los oprimidos por los que hacen de la religión una cadena de esclavitud y no de libertad. Y todo sellado con el simbólico Año de Gracia del Señor.

Una boda es un nuevo tiempo. La vida es más de lo que se ve. Leer desde el corazón es comprender que ese vino nuevo es más que vino. Es una invitación a dejarse poseer por la fuerza del Espíritu, y, así, como el vino alegra el corazón y nos libera de nuestros miedos, nos desinhibimos y bailamos y cantamos, se nos invita a abrirnos al mundo sin miedo, a la vida, a las gentes, ser fermento de una nueva humanidad que en este momento se desangra e incluso mucha gente va perdiendo la esperanza de que un mundo mejor es posible. Tenemos que recuperar la persona de Jesús, dejar las viejas imágenes y los viejos mitos y devolverle a la gente a ese Hermano Mayor, lúdico, cercano, profético, que  no está en ningún cielo lejano, sino con nosotros: en  nuestras fiestas, en  nuestros duelos, en nuestros logros y en nuestros fracasos, en nuestras denuncias de las injusticias y luchas. Sigue muriendo con nosotros cada día y cada día resucita. Es la santa presencia, es la fuerza que nos mantiene firmes, es el que  nos regala el vino de la vida que la fiesta no decaiga. Es el Hijo del Hombre, el Enmanuel, el Dios con nosotros, el que arranca el pecado del mundo. No lo olvidemos nunca.

7 comentarios en “Las bodas de Dios

  1. Pedro Garciarias dijo:

    Me ha gustado mucho, exacta en su formulación. Vosotros, monjes de Dios sois el fermento y doy gracias por vosotros. Si la primera lectura de la Eucaristía de hoy hablaba del nombre nuevo con el que Dios nos identifica, el Hijo de Dios toma la imagen y el nombre de todos los que son “menos que ná”, como el texto vuestro indica: duelos y denuncias, logros y fracasos están inscritos en su Nombre. Jesús Vivo somos todos nosotros, dónde acaba uno y empieza el Otro, es un Misterio, quizás no haya separación.
    Mil gracias por el envío.

  2. Beatriz dijo:

    Bellísimas palabras!! Jesús es muy amigo de sus amigos, , pero en toda relación de amistad hay reciprocidad, Él también nos pide y espera de nosotros que tendamos nuestras manos a los demás , lo que ocurra después ya se verá… como dice el refrán “ que nadie se alabe hasta que acabe “. “ La amistad se alimenta del amor “ San Elredo de Rieval, Abad Cisterciense, cuya fiesta celebramos el día 12.
    Muchísimas gracias

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