Primera “andaina”

Como en años anteriores el Ayuntamiento de Sobrado organiza, a lo largo de este mes de Agosto, tres rutas de senderismo por estas tierras del Cister.

La primera “andaina” se celebró el pasado sábado, día 3.

Puntuales, a las diez de la mañana, se concentraban en la plaza del pueblo hasta cincuenta personas (y un perro) para iniciar la ruta hacia Carelle, siguiendo el Camino hacia Santiago de Compostela. Regresando a Sobrado por Pedra Lobeira. En total unos catorce kilómetros.

Buen día para caminar y buen ambiente de camaradería.

Tocaban las campanas del Monasterio señalando la una de la tarde, cuando el grupo se reunía, de regreso, otra vez en la plaza.

Aprovechamos para inmortalizar el momento con la tradicional foto de grupo. Sigue leyendo

Las riquezas del corazón

Creerse solo en el mundo es una actitud insensata. Existe una solidaridad entre los hombres y los pueblos sin la cual es imposible vivir con Dios. El Evangelio es inequívoco. Los verdaderos graneros se llenan con las riquezas del corazón.

Si hay un mal en el mundo que es origen de todos los desórdenes, sufrimientos y desastres, pienso que es el egoísmo. El centramiento en uno mismo. Creerse único en el mundo, como decía al principio. Egoísmo viene de ego, yo, pero no del yo verdadero de la persona sino de un yo falso, elaborado a lo largo de los años y que trata de evitar, ocultar o disimular e incluso intenta eliminar aspectos negativos que disgustan, y que por tanto no son admitidos, pero si perfectamente reconocido y condenados en los demás.

Hoy la Palabra que se nos ha proclamado, trata precisamente de eso: de todo aquello que las personas tratan de constituir en decisivo e importante y cuya posesión fortalece su falsa identidad. Y en todo ese proceso la persona es el centro de todo y de todos como si los demás no existiesen. Sigue leyendo

Ese lento acostumbrarse el Espíritu a morar en la carne

Publicamos hoy el décimo y último texto del retiro. Aquí tienes acceso a los textos anteriormente publicados.

Ese lento acostumbrarse el Espíritu a morar en la carne

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Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles (Bertolt Brecht)           

Estas palabras nos interrogan acerca de la comunión de amor a la que somos convocados. Nos invitan a reflexionar sobre nuestros amores, los que están probados, los que tienen solera, que no son los de un día, o los de un año, ni siquiera los de muchos años, sino los de toda la vida, porque es tarea de toda la vida el aprendizaje y el crecimiento en el amor. Y esto, no por obligación, sino porque creemos que en la medida en que aprendemos a amar, y a amar con un amor misericordioso, aprendemos también a vivir según el Espíritu y es eso, precisamente, lo único que nos hace felices. Sigue leyendo

Vivir como hijos del “Abba”

El Padrenuestro nos pone en contacto directo con la manera que Jesús tenía de entender a Dios. Jesús se comprende a sí mismo en total dependencia de Dios, del que todo lo recibe, y como total apertura a Dios: mi alimento es hacer la voluntad del Padre (Jn 4, 34). Abba, Papá, es la expresión que engloba lo que Dios es para Jesús y que va a manifestarse en su manera de ser y de estar en el mundo como el Hijo Amado del Padre.

Jesús tiene una actitud confiada ante la vida. Los evangelios nos lo describen sintiéndose seguro, protegido, amparado, sostenido por Alguien que le ama en lo más profundo de sí mismo. Si siente miedos en las amenazas, no los teme. Caerán a tu izquierda mil, diez mil a tu derecha, a ti no te alcanzarán (Sal. 90). Este sentirse y saberse amado en las mismísimas entrañas, le hace ver todo el acontecer de la vida con bondad y con benevolencia. Es la actitud de confianza que tiene el niño que se sabe amado por su madre. Es una actitud que, fundamentalmente, genera el amor materno. El Padre de Jesús también es Madre. Sigue leyendo

La grandeza de ser servidores

Lavatorio de los pies | Xaime Lamas, monje de Sobrado

Siempre que celebramos la fiesta de un apóstol, automáticamente nuestra mente nos lleva a los primeros momentos de la comunidad de Jesús de Nazaret, y, siempre, sin quererlo, pensamos en lo maravilloso que tuvo que ser formar parte del grupo de discípulos, idealizando hasta lo imposible aquella primera comunidad, como si en ella hubiera una comunión perfecta sin ningún tipo de aristas. A lo largo de la historia se trabajó para presentarnos esa comunidad ideal, tanto en la literatura como en el arte. Un pequeño ejemplo: A Caravaggio le encargaron pintar un San Mateo para una iglesia de Roma, cuando lo acabó y fue a entregarlo se lo rechazaron porque pintara un personaje sin gracia y vulgar y no con la belleza, nobleza y la espiritualidad de un apóstol y evangelista. No nos gusta que  nos pongan la verdad delante de los ojos y así nos convertimos en eternos pigmaliones que damos forma y figura a nuestros gustos e intereses, tanto la vida de los personajes históricos como de su doctrina.

La comunidad de Jesús de Nazaret no tenía nada de ideal, de hecho, no existe  ninguna comunidad ideal, y Dios nos libre de ellas. Una lectura de los Evangelios, de los Hechos y de las Cartas de Pablo, por muy superficial que sea, nos muestran comunidades de hombres y mujeres maravillosamente humanas, maravillosamente débiles y maravillosamente pobres y la mayoría de ellas, maravillosamente ignorantes. Era por eso que tenían un corazón bien dispuesto para recibir la enseñanza del Maestro. Pero cuidado, no les fue fácil, y en más de una ocasión Jesús se enojó con ellos y tuvo que reñirles porque eran duros de cerviz para comprender sus palabras y su modo de actuar. Sigue leyendo

La Tienda del encuentro

Parque del Monasterio

Dice el Padre José María Castillo que «La literatura teológica y de espiritualidad ha interpretado este episodio (de Marta y María) como el fundamento que justifica y explica dos formas de Vida Religiosa: “la vida activa” (Marta) y la “vida contemplativa (María). La primera propia de los religiosos y religiosas que trabajan apostólicamente; la segunda es la de los conventos de clausura, en los que monjes y monjas se dedican exclusivamente a la oración y a la contemplación en la soledad de sus monasterios. Y siempre se ha dicho que la vida contemplativa es más perfecta que la activa. Sin que falten los que aseguran que la mejor de todas es la que sabe unir ambas, la llamada “vida mixta”.
Todo esto es comprensible desde el punto de vista de monjes y teólogos que no tienen cosas más importantes en las que pensar y sobre las que discutir. Pero, ni esta cuestión sirve para nada ni semejante controversia tiene fundamento alguno en el Evangelio. Lo que este episodio nos relata tiene otro sentido muy distinto».

Lo más importante y lo más claro de este relato, es que, a juicio de Jesús, lo más importante en nuestra vida es la escucha de la Palabra de Dios. Estamos viviendo una época de auténtica vorágine de activismos y auténticos maremotos de noticias, y se nos está programando deliberadamente y de manera descarada para arrancarnos del centro, de nuestra vida interior, del lugar donde reside la capacidad de escuchar, discernir y de tener un sentido crítico de todo lo que nos llega a través de los medios. Si perdemos la interioridad, perdemos la capacidad de escuchar la Palabra de Dios, y si su palabra no resuena dentro de nosotros, tampoco escucharemos la voz de su pueblo, porque también en el pueblo hay Palabra de Dios. Sigue leyendo

La misericordia en la escuela de caridad

Publicamos hoy el noveno texto del retiro. Aquí tienes acceso a los textos anteriormente publicados.

La misericordia en la escuela de caridad

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La belleza viene del amor, el amor viene de la atención. La atención simple a lo simple, la atención humilde a los humildes, la atención viva a toda vida. Ante el amor no hay ningún adulto, no hay más que niños, más que esa inocencia que es abandono, despreocupación, mente perdida. La edad suma. La experiencia acumula. La razón construye. La inocencia no cuenta nada, no amontona nada, no edifica nada. La inocencia es siempre nueva, se va siempre a los comienzos del mundo, a los primeros pasos del amor. El hombre de razón es un hombre acumulado, amontonado, construido. El hombre inocente es lo contrario de un hombre cargado sobre sí mismo: es un hombre liberado de sí, renaciendo en el total nacimiento de todo. Os invito a ser como la tierra desnuda, olvidada de sí misma, acogiendo igualmente la lluvia que la golpea y el sol que la reseca. Y decir a los otros: buscáis la perfección en los desiertos de vuestro espíritu. Pero yo no os pido ser perfectos. Os pido ser amantes.
Esperáis del amor que os colme. Pero el amor no colma nada, ni el hueco que tenéis en la mente, ni ese abismo que tenéis en el corazón. El amor es vacío más que plenitud. El amor es la plenitud del vacío. Es, os lo recuerdo, una cosa incomprensible. Pero aquello que es imposible de comprender es muy simple de vivir (Christian Bobin)
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La comunidad: escuela de caridad

 

Publicamos hoy el octavo texto del retiro. Aquí tienes acceso a los textos anteriormente publicados.

La comunidad: escuela de caridad

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“Hoy quizá vivimos una época histórica de particular deterioro de las relaciones humanas, y de constantes desavenencias en todos los campos: crecen los racismos y los nacionalismos excluyentes, crecen las diferencias de clases, las culturas prefieren chocar en vez de encontrarse, fracasan las parejas y aumenta la violencia de género, los partidos políticos prefieren mirarse como totalidades y no como ‘partidos’; y el autismo cultural que respiramos nos induce a mirar a los demás como meros objetos o estímulos, pero no como sujetos de dignidad absoluta. Creyentes o no creyentes, todos deberíamos hacer un esfuerzo por engrasar las junturas de nuestra convivencia, si no queremos deslizarnos por una pendiente que podría terminar en una catástrofe sin precedentes, como si no bastara con todas las catástrofes que hemos ido provocando a lo largo de la historia… Todo eso hace plausible el intento de ser “contemplativos en la relación”, donde quizá se encuentran los mayores tesoros de una vida configurada por la fe y el seguimiento de Jesucristo…” (José Ignacio González Faus).

Una de las intuiciones geniales de los primeros cistercienses fue la de concebir la comunidad monástica como una iglesia doméstica, como una ‘escuela de caridad’. En ella aprendemos el arte de amar. Y esto puede hacerse extensible a cualquier otro carisma y forma de vida en comunidad. Somos relación, es decir, que estamos hechos para la relación con Dios, con los demás y con nosotros mismos, y es relacionándonos como aprendemos a amarnos. Sigue leyendo

San Benito

San Benito | Abadía de Subiaco

En este día de su fiesta, podríamos preguntarnos si San Benito tiene algo que decirle hoy a nuestro tiempo. Creo que mucho. Su Regla propone un arte de vivir, cuyas intuiciones me parecen de gran actualidad: el realismo de su espiritualidad enraizada en la tierra; su convicción de que merece la pena creer y vivir en común; la orientación hacia la experiencia de Dios; su sensibilidad por la creación y la conciencia ecológica; el planteamiento de una ética de la economía; la pregunta por la alegría de vivir; etc. Todas éstas y otras son aportaciones del estilo de vida que San Benito sigue proponiendo al hombre del s. XXI. Una de sus intuiciones, es su visión optimista de la vida.

Estamos inmersos en una cultura del lamento. Sólo se ven los problemas y las ofensas. Las heridas de la historia de la propia vida, se convierten en una lente con la cual se interpreta toda palabra como una ofensa. En un clima de tanto lamento es imposible solucionar ningún problema. No se abre ninguna perspectiva de futuro. No surge esperanza alguna. El motivo de esta depresiva quejumbrosidad como sentimiento básico de nuestro tiempo es, según el filósofo Pascal Bruckner, el infantilismo y la ‘victimización’. El hombre del futuro es un gigantesco bebé que envejece, que tiene colocadas enormes expectativas en la sociedad pero que no está dispuesto a asumir responsabilidad por sí mismo y por este mundo. Existe una creciente actitud de sentirse siempre como víctima. La culpa la tienen siempre los demás. Es imposible que yo mismo tenga la culpa de mi miseria. Me siento víctima de mi educación, víctima de las circunstancias políticas y sociales, víctima de mi jefe. Es prefiere permanecer en la posición del querellante y acusar a quienes le hacen a uno la vida tan difícil. Pero no se quiere tomar la vida en las propias manos. Sigue leyendo