El grito y el salto

Fotografía de Chris Yang | Unsplash

El evangelio de hoy nos habla de un hombre, Bartimeo, que, sentado junto al camino pidiendo limosna, grita: «¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!» (Mc 10,47) Es ciego, pero había escuchado que era Jesús el Nazareno quien pasaba por allí. Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!…

Me parece que una de las fragilidades de nuestro tiempo es el rechazo al dolor y, simbólicamente, al grito, situación que tiene como consecuencia la búsqueda y el consumo de toda especie de productos anestésicos, que también pueden llevar la etiqueta de espirituales. Quien no quiere confrontarse con el dolor pierde una dimensión fundamental de la existencia humana.

Bartimeo grita. El grito conecta con las entrañas, con la verdad profunda, más inmediata, no racionalizada. El grito es, a la vez, contacto directo con lo más íntimo de uno mismo y exposición de una honda insatisfacción. Sigue leyendo

El Hijo del Hombre ha venido para dar su vida

Crucificado (det.) | Miguel Pérez | En el comedor de la comunidad

El sufrimiento moral o físico forma parte de la condición humana. Existe también, a la sombra de la Cruz, la terrible prueba del rechazo y del abandono. El porqué de esta situación de la que nadie escapa, nos es desconocido y ha sido el gran tema de la filosofía, la teología y también, como no, de la Sagrada Escritura. Con la mera luz de la inteligencia resulta imposible comprender como un Dios bueno y misericordioso, puede permitir ese dolor sordo y sinsentido que nos propinamos unos a otros por nuestro egoísmo; cómo la violencia humana y de la naturaleza, las enfermedades, el hambre, la soledad, el desánimo puede arruinar a tantos que son hijos de Dios y que comparten con Él su naturaleza. Y que ése es el camino que llevará a la gloria subsiguiente. Este problema nunca ha sido solucionado ni se solucionará fuera de la virtud teologal de la FE, El porqué sigue siendo un misterio pero no así el para que.

La liturgia de Israel conocía el sacrificio de un animal, en reparación de un individuo o de un pueblo entero. Este sacrificio era llamado Sacrificio de Expiación. El Siervo de Dios del que habla Isaías toma el lugar de este animal del sacrificio y sustituye a los culpables para reparar sus faltas. Es su obediencia y el amor a su pueblo, los que obtendrán el perdón de sus hermanos: “no hay amor más grande que el que da la vida por sus hermanosEse mismo Siervo por su sacrificio verá la luz de Dios que le salvará”. Esta es la más maravillosa profecía sobre el Santo de los Santos, Jesús de Nazaret Hijo de Dios. Sigue leyendo

Dios lo puede todo

Escultura de Kiki Smith

El hombre que se acerca a Jesús, es tan piadoso que puede decir sinceramente que todo lo ha cumplido. Jesús se quedó mirándolo, lo amó y se ilusionó ante su actitud de búsqueda. Vio la oportunidad de que descubriera algo más allá de su intachable fidelidad, que no acababa de llenarle, y le sugiere lo que le falta: vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme. El hombre frunció el ceño y se marchó triste porque era muy rico. Su huida, lleva a Jesús a hacer un comentario tremendo: ¡qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas! De ahí, el espanto total de los discípulos: ¿entonces quien puede salvarse?… Es imposible para los hombres no para Dios. Dios lo puede todo.

La fe de Israel gira toda en torno a su Dios, que es su Roca. La roca es una imagen de solidez, de firmeza; me puedo apoyar en ella. El problema es dónde pongo mi seguridad, mi riqueza. Donde uno pone su seguridad -su tesoro-, ahí reside su valor supremo -su corazón-, ahí es donde está su dios, la roca en la que se apoya. Sigue leyendo

Los esposos, signo del Dios fiel

Dream of the Lovers | Marc Chagall | 1962

La homilía de este domingo la he tomado literalmente de una reflexión de Enzo Bianchi sobre el evangelio que se nos ha proclamado.

Jesús parte de Cafarnaún y se dirige a Judea; y allí, «como tenía por costumbre, se puso a enseñar a la gente». En este contexto se le acercan algunos fariseos «para ponerlo a prueba», y le plantean la cuestión de «si es lícito al marido separarse de su mujer». La intención de la pregunta no es, por tanto, conocer el parecer de Jesús, sino tentarlo, ponerlo en un aprieto, Jesús no se deja enredar en la polémica, si no que convierte su respuesta en un anuncio del matrimonio según la voluntad de Dios.

Como suele hacer en sus discusiones con los fariseos, Jesús replica con una pregunta que los remite a la Torá, la Ley dada por Dios a Israel por medio de Moisés: «¿Qué os mandó Moisés?». La rápida respuesta alude a un texto del Deuteronomio: «Moisés permitió escribir un certificado de repudio y expulsar a la mujer». En este momento, Jesús invita a sus interlocutores a dar un paso más, a no contentarse con na explicación literal de la ley, sino remitirse a la voluntad de Dios, el Legislador. Por eso afirma: «Moisés os dejó escrito ese precepto por la dureza de vuestro corazón». La cláusula del divorcio transmitida por Moisés a los hijos de Israel era solo un gesto de paciencia con «la dureza del corazón», la incredulidad y la resistencia del hombre a obedecer la voluntad de Dios. Sigue leyendo

Todo gueto es un egoísmo amplificado

Ilustración de Madalena Matoso

Todo gueto es un egoísmo amplificado. Si piensas que un solo ser humano no es de los nuestros estás fuera del mensaje del evangelio.

El texto de hoy es continuación inmediata del que leímos el domingo pasado. Es Juan el que, sin hacer mucho caso a lo que acaba de decir Jesús, salta con una cuestión al margen de lo que se viene tratando en el evangelio. Este texto tiene un significado aún más profundo si recordamos que, es este mismo capítulo (Mc 9,14-29), justo antes del episodio que hemos leído el domingo pasado, se cuenta que los discípulos no pudieron expulsar un demonio.

Una vez más, Jesús tiene que corregir su afán de superioridad. Siguen empeñados en ser ellos los que controlen el naciente movimiento en torno a Jesús. Con el pretexto de celo, buscan afianzar privilegios. Seguramente se trata de un problema, planteado ya en la primitiva comunidad donde se escribe el evangelio. El resto de lo que hemos leído no es un discurso, sino una colección de dichos que pueden remontarse a Jesús. Sigue leyendo

Una nueva inocencia

Escultura de Jon Helip

El que acoge a un niño en mi nombre me acoge a mí; si no volvéis a ser como niños no entrareis en el reino de los cielos. ¿Qué es volver a ser como niños? Lo que caracteriza a un niño es su inocencia. ¿Quiere decir eso que tenemos que recuperar la inocencia que teníamos cuando éramos niños? Sabemos que eso no puede ser, pero si ello fuese posible, supondría una regresión. Los Padres de la Iglesia dicen que Adán perdió la inocencia del paraíso y que el hombre nuevo tiene que adquirir una nueva inocencia. 

Tanto la inocencia de Adán y Eva en el Paraíso como la del niño cuando todavía no razonaba, les permitía tener una visión global de todo, donde el bien y mal no estaban separados y definidos. Esa inocencia se pierde al comer del árbol del conocimiento del bien y del mal; es el conocimiento que discrimina entre bien y mal, verdadero o falso, siempre de acuerdo a las normas culturales, sociales, históricas y las circunstancias de la vida. Sigue leyendo

Quien pierde con Cristo, gana

Cruz del Oratorio del Monasterio de Sobrado (det.) | Icono pintado por Xaime Lamas, monje de Sobrado

Somos hijos de nuestras contradicciones y el relato evangélico que se nos proclamó es la prueba de que a lo largo de la historia comprobamos que no es lo mismo creer en dogmas que vivir una fe que compromete la vida. Creer no es solo principalmente la adhesión a un credo religioso, sino aceptar una fe que compromete la vida al servicio de las personas. No basta una fe proclamada con palabras, tienen que ser la vida y las obras las que autentifican la fe. Para creer y confesar a Jesús, como Mesías e hijo de Dios, es necesario creer en el amor y la justicia, y vale más creer en estas cosas que pronunciar su nombre sin que haya un compromiso con su vida y su obra, porque fuera del amor y la justicia es imposible ser discípulo de Cristo y menos hacerlo creíble en el mundo.

La pregunta que Jesús les hizo a sus discípulos en Cesarea de Filipo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?», es la misma pregunta que nos pueden hacer a nosotros: «¿Quién es Jesús para vosotros?». Y cuando nos hacen esa pregunta, es el mismo Jesús quien nos la hace a través del que nos pregunta. Y, mirad, el Credo no es la respuesta esperada por la gente. Nuestra respuesta  tiene que ser dada desde una vivencia y experiencia personal con obras que autentifiquen nuestra fe. No vale decir que Él es el Mesías, el Hijo de Dios bendito, porque eso lo hizo Pedro desde una comprensión equivocada y egoísta  del mesianismo de Jesús y le valió una de las reprimendas más duras que hizo Jesús. Sigue leyendo

En el colmo del asombro

Fotografía de Filipe Condado

EN EL COLMO DEL ASOMBRO
Mc 7, 31-37

TODO LO HA HECHO BIEN

1.
Jesús ha subido de la región de Tiro hasta Sidón pasando por la ya cercana Sarepta, que le habrá evocado, sin duda, al profeta Elías y la viuda aquella, acongojada y buena, que atendiera tan bien al eximio profeta.

Se ha adentrado hacia el este para descender al lado oriental del lago de Genesaret. Hace, pues, una gira por zona pagana.

Baja con el buen sabor de boca que le ha dejado la actitud -insistente y eficaz- de la sirofenicia, cuya hija queda finalmente curada: sanación otorgada como hermoso broche de oro a la probada fe de la madre: Mujer, ¡grande es tu fe!

Camino de la Decápolis, tiene el gusto de ver que la fe no es prerrogativa exclusiva de los ¨hijos de casa¨ (la Casa de Israel), sino una fe llamativa e incluso superior en estos ¨atentos cachorrillos¨, con el ojo avizor a eventuales migajas que dejen caer los niños de casa. Sigue leyendo

Ataduras

Obra de Piet Mondrian | 1942

Había una vez un monasterio en el que se respetaba el silencio escrupulosamente. Pero cada día, justo a las seis de la tarde, cuando los monjes iniciaban el rezo de Vísperas, aparecía un gato por la puerta de la iglesia, maullando fuertemente.
Ante la insistencia e intensidad de los maullidos, el abad tomó una decisión: pidió a un hermano que, de seis a siete de la tarde, atara al gato en un pilar que había a la entrada del monasterio, lejos de la capilla donde ellos rezaban. Y así lo hacía el hermano cada tarde.
Pero pasó el tiempo. El abad falleció y vino a sustituirle un monje de otro convento lejano, que pronto advirtió lo que cada tarde se hacía con el gato.
Meses después falleció el gato. Inmediatamente, el nuevo abad llamó al hermano y le dijo: “Compre cuanto antes otro gato para atarlo cada tarde de seis a siete en la columna de la entrada”. Sigue leyendo

El clavo que se convierte en llave

Clavos | Iglesia de Herz Jesu (Sagrado Corazón de Jesús), en Múnich | Alexander Beleschenko | 2000

Hoy hemos escuchado la parte final del capítulo sexto del evangelio de Juan, una larga catequesis sobre el Pan de vida. Al inicio del capítulo, Jesús se encuentra con una multitud de hambrientos, de los cuales solo los hombres eran unos cinco mil. Lo seguía mucha gente. Ante la multiplicación de los panes y de los peces, dicen: este hombre tiene que ser el profeta que debía venir al mundo. Pretendían proclamarlo rey… pero se retiró de nuevo al monte, él solo. Jesús no se deja capturar por la expectativa de la multitud.

A lo largo del capítulo esta multitud va despareciendo escandalizada con las palabras de Jesús. El entusiasmo y la idealización van dando lugar a la desilusión. Decían: Este es Jesús, el hijo de José. Conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo se atreve a decir que ha bajado del cielo? (…) ¿Cómo puede este darnos a comer su carne? (…) Esta doctrina es inadmisible. ¿Quién puede aceptarla? (…) Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. En la última parte del capítulo Jesús se encuentra frente a los doce –sí, quedaron solo los doce– y les pregunta: ¿También vosotros queréis marcharos? Sigue leyendo