Un trio divino

Sobrado, Monfero, Caaveiro y sus tres bellos y singulares monasterios trazan una deliciosa ruta que incluye las Fragas del Eume.

Les sucede a menudo a las provincias con mar: el fulgor de las olas y playas eclipsa sus encantos de tierra adentro. Los atractivos de la Costa da Morte o las Rías Altas resultan muy evidentes, y no digamos ya los de los acantilados de Santo André de Teixido. Pocos son los viajeros por tierras coruñesas que reparan en una ruta interior de monasterios de una belleza tan singular que casi produce pudor desentrañarla. Como si los designios divinos le hubieran reservado un velo de misterio a Sobrado, Monfero y Caaveiro, nuestros destinos de la jornada. Da tiempo en un mismo día a visitar los tres, aunque todo dependerá de la capacidad de ensimismamiento del viajero. Porque a veces sus paredes centenarias invitan a enmudecer y prolongar la estancia.

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Tiempo de bodas

Bouquet with Flying Lovers | Marc Chagall |1947

Los milagros, prodigios y signos que hizo Jesús a lo largo de su vida pública, son gestos que apuntan a algo más profundo de lo que podemos comprender. De hecho, es necesario leer y mirar con una mirada interior los acontecimientos que los Evangelistas nos van desgranando en la vida de Jesús de Nazaret. No basta el conocimiento intelectual, es necesario que el hombre interior se abra a las obras y hechos de novedad, de buena noticia y de liberación que llevan dentro de sí los gestos y las acciones de Jesús.

Estamos en un nuevo tiempo, lo antiguo se  nos anuncia como algo ya superado. De hecho, tanto los Evangelios Sinópticos, como Juan, nos presentan a Jesús en el comienzo de su vida pública cuando Juan Bautista desaparece, porque un tiempo nuevo llega y se invita al pueblo a abrirse a una nueva realidad que será proclamada como la llegada del Reino de Dios. Hay que dejar lo viejo, lo caduco y convertirse a un nuevo CAMINO, a una nueva VERDAD, a una nueva VIDA, personificada en Jesús de Nazaret.

Estamos en tiempo de bodas. El relato de las Bodas de Caná es muy importante, porque el signo que Jesús realiza es mucho más que un milagro, es un signo que  nos orienta hacia su persona. Él es el Novio, y la humanidad la Novia. En esta fiesta de bodas en la que Jesús, según Juan, realiza su primer signo, es la fiesta humana por excelencia, es el comienzo de las bodas de Dios. La Esposa es tomada de la casa paterna donde residía la antigua Ley, para ser desposada con el que hace nuevas todas las cosas. No es de extrañar que el símbolo más expresivo del amor, la mejor imagen de la tradición para evocar la comunión definitiva de Dios con el ser humano nos la ofrezca el Evangelista como signo de los nuevos tiempos inaugurados por Jesús. Sigue leyendo

Se abrió el cielo

Bautismo de Cristo (det.) | El Greco

Del Sermón en la Santa Teofanía, atribuido a San Hipólito de Roma (s. II-III):

Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo, que decía: «Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. ¿No ves cuántos y cuán grandes bienes hubiéramos perdido si el Señor hubiese cedido a la disuasión de Juan y no hubiera recibido el bautismo? Hasta el momento los cielos estaban cerrados e inaccesibles las empíreas regiones. Habíamos descendido a las regiones inferiores y éramos incapaces de remontarnos nuevamente a las regiones superiores. ¿Pero es que sólo se bautizó el Señor? Renovó también el hombre viejo y volvió a hacerle entrega del cetro de la adopción. Pues al punto se le abrió el cielo. Se ha efectuado la reconciliación de lo visible con lo invisible; las jerarquías celestes se llenaron de alegría; sanaron en la tierra las enfermedades; lo que estaba escondido se hizo patente; los que militaban en las filas de los enemigos, se hicieron amigos.

Has oído decir al evangelista: Se le abrió el cielo. A causa de estas tres maravillas: porque habiendo sido bautizado Cristo, el Esposo, era indispensable que se le abrieran las espléndidas puertas del tálamo celeste; asimismo era necesario que se alzaran los celestes dinteles al descender el Espíritu Santo en forma de paloma y dejarse oír por doquier la voz del Padre. Se abrió el cielo, y vino una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto». Sigue leyendo

¡Oh noche que guiaste!

La Noche Estrellada (det.) | Vincent van Gogh | 1889

Celebramos hoy la Epifanía –la manifestación– de Jesús como Luz y Salvador para todos los pueblos y naciones. Los magos venidos de Oriente simbolizan la diversidad de culturas y creencias más allá de las fronteras de Israel. «Todos los pueblos comparten la misma herencia, son miembros de un mismo cuerpo y participan de la misma promesa hecha por Cristo Jesús a través del evangelio.» (Ef 3,6) Si en general tuviéramos una visión más profunda sobre el sentido de esta fiesta tan querida para la cultura española, lo que hoy celebramos podría ser una señal profética muy importante para nuestra vida en sociedad. La universalidad de la salvación está inscrita en el DNA del cristianismo. Es muy significativo que el Mesías nazca fuera de la ciudad santa de Jerusalén y que los primeros en recibir la noticia de su nacimiento sean unos pastores que pasan la noche al raso con sus rebaños. En Belén –literalmente «casa del pan»– nace aquel que trae consigo el deseo de pan para todos. Y el pan también es el sentido de la vida.

El evangelio que hoy escuchamos también puede ser leído como un hermoso cuento sobre la búsqueda espiritual que habita cada ser humano, tantas veces de una forma velada y no nombrada. Creyentes o no creyentes, todo ser humano es habitado por un desasosiego ante el Absoluto, ya sea como una cuestión sumergida o como una búsqueda apasionada. Todos somos náufragos en el infinito del Cielo, buscando una estrella que nos guíe. Sigue leyendo

Santa María, Madre de Dios

De Chantal de Dinechin

Cuando todo guardaba un profundo silencio, al llegar la noche al centro de su carrera, tu omnipotente Palabra, Señor, bajó de su solio real… al seno de la Virgen María. Los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María a José, y al niño acostado en un pesebre… (Lc 2,16). Y María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón… (Lc 2,19).

Hoy en María, la esterilidad ha ensanchado su significado, se ha vuelto poesía y cántico; es el encuentro de Dios con la humanidad pobre, el poder divino escogiendo “lo débil, lo despreciable, lo que no es, para confundir a lo que es” (1 Cor 1,27). Estamos ante el mismo poder creador del Dios que había intervenido en  el origen de la tierra “informe y vacía” para hacerla grávida de  semillas, y  en la génesis de Israel concediendo vida a los vientres vacíos que la naturaleza había condenado a ser infecundos. Ahora, en la maternidad virginal de María, Dios vuelve a revelarse como vencedor de cualquier incapacidad, imposibilidad o límite, porque cuando éstos son reconocidos, aceptados y celebrados, se convierten en la ventana por donde entra la fuerza creadora del Espíritu. Sigue leyendo

Navidad

Nicolas Poussin | s. XVII

Queridos todos: ¡FELIZ NAVIDAD!

La vida te desilusiona para que dejes de vivir de ilusiones y veas la realidad.
La vida te destruye todo lo superfluo, hasta que quede sólo lo importante.
La vida no te deja en paz, para que dejes de pelearte, y aceptes todo lo que Es.
La vida te retira lo que tienes, hasta que dejas de quejarte y agradeces.
La vida te envía personas conflictivas para que sanes y dejes de reflejar afuera lo que tienes adentro.
La vida deja que te caigas una y otra vez, hasta que te decides a aprender la lección.
La vida te saca del camino y te presenta encrucijadas, hasta que dejas de querer controlar y fluyes como rio.
La vida te pone enemigos en el camino, hasta que dejas de “reaccionar”.
La vida te asusta y sobresalta todas las veces que sean necesarias, hasta que pierdes el miedo y recobras tu fe. Sigue leyendo

Recibir amor en vulnerabilidad

Escultura de Kiki Smith

Durante el Adviento hemos sido conducidos al desierto de la mano de Juan el Bautista. La práctica ascética a la que se nos ha invitado, no consiste en hacer pruebas de fortaleza sino en conocer los propios límites para fiarse del que es Infinito. Por decirlo de alguna manera, es como si a veces no le quedara a Dios otro remedio que llevar al hombre al conocimiento de su debilidad. Dice Isaac de Nínive que cuando a Dios ya no le queda otro remedio se permite llevar al hombre al conocimiento profundo de su debilidad y flaqueza. Es el último remedio, y a veces se sirve Dios de él porque su fuerza se manifiesta mejor en la debilidad.

Cuando compruebo con insistencia que lo que quiero no lo hago y hago lo que aborrezco (Rom. 7, 26), se desvanecen todas las vanas ilusiones que me había formado sobre mí y sobre mi camino espiritual. Compruebo que toda mi ascética no ha servido de nada para evitar el protagonismo de mi hombre viejo y llego a la conclusión de que no puedo darme a mí mismo garantías de no seguir repitiendo los viejos patrones. Seguiré cayendo si Dios no me sostiene. Puedo ensayar todos los métodos posibles, pero sin la ayuda de Dios seguiré siendo y sintiéndome siempre presa de la fatalidad de mi destino.  Si soy capaz de llegar a esta sincera conclusión, ya no me queda otro remedio que el de entregarme a Dios. Esta rendición hace caer por tierra todos los muros de separación que yo había levantado entre mí y Dios. Me quedaré con las manos vacías pero es mejor así porque me ayudará a capitular ante Dios. La culpa será entonces una “feliz culpa” que me convencerá de mi propia nada. No puedo darme garantías fiables. La fragilidad me remite con fuerza a Dios, único capaz de cambiarme. Sigue leyendo

Solo hay un Mesías Salvador

Vidriera | Christoph Stoos | Capilla de la residencia de ancianos Steinhof (Lucerna)

“La humildad es la verdad”, decía Santa teresa.

Juan Bautista nos da una lección de humildad y de dignidad personal que es muy necesaria para saber situarnos ante todos los pseudo-mesías que surgen en todas las épocas de la historia de la humanidad. Para ser testigos de la luz es necesario tomar conciencia de que somos lámparas alimentadas por el aceite de la bondad y de la misericordia de Dios y el fuego de su Espíritu. Los que son testigos de la luz no son personas de muchas palabras, pero son voces que en el silencio contagian la presencia del Santo. No enseñan doctrinas religiosas, pero interrogan con su vida y despiertan a la fe. No son jueces que culpabilizan, no condenan arbitrariamente, invitan a abrir caminos de paz y justicia. Contagian confianza en Dios y aseguran que de cualquier pedregal pueden surgir hijos de Abrahán. Su vida no es poner piedras en el camino, leyes duras, formas de vida que limitan la libertad de las personas, simplemente, como el Bautista, llaman al encuentro con uno mismo a través de una interiorización que los lleve a descubrir que son portadores de una gracia de la que no tienen conciencia por una mala experiencia vivida en una religión que no los ayuda a ser felices. Ellos, como Juan Bautista son en nuestro mundo tan manchado y cruel, “La voz que clama en el desierto, ‘enderezar el camino del Señor’ (como escribiera el profeta Isaías). Sigue leyendo

Tibhirine – Hermano Paul

Paul Favre-Miville, que más tarde será el hermano Paul, nació el 17 de abril de 1939 en Vinzier (Haute-Savoie). Hasta 1984 ejerce el oficio de fontanero. Después entra en la Abadía de Tamié en la región de Savoie donde comienza su noviciado. En 1989 decide trasladarse a la comunidad del Atlas en Tibhirine. Se congratulará por encontrar allí una pequeña comunidad viviendo la solidaridad entre creyentes de otra religión y que comparte las mismas preocupaciones de la vida cotidiana. Pondrá sus habilidades al servicio del monasterio instalando un sistema de regadío para garantizar las plantaciones. El 20 de agosto de 1991, pronuncia sus votos definitivos confirmando su deseo de hacer más profunda su fe en ese país.

 “Desde el principio de mi llegada a Tibhirine me regocijé por ver esta pequeña comunidad vivir calurosamente en medio de otros creyentes, siendo solidarios con ellos y reconociendo en ellos a los hijos del mismo padre”.

Paul es el tercer hijo de una familia de cuatro. Hasta su entrada en 1984 en la abadía de Tamié (Saboya) vive en el pequeño pueblo de Bonnevaux, en el valle de Abondance, lugar de residencia de sus padres. En este pueblo de media montaña la gente practica la agricultura, la artesanía o el pequeño comercio.

Su padre ejerce como herrador y herrero. Su madre lleva el negocio familiar abierto a principios de siglo: bistró, estanco, restaurante para trabajadores en ciertos momentos. Era un lugar de encuentros, de intercambios, de convivencia. Sus padres le transmitieron rigor, sentido de responsabilidad, espíritu crítico y también la alegría de vivir y la dulzura. Sigue leyendo