Abrirle caminos en nuestra propia vida

El camino a Tarascon (det.) | Vincent Van Gogh | 1888

Hay personas que más que creer en Dios creen en aquellos que hablan de él. Solo conocen a Dios «de oídas». Les falta experiencia personal. Asisten tal vez a celebraciones religiosas, pero nunca abren su corazón a Dios. Jamás se detienen a percibir su presencia en el interior de su ser.

Es un fenómeno frecuente: vivimos girando en torno a nosotros mismos, pero fuera de nosotros; trabajamos y disfrutamos, amamos y sufrimos, vivimos y envejecemos, pero nuestra vida transcurre sin misterio y sin horizonte último.

Incluso los que nos decimos creyentes no sabemos muchas veces «estar ante Dios». Se nos hace difícil reconocernos como seres frágiles, pero amados infinitamente por él. No sabemos admirar su grandeza insondable ni gustar su presencia cercana. No sabemos invocar ni alabar. Sigue leyendo

Volvamos a nuestros lugares más conocidos

Volvamos ya a la luz… Hemos de retornar al corazón. Ahí se nos muestra el camino de la salvación (San Bernardo).

El don del Adviento, Dios siempre viniendo a nuestra carne y a nuestra historia, fuente de esperanza y de vida siempre nueva, solo se puede captar desde el corazón.

Hemos de retornar al corazón para reavivar la esperanza. Se da cuerpo a la esperanza amando. Sí, la esperanza necesita de cuerpo para que no sea una quimera perdida en el futuro. Amar lo que hay, lo que tocamos cada día, lo que nos parece imposible amar, es lo que da cuerpo a la esperanza. «Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos (…) y que afiance así vuestros corazones»  (1 Tes 3, 12) – nos invita Pablo, porque la venida de Jesús ocurre en cada día, en cada momento, siempre que nos dejamos tocar o que tocamos por amor. Sigue leyendo

Cristo Rey

Obra de Enrique Mirones, monje de Sobrado

Hoy es el último domingo del año litúrgico y la Iglesia lo celebra con la solemnidad de Jesucristo Rey del universo. Esta fiesta fue instituida por el Papa Pío XI el 11 de marzo de 1925 mediante la encíclica Quas primas. La Iglesia experimentaba entonces un tenso proceso de secularización y el Papa quiso reafirmar la soberanía de Cristo en instituciones, pueblos y naciones. El concilio Vaticano II imprimió un nuevo sentido a esta fiesta con textos elegidos  que acentúan la realeza de Jesús y el servicio de la Iglesia a la sociedad.

Pero la realeza a la que se refiere Jesús es una realeza de servicio absolutamente irrepetible. Siendo Dios supremo toma la condición de hombre, de un hombre no solo como nosotros, sino de un hombre pobre. Un Dios que quiere conocer la pobreza humana, conocer la persecución, conocer el rechazo, conocer la soledad y por último conocer los dolores físicos y psíquicos de su pasión y muerte, absolutamente voluntarias obedeciendo al designio del Padre de anunciar el Reino de un amor sin límites, de su misericordia y de su amor total por toda la humanidad sufriente. Jesús es el Rey Pastor, es el Rey Siervo, es el Rey que se pone el mandil para lavar los pies a sus discípulos. Es el Rey que cuelga de la Cruz, inocente y que se siente incluso abandonado del mismo Dios que le ha enviado a la tierra a salvar a sus hermanos. “Nadie me quita la vida, dirá Jesús, yo la doy por mí mismo. (Jn 12,32) Los sufrimientos y la muerte fueron expresión y medida del amor. Jesús mismo comentó: “Cuando yo sea elevado, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12, 32). Sigue leyendo

Mis palabras no pasarán

Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, el pueblo de Dios está volcado sobre el porvenir. Esta actitud le distingue de los pueblos circundantes, cerrados en el continuo devenir de los ciclos naturales. Israel se encuentra siempre en tensión hacia la salvación que ha de venir. Desde Abrahán, a quien Dios le dice: sal de tu tierra, pasando por el éxodo hacia la tierra prometida, Israel vivió siempre con la esperanza de algo mejor que Dios le iba a dar. Es curioso que, cuando se cumplía la promesa, surgía otra expectativa y otra promesa.

La referencia que los evangelios hacen a los últimos tiempos, es lo que llamamos escatología. Escatología significa ‘lo último’. Su origen es la palabra de Dios, y su objetivo, descubrir lo que va a suceder al final de los tiempos, pero no por curiosidad, sino por un intento de acrecentar la confianza. En tiempo de Jesús se creía que la intervención definitiva de Dios iba a ser inminente. En este ambiente se desarrolla la predica­ción de Juan Bautista y de Jesús. También en la primera comunidad cristiana se vivió esta espera de la llegada inmediata de la parusía. Solamente en los últimos escritos del NT, es ya patente un cambio de actitud. Al no llegar el fin, se empieza a vivir la tensión entre la espera del fin y la necesidad de ocuparse de la vida presente. Se sigue esperando el fin, pero la comunidad se prepara para la permanen­cia. Sigue leyendo

Dedicación del Oratorio

Dedicación del altar | 13 de noviembre de 1987

Hace 34 años que bendijimos este oratorio y consagramos este altar, para que fuese el lugar de reunión en el que se va construyendo, día tras día, nuestra comunidad, convocada por el Señor Jesús. Un día tan señalado como éste, en que celebramos también la fiesta de Todos los Santos que siguieron la RB, se presta a la reflexión meditativa sobre la espiritualidad que año tras año vamos gestando en esta escuela del servicio divino que es nuestra Iglesia Monástica de Sobrado.

Me parece vital que centremos nuestra atención en la Gracia de Dios. La espiritualidad necesita con urgencia recuperar el contacto directo con las fuentes de su sabiduría y contemplar la creación bendecida por su Creador, llena de gracia y de bendición original. Sigue leyendo

La mirada que descubre lo auténtico de las personas

 

Cruz de la Parroquia de Espinho, Portugal (det.) | Xaime Lamas, monje de Sobrado

Creo que tenemos una urgente necesidad en la Iglesia de volver a sumergirnos en las aguas purificadoras del Evangelio. El heresiarca Marción ya decía en su tiempo: «Qué milagro, qué arrebatador, potente y asombroso que nada se pueda afirmar ni pensar superior al Evangelio, ni comparar con él».

Necesitamos dejar de hacer lecturas morales del Evangelio y de la Escritura en general y acogerlo como nos fue ofrecido, como Palabra llena de gracia y de verdad. «Palabra que es viva y eficaz, más cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta la división entre el alma y el espíritu, articulaciones y médulas; y discierne sentimientos y pensamientos del corazón. No hay criatura invisible para ella: Todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel a quien hemos de dar cuenta» (Hb 4, 12-13). Sigue leyendo

Fiesta del Prior

Es éste un día de acción de gracias por el don de reunión y de comunión que hemos recibido. Somos testigos de que Dios puede manifestarse con libertad soberana e impactar con fuerza misteriosa en cualquier corazón humano que se siente enfermo y pecador.

Ni el sano siente lo que siente el enfermo, ni el harto lo que siente el hambriento. El enfermo y el hambriento son los que mejor se compadecen de los enfermos y de los hambrientos. La verdad pura únicamente la comprende el corazón puro; y nadie siente tan al vivo la miseria del hermano como el corazón que asume la propia miseria. Para que tengas un corazón misericordioso por la miseria ajena, necesitas conocer primero tu propia miseria, para que leas el alma del prójimo en la tuya (Bernardo de Claraval) Sigue leyendo

Puertas para entrar en el Reino de Dios

En la Fiesta de Todos los Santos, la lectura del evangelio recoge las bienaventuranzas. Es una forma de indicarnos el camino que llevó a tantos hombres y mujeres a lo largo de la historia a la santidad. Resulta imposible comentar cada una de ellas en poco espacio. Me limito a indicar algunos detalles fundamentales para entenderlas.

Las bienaventuranzas no son una carrera de obstáculos

Muchos cristianos conciben las bienaventuranzas como una carrera de obstáculos, hasta que conseguimos llegar a la meta del Reino de Dios.

Y la carrera se hace difícil, tropezamos continuamente, nos sentimos tentados a abandonar cuando vemos tantas vallas derribadas. «No soy pobre material ni espiritualmente; no soy sufrido, soy violento; no soy misericordioso; no trabajo por la paz… No hace falta que un juez me descalifique, me descalifico yo mismo.» Las bienaventuranzas se convierten en lo que no son: un código de conducta. Sigue leyendo

Lo Real es Amor

Fotografía de Irina Gutyryak | Unsplash

La pregunta que el escriba –teólogo oficial del judaísmo- le dirige a Jesús (Mc 12,28b-34) tenía mucha importancia por dos motivos: porque los propios teólogos habían llegado a formular nada menos que 625 normas –que hacían derivar de la Torah, y que buscaban regular hasta los detalles más nimios de la vida cotidiana-, y porque las respuestas que se daban a aquella cuestión no siempre eran unánimes.

Se comprende que, en tal jungla normativa, la gente se preguntara por el mandamiento “más importante”, deseando simplificar lo que se había convertido en un verdadero agobio.

Y se comprende también el interés de la pregunta si tenemos en cuenta que existían diferentes respuestas. Para algunos rabinos, el mandamiento más importante era, por ejemplo, el cumplimiento del sábado. Sigue leyendo