¡Ven Espíritu Santo, ven!

Si la vida espiritual del cristiano es “vida según el Espíritu”, entonces el Espíritu es su animador, inspirador y protagonista. Pero desde un punto de vista humano sigue siendo inasible. Según Enzo Bianchi el Espíritu, que “sopla donde quiere” y del que nadie sabe “de donde viene y adónde va” (Jn 3,8), es el “desconocido” de la confesión de fe de los cristianos. Padre e Hijo son comprensibles según la experiencia humana de paternidad y filiación. El Espíritu se haya envuelto en el misterio profundo; es el secreto de Dios. Descrito en la Biblia  como soplo, viento, como fuego, como agua, como paloma… Hablar de él es tarea imposible. No es objeto de culto ni revindica nunca para sí adoración o plegaria: su deseo está enteramente orientado al Hijo, a quien llena de la gloria divina. Los creyentes experimentan su presencia en el “amor de Dios derramado en nuestros corazones, por el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rom 5,5). Amando, los cristianos hacen la experiencia fundamental del Espíritu Santo y aprenden a conocerlo a través del amor mismo. Sigue leyendo

Subir bajando

La escala de Jacob | Jelena Dorosev y Branislav Mihajlovic

San Bernardo, en uno de sus sermones de la Ascensión – la fiesta que hoy celebramos –, exhorta: hermanos, perseverad en la disciplina que abrazasteis y subid por la pequeñez a la grandeza: es el único camino. Quien elige otro desciende, no asciende, porque únicamente la humildad encumbra y sólo ella nos lleva a la vida. Cristo (…) vio que la humildad es el medio de elevarse, y vino a encarnarse, padecer y morir, para que nosotros no cayéramos en la muerte; por eso Dios lo glorificó, lo resucitó, lo ensalzó y lo sentó a su derecha. Anda, haz tú lo mismo. Si quieres ascender, desciende… Resuena en estas palabras de Bernardo el capítulo VII, sobre la humildad, de la Regla de S. Benito, alusión a la escala que se le apareció en sueños a Jacob, la escala que se sube por la humildad, que se sube bajando: cuando el corazón se abaja, el Señor lo levanta hasta el cielo, dice Benito.

Tenemos miedo de descender a nuestra propia realidad porque tememos que se active el dolor asociado a muchas de nuestras memorias. Aprendemos, falsamente, a elevarnos sobre nuestra realidad, ocultando y mascarando, construyendo un personaje que nos transmite “buenas” sensaciones de éxito, de victoria, de autoafirmación. Pero el dolor, aunque camuflado, persiste y nuestro corazón no encuentra paz, no conoce la reconciliación. Se introduce una división progresiva en nuestra vida: cuanto más fuerte es el dolor, más reforzamos el personaje. Intentamos alejarnos de nuestra realidad, pero ella nos persigue. Vivimos en fuga, huyendo de la propia vida, incapaces de encontrar un lugar de reposo. Sigue leyendo

El que me ama guardará mi palabra

Tres puntos en el evangelio de hoy (Juan 14,23-29): El amor de Dios, el Espíritu Santo que nos recuerda las palabras de Jesús y la paz que Jesús nos da.

Primer punto: Nuestro amor a Dios y a los hermanos es respuesta al amor que Dios nos tiene. Y el amor que Dios nos tiene es Jesucristo ¿Cómo ha de ser nuestro amor a Dios? Este es un problema que muchos cristianos se plantean. ¿Es el amor a Dios diferente del amor a una persona? ¿Cuál es más importante si son diferentes? El A.T. nos dice que hay un mandamiento principal que es el amor a Dios y otro semejante al primero, el amor a los hermanos. En el N.T. Cristo nos da un  mandamiento nuevo, “Que os améis unos a otros como yo os he amado”. Juan en sus cartas nos dirá que “todo el que ama ha nacido de Dios y Dios es amor” y añade, “Que quien guarda sus mandamientos, permanece en Dios y Dios en él”. Y también: “En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: Si amamos a  Dios y cumplimos sus mandamientos”. Hay un solo Amor y este es el de Dios, pues Dios es amor. Y ese amor evidente a nosotros es su Palabra, su Hijo hecho hombre, Jesús, que se entrega por la humanidad, le abre el camino del cielo perdonándole sus pecados. Y ese mismo amor es aquel con el que debemos amar a nuestros hermanos. Otro amor que no venga de Dios, es egoísmo. Sigue leyendo

Hno. Domingo – Exequias

Cédula de Profesión monástica del Hno. Domingo (det.)

Estamos celebrando la Pascua de nuestro hno. Domingo. Una vez más, nos confrontamos con el misterio insondable de la muerte y de la vida. Los ornamentos, los aleluyas, el Gloria son elementos que quieren simbolizar el carácter pascual con el que queremos realzar nuestra celebración, y sobre todo el significado de esperanza que desde la fe tiene la muerte del hno. Domingo.

Nuestra sociedad ha perdido el sentido de la vida y por eso intenta disimular la muerte de mil maneras. Los muertos cercanos se retiran rápido de la circulación poniéndoles fuera de casa cuanto antes. Los muertos lejanos se exhiben con todo lujo de detalles. Basta con leer la prensa, oír la radio, ver la televisión… Una cultura que no sabe qué hacer con los muertos es incapaz de alentar la vida. Y, sin embargo, la muerte nos ofrece posibilidades de suprema entrega.

A cada paso que damos, nos encontramos con la muerte -la muerte de otros o la que se produce dentro de nosotros-; en uno y otro caso, lo único que nos dignifica es asumirla como parte integrante de la vida y seguir viviendo según las propias convicciones.

Quien no viva todas esas muertes de cerca, quien se cree un mundo imaginario a su alrededor sin tener presente la muerte como algo esencial en su vida, jamás alcanzará la plenitud como persona y su felicidad será tan inestable como ficticia. Sigue leyendo

Hermano Domingo

Hoy, día 22 de mayo de 2019, falleció el
P. DOMINGO CAMESELLE BASTOS
descanse en la paz de Dios Padre

Tenía 87 años de edad, 13 de profesión
y 61 de ordenación sacerdotal.
Hasta su entrada en el Monasterio,
estuvo incardinado en la diócesis de Tuy-Vigo.

La Comunidad de Santa María de Sobrado (España)
os agradece vuestras oraciones; el funeral por su eterno descanso
y posteriormente su entierro se celebrará, Dios mediante,
mañana día 23, a las 12:00 AM

Santa María de Sobrado,
en Sobrado de los Monjes (La Coruña-España)

Carlos Gutiérrez Cuartango, Prior titular

El aroma de un amor definitivo

Birthday | Marc Chagall | 1915

Os doy un mandamiento nuevo: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. ¿Qué amor es éste que tiene aroma de vida nueva y definitiva? Este amor que transforma nuestra vida, es el regalo pascual que nos deja la experiencia del Resucitado.

Desde que nacemos necesitamos sentirnos sustentados por alguien que nos proporcione confianza, una confianza vital. La carencia de confianza básica es algo que, a todos, en mayor o en menor medida, nos acompaña a lo largo de la vida. Nuestra confianza está herida. Hemos tenido que sobrevivir como hemos podido y sabido. Para ello nos hemos revestido de una coraza protectora que nos mantiene al resguardo de innumerables amenazas que nos fuerzan a vivir cautivos del miedo y de la desconfianza. Esta falta de confianza vital parece estar siempre ahí, dándonos la sensación de que nunca podremos deshacernos de ella.

Si a lo largo de nuestra vida tenemos la suerte o la gracia de saborear esta confianza y vivirla en la reciprocidad, aparece algo realmente prodigioso: como un optimismo original, como la percepción de que ‘alguien hay aquí’ que nos acompaña siempre y sin el cual no podemos vivir. Sigue leyendo

El Pastor herido

Escultura de Jon Helip

El Evangelio de San Juan nos muestra a Jesús con imágenes originales y bellas, imágenes que, para que no mueran en nosotros o pierdan la profundidad de su significado, tenemos que volver a ellas con frecuencia, leerlas una y otra vez para que queden marcadas en  nuestro corazón como un sello de fuego y de misericordia. Él es la PALABRA, con mayúscula. Es el Cordero de Dios. Es el agua viva que apaga nuestra sed más profunda. Es el pan de vida que sacia nuestra hambre. Es la luz que alumbra nuestras tinieblas interiores, la Luz del mundo, quien la siga no camina en la oscuridad. Es la Puerta y quien entra con Él en el corral se salva. Es el Buen Pastor, no un pastor cualquiera, es un «Pastor Herido», de sus heridas mana sangre y agua, de su costado abierto se nos da el Espíritu Santo, de su vida derramada crece el trigo y la vid, porque Él también es la Vid. Es alimento y bebida de nuestra existencia como creyentes.

Toda esta simbología tan querida por las comunidades cristianas en las que nacieron, corren en este tiempo el riesgo de ser olvidadas y de perder todo su valor simbólico ante la nuevas imágenes que nos hablan de hombres de acción, agresivos y vencedores, sin ningún tipo de escrúpulos para llevar a cabo sus proyectos. Pero un Pastor, un rebaño, un campo de trigo, una vid, poco o nada significan, mucha gente ni tan siquiera los ha visto en su vida. Y todo está ahí aguardando a ser revelado y acogido en su simplicidad y belleza. Sigue leyendo

Cruz gloriosa, Pascua herida

Pintura de Lisa Sigfridsson | Via Lucis | Capilla de la Inmaculada | Braga (Portugal)

Los evangelios son catequesis que se han escrito para que creamos que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengamos vida en su Nombre. El mismo texto de este domingo es una catequesis sobre la comunidad, asamblea reunida en el primer día de la semana, como nosotros, hoy y aquí, para celebrar la Pascua, y sobre la fe, pues en el centro de la comunidad está Cristo vivo, que es quien convoca y quien alimenta a sus discípulos con su Palabra y su Cuerpo entregado. De la mano de Tomás somos invitados a dirigir nuestra mirada para las llagas del Resucitado. El Cristo vivo en medio de nosotros es el Crucificado.

Tomás pone como condición para creer en el Resucitado poder tocar sus llagas (Jn 20,24-28). Si la resurrección disipara las señales del amor plasmado en la cruz, entonces no sería el Maestro a quien él había seguido. Solo un Dios herido puede acoger las llagas de cada ser humano. «Por sus llagas fuimos curados» (1 Pe 2,24), porque solo el amor -y el amor auténtico es siempre crucificado- puede curar. Sigue leyendo

Domingo de Resurrección

Cristo ha resucitado. Eso es lo que estamos celebrando desde ayer noche. Lo hemos aceptado por la fe. Así lo creemos nosotros los cristianos . Pero ¿Qué es la fe? tendríamos que preguntarnos. La fe son dos cosas: un acto mental de creencia. Una formulación verbal, incluso. Pero es algo mucho más: La fe es vida. El acto mental se activa en el cumplimiento. Eso que creemos en nuestra inteligencia se tiene que hacer vida. Creer en la Resurrección de Jesús no basta. Es preciso vivir esa creencia; Es preciso vivir esa resurrección. Nuestra resurrección no es algo que sucederá en el futuro; En el futuro tendrá lugar su perfecto cumplimiento. Habéis resucitado con Cristo, nos dice S. Pablo.

Se nos invita hoy, por encima de todo a reflexionar  y aceptar que hemos recibido de Jesús el don de la Resurrección, es decir que aceptamos salir de nuestro pecado, porque lo hemos reconocido y nos ha sido perdonado, y dejarnos transformar por la fuerza, el amor y la luz de Cristo resucitado. Nuestro trato con Jesús lo hacemos con un ser vivo, no con una imaginación nuestra sino con una realidad de fe pues creemos que ha resucitado y está sentado a la derecha del Padre para interceder por nosotros, más aún está en nuestro corazón, en el interior de nuestro yo profundo, iluminando nuestra vida y llamándonos a creer en nuestra propia resurrección. Sigue leyendo

Vigilia Pascual

Fuego nuevo | Vigilia Pascual 2019

¡Cristo ha resucitado! Esta es la gran noticia, el motivo de nuestra reunión, de nuestra celebración festiva. Él, el Señor vencedor de la muerte, está con nosotros como amigo y como hermano. ¡Verdaderamente ha resucitado el Señor!

En esta Santa Noche los símbolos rezuman elocuencia, explican la Palabra: La comunidad cristiana reunida entorno a una hoguera haciendo que la luz entre en la noche, ahuyentando las tinieblas y la oscuridad, lugares tradicionales del pecado y de la maldad.  Largas lecturas de textos aparentemente dispersos del Antiguo Testamento, recuerdan toda la historia de un pueblo buscador de Dios. Desde los inicios de la creación el hombre, ese ser, misterio profundo, insondable, magnífico y, a la vez débil, indefenso, es el protagonista de una historia de amor que empezó antes de los siglos y permanecerá para siempre. Oraciones, pregón, salmos, cantos, agua, flores, incienso… lecturas del AT y NT, aleluyas; renovación de las promesas bautismales…

La muerte ocupa un lugar preponderante en la historia de la humanidad y en la historia de los hombres. Signos de muerte, de destrucción, de dolor, de violencia, de mentira, de manipulación, de odio, de opresión, de injusticia… es algo que palpamos cada día, algo que, incluso lo descubrimos en nuestro interior, agazapado y esperando el momento oportuno para lanzarse con agresividad sobre la inocente víctima que se pone en nuestro camino. ¿Es posible que no haya otro camino, otro modo de ser y de estar en la vida? ¿Todo tiene que estar marcado definitivamente con el signo de la muerte, del sin sentido de una vida, que, incluso se destruye con el deseo de una prolongación absurda? Sigue leyendo