El Evangelio es un escándalo

 

«Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo… En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros» (Jn 13,33-35). Como diciendo: Permaneceré con vosotros en el amor que tendréis unos a otros.

La iglesia celebra hoy la canonización de Carlos de Foucauld que, seducido por la vida escondida de Jesús en Nazaret, quiso ser el hermano universal, identificándose con los últimos, y que murió entre los más abandonados en el interior del desierto africano, él que había nacido en el centro de la ciudad de Estrasburgo.

«Todos somos hijos del Padre celestial. Hemos de ver en todos los hombres a hijos queridos de Dios. No en los buenos, sino en todos: todos son hijos de Dios, y por eso hemos de portarnos con ellos de la manera amorosa en que se comporta un buen hermano, que no cambia aunque su hermano le haga mal o se comporte indignamente. Esta fraternidad real de todos los hombres conlleva una ternura de sentimientos, una amabilidad en las palabras, una caridad en los actos que explica todos los preceptos del Evangelio relativos a la caridad, a la paz y a la bondad.» (C. Foucauld, Meditaciones sobre el evangelio) Sigue leyendo

El Buen Pastor

Fotografía de Rod Long | Unsplash

Este domingo 4º de Pascua es conocido como el Domingo del Buen Pastor. En las primeras horas de la Iglesia, Pablo y Bernabé se vuelven hacia el mundo pagano, para reunirlo alrededor de Cristo y en una visión prodigiosa, Juan contempla ya la multitud incontable de los que serán salvados.

La hostilidad de los judíos hace que Pablo decida anunciar el evangelio a los paganos, lo que suscita de un lado su alegría y de otro la persecución. Pablo toma esa decisión que será decisiva en su vida: De ahora en adelante solo anunciará el evangelio a los paganos. De este modo continuará con la misión de Jesús, establecido por Dios como luz de las naciones y salvador del mundo. El comienzo de esa nueva tarea paulina será muy fructuosa pero pronto suscitará la persecución. Y esa será la pátina en todas partes donde predique la buena nueva.

Esto no nos es desconocido en absoluto en cualquier situación nueva en que nos encontremos. Desde el matrimonio mismo, hasta las relaciones interpersonales, la vida monástica incluso. Y el conocimiento y la experiencia de dicha situación hace que hoy día poca gente quiera comprometerse seriamente y de por vida en relaciones y decisiones importantes. Sencillamente porque se sabe  que frecuentemente lo que parecía ser color de rosa, se va oscureciendo con el tiempo. También pasa con la plata y otros metales nobles. Sigue leyendo

Eres precioso a mis ojos, y te amo

Obra de Rima Salamoun

Los relatos de las apariciones son simbólicos. No pretenden decirnos lo que pasó en un lugar y momento determinado. Quieren trasmitirnos la experiencia de una comunidad que desea que otros vivan la misma realidad que ellos están viviendo, la certeza de que Jesús está vivo.

Las palabras y los conceptos no sirven para comunicar la experiencia pascual. Es tan personal e interior que solo pueden entenderla los que también la han tenido. El discípulo al que Jesús tanto quería, es quien le reconoce: Es el Señor.  En lo más íntimo de quien se siente y sabe amado por Jesús, resuenan palabras que le susurran: Desde el principio te he llamado por tu nombre. Eres mío y yo soy tuyo. Eres mi amado y en ti me complazco. Te he formado en las entrañas de la tierra y entretejido en el vientre de tu madre. Te he llevado en las palmas de mis manos, y amparado en la sombra de mi abrazo. Te he mirado con infinita ternura y cuidado más íntimamente que una madre lo hace con su hijo. He contado todos los cabellos de tu cabeza, y te he guiado en todos tus pasos. Eres precioso a mis ojos, y te amo. Adonde quiera que vayas, yo estoy contigo, y vigilo siempre tu descanso. Te daré un alimento que sacie totalmente tu hambre, y una bebida que apague tu sed. Nunca te ocultaré mi rostro. Me conoces como propiedad tuya, y te conozco como propiedad mía. Sigue leyendo

Que Dios nos vacíe de Dios

O túmulo está vazio | Alexandra Lisboa

«Sabemos que el anuncio pascual, es específico del cristianismo, la deuda de esperanza que los cristianos tenemos para con todos los hombres. También conocemos nuestras hondas resistencias a creer este anuncio inaudito; y, aún más, lo que nos cuesta creer en la resurrección de Jesucristo como prenda de nuestra salvación» (Enzo Bianchi).

La fe en la resurrección no nace automáticamente dentro de nosotros, supone un largo proceso de maduración y de purificación en nuestro interior. Es el mismo proceso que tuvo que pasar la primera comunidad de discípulos: renunciar a una imagen creada en nuestro interior haciéndola absoluta de manera que ninguna otra pueda estar por encima de ella. Eso no es fe. Tenemos que renunciar a cualquier imagen, eso es como querer tocar y palpar, querer ver. Podemos pensar la resurrección de Cristo, bien intelectualmente, bien plásticamente, como si pintásemos un cuadro, siempre y cuando tengamos conciencia de que eso no es la resurrección. Sigue leyendo

Soltar la iluminación

Cenni di Francesco di Ser Cenni | Noli me tangere | s. XIV

La iluminación de María adviene junto al sepulcro, es decir, ante el vacío del amado, y en una dolorosa situación de pérdida que la conduce al llanto. Es en este contexto, y en el preciso instante en que se asoma al vacío, cuando, según el evangelista, distingue dos ángeles vestidos de blanco. El cristianismo entero puede resumirse en la frase “una luz brilló en la oscuridad” (Juan 1, 5). Para ver al ángel hay que asomarse al sepulcro. Para abrirse a la experiencia espiritual, deben romperse las esperanzas humanas.

“Mujer, ¿por qué lloras?” ¿Dónde está tu corazón? Esta es siempre la pregunta oportuna, la única necesaria para que se abra el ojo de la fe. Y la respuesta es también exacta: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”. Porque no sé dónde está mi norte y porque ignoro dónde buscarlo. Sigue leyendo

Oh, hijos e hijas

El himno « O filii et filiae » es atribuido a un hermano franciscano de finales del siglo XV. En él se evocan los distintos relatos de la resurrección de Jesús. Los monjes benedictinos de la Abadía de Ligugé (Francia) hacen una bella interpretación de las primeras estrofas de este himno:

Oh, hijos e hijas: el Rey Celestial, el Rey de la Gloria, resucitó de entre los muertos, aleluya.

Al amanecer del sábado, llegaron los discípulos a la puerta del sepulcro, aleluya. Sigue leyendo

Pascua

Yo os conjuro, muchachas de Jerusalén,
que no molestéis ni despertéis a mi amor,
hasta que Él quiera.

Alguien dijo que el cometa del amor no roza nuestro corazón más que una vez por eternidad. Hay que estar vigilante para verlo. Hay que esperar mucho tiempo, mucho tiempo, mucho tiempo. Es ese el estado natural del amor: esperar, esperar, esperar. Más allá de la precipitación y del ruido. Más allá de toda crisis. Esperar apaciblemente, para que el amor se sienta como en su casa. Es necesario que el amor se sienta en su casa, es decir en nosotros. Es importante que venga, que ocurra algo, que haya un encuentro.

Para saber lo que les aconteció a aquellas mujeres al amanecer de aquel primer día de la semana, uno tiene que haber sido mirado al menos una vez, haber sido amado al menos una vez, haber sido sostenido al menos una vez. Sigue leyendo

Viernes Santo

Tríptico de la Pasión | Ruizanglada

Acabamos de escuchar la Pasión según San Juan. En los relatos de San Mateo y de San Marcos, Jesús exclama en la Cruz: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? En el sufrimiento es difícil mantener la confianza en Dios. ¿Perdió Jesús la confianza en su Padre? Las palabras que pronuncia Jesús son el principio del salmo 21. Este salmo expresa una gran angustia, pero termina con magníficas palabras de esperanza: porque no ha sentido desprecio ni repugnancia hacia el pobre desgraciado; no le ha escondido su rostro: cuando pidió auxilio, lo escuchó…lo recordarán y volverán al Señor hasta de los confines del orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos.

No podemos dudar de que Jesús sintió un terrible sentimiento de abandono por parte de Dios. Vivió en propia carne el desamparo de la soledad y el abandono, conoció la terrible indefensión de los que son heridos, traicionados y humillados injustamente, pero tuvo también la certeza de la intervención de Dios. La confianza de Jesús fue puesta a prueba, pero no la perdió. Sigue leyendo

Jueves Santo

Escultura de Werner Klenk

Este día del amor fraterno no lo celebramos de espaldas a la vida, sino muy conscientes de lo inmenso y trágico que es el desamor que existe en nuestro mundo. Su atención es algo que no nos deja indiferentes, más bien, todo lo contrario, ya que a medida que vamos cumpliendo años, comprendemos que lo decisivo en la vida es el aprendizaje y el crecimiento en el amor, lo único que nos hace felices, en definitiva, eso para lo que hemos venido a este mundo.  

El amor que hoy celebramos no es el de las novelas románticas, eterno y excluyente; ni el amor de las tragedias griegas, dramático e irresistible. No es físico, ni romántico, es la aceptación de todo lo que el otro es, ha sido, será y no será. Es el amor de todos los tiempos, nuestro amor; un amor que no es ningún sentimiento sublime, reservado para unos pocos, ni tampoco algo que se siente exclusivamente en un momento de la vida frente a una única persona. Es un amor posible y real, que está íntimamente emparentado con lo que cotidianamente llamamos ‘querer a alguien’, ese interés por el bienestar de otra persona, cuando sentimos que nos importa. Sigue leyendo

La sangre de Jesús nunca me ha fallado

Obra de Enrique Mirones, monje de Sobrado | 1993

En 1971, el compositor Gavin Bryars estaba colaborando con un amigo suyo, Alan Power, en la creación de la banda sonora para un documental sobre las personas que vivían en los barrios de Elephant and Castle, en los alrededores de la estación de Waterloo en Londres. Recorrieron las calles con una grabadora y un micrófono, entrevistando a gente sin hogar. Power seleccionó las grabaciones que iba a utilizar en su documental y le dio a Bryars aquellas que había descartado, para que el compositor pudiera reutilizar la cinta magnetofónica, que era un producto de cierto valor por entonces. Bryars, en efecto, tenía la intención de grabar su propia música encima de lo que la cinta contenía. Pero antes se le ocurrió revisar el contenido. Si no se hubiese molestado en escucharla antes de hacerlo, no existiría la pieza de la que estamos hablando aquí.

En la cinta estaban las voces de muchos entrevistados. Algunos de ellos eran alcohólicos o drogadictos, tenían problemas mentales, o ambas cosas. Varios se habían puesto a cantar de manera espontánea ante el micrófono. Lo que más le impactó fue una cancioncilla religiosa entonada por un mendigo anciano: Sigue leyendo