Hay una íntima conexión entre la revelación del Amor de Dios y la revelación del propio conocimiento. Ambas revelaciones corren parejas: en la medida que nos adentramos en el conocimiento amoroso de Dios, vamos, también, conociéndonos a nosotros mismos, y penetramos de lleno en el corazón de la humanidad. Y esta es la aventurada pretensión del tema propuesto, contestar a esta doble y, al mismo tiempo, única cuestión: Señor, ¿Quién eres Tú? (pregunta teológica) y
¿quién soy yo? (pregunta antropológica).





