Dejarse amar.

“Nada de lo nuestro puede haber motivado, ni de lejos, la elección divina. El único valor que hay en nosotros es, precisamente, esta elección, que lleva a cabo y explica cuanto de santo, de puro, de generoso, de sabio, de bueno… germina en un terreno tan sórdido y duro. La existencia de una «estirpe elegida» no significa que haya «estirpes excluidas». La estirpe elegida está compuesta por todos los que no se defienden del asalto del amor que está en el origen de todas las cosas que existen. Los «predestinados» son los que se dejan amar”.

Giacomo BIFF. Meditaciones sobre la vida eclesial.

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