Despedida de nuestro Hermano Quique

Hoy es un día muy triste para los hermanos de Sobrado, porque hemos perdido a nuestro querido Quique. A partir de ahora la vida comunitaria no será igual sin su presencia física. Pero él permanece y permanecerá siempre entre nosotros. Este es el significado de esperanza que desde la fe tiene la muerte de Quique, esta es nuestra paz y nuestro consuelo.

La muerte tiene el poder de revelar lo más profundo de cada uno. Al morir podemos entregarnos plenamente. Se inaugura así una verdadera comunión de los santos, como confesamos en el símbolo de la fe. Siempre hemos insistido en comunidad en la celebración pascual de las despedidas, y, por eso, aunque sentimos una inmensa tristeza por la pérdida de Quique, nos sentimos acompañados por su vida, que trasciende la muerte, porque el amor es más fuerte que la muerte, y en ello vemos y palpamos al Resucitado, al Eterno Viviente, que nos permite decir con alegría: tú no puedes morir, porque tu vida y tu amor están y estarán siempre vivos entre nosotros.

Quique se preguntaba últimamente: ¿dónde está ese lucero brillante, tan repetidamente prometido, que alumbra y calienta nuestro existir?  Y él mismo se contestaba que fácilmente no vemos las estrellas en nuestra noche, que buscar la estrella polar es la tarea de nuestro breve paso por este mundo, como los hombres de la mar buscan la estrella polar que les conduce a buen puerto.

Y la conclusión a la que llegaba, en la que insistía repetidamente, es que somos poca cosa, que eso es lo que la vida nos enseña con el paso del tiempo, y todo ello le salía del corazón sin un ápice de amargura, ni una coma de tristeza, como el que va aprendiendo a saber coger en las palmas de sus manos, con dulzura y con cariño, el agua de la vida y el polvo de la tierra, ofreciendo futuros siempre inciertos, con algunos aciertos y pobres realizaciones. Y concluía diciendo que esto era para él el significado de las palabras de Jesús: Te doy gracias Padre porque has escondido el misterio de la vida a los entendidos y se los ha revelado a la gente sencilla.

Quique ha sido uno de estos sencillos, con los que resultaba fácil y posible construir el mundo fantástico del que nos habla Isaías:
Habitará el lobo con el cordero, el leopardo se tumbará con el cabrito, el ternero y el león pacerán juntos… la vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león como el buey, comerá paja. El niño de pecho retoza junto al escondrijo de la serpiente, y el recién destetado extiende la mano hacia la madriguera del áspid. Nadie causará daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país del conocimiento del Señor, como las aguas colman el mar.

Quique ha sido mediación de la misericordia de Jesús para muchos de nosotros. Era una persona buena, de los que nacen buenos, que nos hacía sentir buenas personas. Podemos decir que ahora se inaugura para Quique una comunión más profunda con Dios, con todos y con todo.

Y me vais a permitir algo personal: me siento muy afortunado de haber vivido, día a día, casi 50 años al lado de Quique, sintiendo y disfrutando de su presencia amistosa, totalmente incondicional y  bondadosa. Sólo él sabe lo que ha tenido que soportarme.

Que el Señor nos traiga a sus hermanos de comunidad, a su familia -muy especialmene a Tere, su madre- a sus amigos, y a todos los presentes el consuelo y la esperanza, y a Quqiue le conceda la paz y el descanso eternos. A María, Consuelo de los afligidos y Puerta del Cielo siempre abierta, nos acogemos. Gracias querido Quique.