El gozo surge en el momento en el que, sin deseo alguno, nos entregamos al instante y nos rendimos a él obedientemente. En este sentido, Kierkegaard escribió: “Descarga todas tus preocupaciones en Dios, plenamente, incondicionalmente, como lo hacen los lirios y las aves. De ese modo, te volverás tan incondicionalmente gozoso como ellos. Porque ese es el gozo incondicional”.
Byung-Chul Han (Sobre Dios, Pensar con Simone Weil)





