El ser espiritual es eminentemente sensible, para nada frágil

La diferencia entre fragilidad y sensibilidad es enorme. La sensibilidad ama temblar, vibrar, exaltarse. La fragilidad teme romperse.
Quien es frágil teme volverse aún más frágil: por lo tanto, debe ser tratado con cuidado, tranquilizado y rodeado de amor. Un ser sensible no busca protegerse en absoluto; recibe constantemente todos los alientos de la vida.
La fragilidad sueña con la solidez. La sensibilidad despliega su musicalidad.
Ciertamente, la especie humana es precaria, y la humanidad, particularmente insensible. Pero el ser espiritual demuestra ser poderoso: eminentemente sensible, para nada frágil.

Jacqueline Kelen

Un comentario

  1. Muy interesante este punto de vista. Me deja reflexionando y con una sonrisa pícara y, deseo, también sensible.

    Gracias por compartir tantas perspectivas y experiencias diferentes de la Verdad.

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