El talante entusiasta de Benito de Nursia

La RB propone un arte de vivir, cuyas intuiciones son de gran actualidad: el realismo de una espiritualidad enraizada en la tierra; la convicción de que merece la pena creer y vivir en común; la orientación hacia la experiencia de Dios; una sensibilidad por la creación y la conciencia ecológica; el planteamiento de una ética de la economía; la pregunta por la alegría de vivir; etc. Todas éstas y otras son aportaciones del estilo de vida que San Benito sigue proponiendo al hombre del s. XXI.
El filósofo francés Pascal Bruckner dice que existe hoy una cultura del lamento. Sólo se ven los problemas y las ofensas. Las heridas de la historia de la propia vida se convierten en una lente, con la cual se interpreta toda palabra como una ofensa. En un clima de tanto lamento es imposible solucionar ningún problema. No se abre ninguna perspectiva de futuro. No surge esperanza alguna. El motivo de esta depresiva quejumbrosidad como sentimiento básico de nuestro tiempo es, según Bruckner, el infantilismo y la “victimización”. El hombre del futuro es un gigantesco bebé que envejece, que tiene colocadas enormes expectativas en la sociedad pero que no está dispuesto a asumir responsabilidad por sí mismo y por este mundo. Bruckner observa también una creciente actitud de sentirse siempre como víctima. La culpa la tienen siempre los demás. Es imposible que yo mismo tenga la culpa de mi miseria. Me siento víctima de mi educación, víctima de las circunstancias políticas y sociales, víctima de mi jefe. Es prefiere permanecer en la posición del querellante y acusar a quienes le hacen a uno la vida tan difícil. Pero no se quiere tomar la vida en sus propias manos.
San Benito nos muestra un camino diferente. La situación en tiempos de Benito era política y socialmente más difícil que la actual. Era el tiempo de la invasión de los bárbaros. Nuevos pueblos invadían Italia y devastaban los campos. El imperio romano se derrumbaba. La cultura de la antigüedad no tenía ya la fuerza para formar a los nuevos pueblos. Se produjo un vació espiritual. Las circunstancias económicas eran desastrosas. Ya no se tenía confianza de cultivar las tierras porque había que contar constantemente con la irrupción de una nueva ola de devastación que destruía las cosechas. También la Iglesia estaba escindida. La herejía arriana dividía a la Iglesia y le quitaba su vigor generador de unidad. En la época del ocaso del imperio romano, la Iglesia no era un lugar que brindara orientación y sostén.
En la RB no se percibe nada del desconsuelo reinante en su tiempo. Benito no se entretuvo lamentándose por estas circunstancias. Construyó una pequeña comunidad que podía vivir por sus propias fuerzas. Esta comunidad que intentaba convivir en paz tenía una irradiación saludable sobre los grupos enemistados que había en los alrededores. Benito creó un lugar de paz y de esperanza en medio de los desórdenes de su tiempo. El trabajo de este pequeño grupo tuvo una repercusión creadora de cultura para todo Occidente. Es esta la razón por la que es considerado Patrono de Europa.
San Benito demostró que algunos hombres con ideas diferentes pueden generar un movimiento contrario; si recorren juntos un camino, ello tiene repercusiones en el mundo entero. Podemos ejercer una influencia en el desarrollo de los acontecimientos. El grupo que formamos tiene una irradiación. La cultura que creamos se hace visible en este mundo. Y si se la ve, tendrá también sus repercusiones. Benito edificó su monasterio sobre el monte. Quería ser visto. Aún habiendo predicado el camino de la humildad, no entendió ésta en el sentido de tener que ocultar la vida ante los demás.
San Benito intuyó que el camino espiritual que recorre cada uno es importante para el mundo entero. Todos estamos entrelazados. Una idea que se exterioriza produce su oleaje. El camino espiritual que transforma a un ser humano transforma a través suyo también a otros hombres que le salen al encuentro. Lo que hacen los monjes no es sólo para su deleite personal. Comprenden su camino espiritual siempre como un camino que se recorre en la responsabilidad por este mundo. A su manera asumen responsabilidad por la situación del mundo. Se han retirado del ruido del mundo para transformar e iluminar desde dentro este mundo. Orientan sobre todo su atención a la transformación del propio corazón. Encaran sus pasiones y emociones. Al proteger su entorno de sus emociones negativas practican la protección ambiental espiritual. Una comunidad que admite y no rehúye las propias insuficiencias y está a la vez abierta al Espíritu de Jesús crea nuevas formas de vida que revisten importancia para el mundo entero. Los monjes confiaron en que, donde la luz vence a las tinieblas, todo el mundo se hace más luminoso. Siempre tuvieron en cuenta su responsabilidad por el mundo entero.
Que San Benito, Padre de monjes, Patrono de Europa, nos contagie su entusiasmo, su apuesta confiada por la vida, la convicción de que vivir con optimismo es algo tan sencillo como hacer lo que es humanamente posible, que siempre es mucho más de lo que podamos imaginar.