Feliz el hombre que conoce su propia debilidad

Feliz el hom­bre que conoce su propia debilidad. Este conocimiento es el fundamento, la raíz, el inicio de toda bondad. En efecto, cuando se ha experimentado la propia debilidad, el alma queda protegida de toda posible vanidad, de esa vanidad que oscurece el conocimiento. El hombre que ha conseguido conocer su propia de­bilidad, ha alcanzado la perfección de la humildad.

Calixto e Ignacio Xanthopouloi