Gratuidad

El evangelio que acabamos de escuchar nos recuerda que el Dios que se nos revela en Jesús no está cerca de nosotros porque seamos buenos, porque nos portemos bien, porque seamos coherentes, porque cumplamos unas normas, porque hagamos oración… La presencia de Dios en nuestras vidas no está condicionada por nuestras actitudes que puedan ser más o menos correctas. La presencia y el amor de Dios en nuestra vida es anterior a todo eso, anterior a nuestros comportamientos, es gratuita: nuestro buen obrar es consecuencia de su presencia y de su bondad. El profeta Isaías insiste en decirnos que la lógica de Dios pocas veces coincide con nuestra propia lógica: como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes que vuestros planes.

 

Sucedió que, un día, en las puertas del cielo, se reunieron unos cientos de almas, que eran las que anidaban en los hombres y mujeres que habían muerto ese día.

San Pedro, guardián de las puertas de entrada al Paraíso, ordenaba el tráfico:

– Por indicación del “Jefe” vamos a formar tres grandes grupos de huéspedes a partir de la observación de los diez mandamientos.

El primer grupo lo formarán aquellos que hayan violado todos los mandamientos por lo menos una vez.

El segundo grupo lo formarán aquellos que hayan violado por lo menos uno de los diez mandamientos una vez.

Y, el último grupo, que suponemos que será el más numeroso, lo formarán aquellos que jamás en su vida hayan violado ninguno de los diez mandamientos.

Bien –siguió San Pedro-, los que hayan violado todos los mandamientos, pónganse a la derecha.

Más de la mitad de las almas se puso a la derecha.

– Ahora –exclamó-, de los que quedan, aquellos que hayan violado alguno de los mandamientos pónganse a la izquierda.

Todas las almas que quedaban se desplazaron a la izquierda. Bueno, casi todas…

De hecho, todas menos una.

Quedó en el centro un alma que había sido un buen hombre. Durante toda su vida había recorrido el camino de los buenos sentimientos, de los buenos pensamientos y de las buenas acciones.

San Pedro se sorprendió. Solamente un alma quedaba en el grupo de las mejores almas.

De inmediato llamó a Dios para notificárselo:

– Mira, el asunto es así: si seguimos el plan original, ese pobre hombre que se ha quedado en el centro, en lugar de beneficiarse por su beatitud, se va a aburrir como una ostra en la soledad más extrema. Me parece que tendríamos que hacer algo al respecto.

Dios se presentó enseguida ante el grupo y dijo: “Aquellos que se arrepientan ahora, serán perdonados, y sus fallos olvidados. Por lo tanto, los que se arrepientan pueden volver a reunirse en el centro, con las almas puras e inmaculadas” ·.

Poco a poco, todos empezaron a moverse hacia el centro.

– ¡Alto! ¡Injusticia! ¡Traición! –gritó una voz. Era la voz del que no había pecado-. ¡Así no vale! Si me hubieran avisado de que iban a perdonar, no hubiera desperdiciado mi vida…

 

Moraleja: Había sido un buen hombre, durante toda su vida había recorrido el camino de los buenos sentimientos, de los buenos pensamientos y de las buenas acciones…, pero nunca participó del Espíritu de Dios, nunca consideró la casa de Dios como su propia casa, y desperdició su vida creyendo haberla desperdiciado al ser ajeno a la mentalidad evangélica de los hijos de Dios.

Y con esto podríamos quedarnos hoy: lo mejor que podemos hacer en la vida, lo mejor que podemos ofrecer a los demás, lo mejor que podemos hacer para transformar nuestro mundo es situarnos ante la vida con una actitud agradecida, bondadosa, acogedora y benevolente ante el don gratuito del amor y de la vida, que comienza siempre por uno mismo, y que sólo puede ser obra del Santo Espíritu de Dios. Como nos decía san Pablo, lo importante, la mejor manera de no desperdiciar nuestra vida y lo único que nos hará verdaderamente felices, es llevar una vida digna de la Buena Noticia de la Gracia, del Evangelio de Cristo. 

 

Un comentario

  1. «Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes que vuestros planes»: SOMOS gratuidad.

    SOY buen@ y dign@ de AMOR.
    SOY complet@ tal como SOY,
    en este preciso instante.
    NADA de lo que digan o hagan,
    ni siquiera yo mism@,
    puede cambiar esto.

    Estamos llen@s de una abundancia infinita. Estamos llen@s de GRACIA.
    Somos gratuidad!

    SOMOS resiliencia y brillantez,
    gratuitamente nos Creó el Creador.

    «Su PRESENCIA y Su AMOR en nuestra VIDA es anterior a TODO, anterior a NUESTR@S comportamientos infieles, traicioneros, cobardes.
    Su PRESENCIA es gratuita». AMÉN!

    Aunque caiga, caigo enamorad@.
    Nos apoyamos, nos sostenemos.
    En última instancia,
    nos elevamos tan alto, como
    nos elevemos mutuamente.
    Me elevo, te elevas,
    te elevas, me elevo,
    JUNT@S nos elevamos más alto.

    «como el cielo,
    más alto que la tierra.
    Tus caminos son más altos
    que los nuestros,
    Tus planes que NUESTROS planes».

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