LA SABIDURÍA DEL POBRE

manos vacias

Tenemos este domingo unas lecturas (1Re 17,10-16 / Hb 9,24-28 / Mc 12,38-44) que nos dan una imagen magnífica del creyente cristiano así como otra, no menos  importante, del mismo Dios. La pobre viuda no posee sino lo que ha dado. La presencia de Jesús de Nazareth no ha sido otra cosa que servir y dar. He ahí la razón de un Dios pobre entre los pobres.

En tan solo 4 versos de este evangelio Jesús aparece como el nuevo profeta que resume toda la enseñanza de siglos de historia al pueblo de Israel.  Pero no sólo en este relato, sino a lo largo de toda su enseñanza como viene recogida en los evangelios.

La tarea principal de los profetas históricos fue la de purificar la religiosidad del pueblo de Dios, tratando de enseñarles la verdadera relación con su Dios. Marcar la diferencia entre los actos externos, que no comprometen para nada a la persona y la experiencia de Dios, que es lo que debe dar contenido profundo a esos actos externos que explican la relación del hombre  con Dios. Hoy recurrimos a una palabra que expresa bien lo que quiero decir y se trata de la palabra coherencia. Es decir equivalencia. En este caso equivalencia entre lo que se siente y lo que se hace. Entre lo que se vive y se siente. Entre el corazón y la inteligencia. Dicho de otro modo lo importante no solo lo que se hace sino sobre todo lo que se es.

En nuestro evangelio Jesús que observa a los que se acercan al “gazofilacio” (o lugar en el templo donde se guardaba el dinero de las limosnas) no mira lo material sino la profundidad del corazón de los que se acercan. Observa el ruido producido por la caída de las numerosas monedas de los ricos, los fariseos, los poderosos en una palabra. Observa su actitud satisfecha por ser vistos. Pero llega una pobre mujer, de la que solo se dice que era viuda; no se ve su rostro, ni se adivina su edad, pues va cubierta por  el velo negro de las viudas. Deja su dinerillo que no hace ruido, pues el cobre apenas pesa y sale silenciosa y sin ser notada. Pero Jesús ha visto que había dado todo lo que tenía para comer ese día y lo alaba. ¿Por qué? Porque la actitud de esa mujer es una actitud de fe profunda y de confianza en Dios… Quedarse desarmada ante el mundo abandonando toda seguridad, al igual que la mujer la primera lectura, que dio todo lo que tenía antes de morir de hambre junto con su hijo. Quedan ambas en una relación total de dependencia para con Dios, sabiendo que El no abandona jamás a los suyos: “Buscad el reino de Dios y todo lo demás se os dará por añadidura”. El señor mencionara a los lirios del campo y las aves del cielo. El señor no se conmueve por el boato, el lujo, las trompetas, ni los gestos en las plazas. Si en cambio por la humildad, la pobreza y la sencillez de corazón. Como la viuda que pasa desapercibida del resto de los fieles del templo.

El yermo se llena de flores, en solo una noche, con las primeras lluvias y nadie lo ve. Lo mismo que la levadura que dentro de la masa lleva a cabo su escondida labor fecundadora.

El valor de la limosna, en el evangelio de hoy, no está pues en lo que pudiera parecer evidente: el mantenimiento del templo y de sus sacerdotes, sino la actitud religiosa, la dependencia de Dios, el valor del sacrificio a lo que habría que añadir la apertura a la necesidad de los otros es decir la misericordia, la compasión. La viuda solo tenía dos monedas pero se dio a sí misma. Esa actitud de apertura que significa la limosna, es un factor indispensable para la metanoia, la conversión. Recuerden el evangelio del juicio final y de cómo la limosna es lo que hace que se entre en el reino eterno. “Tuve hambre y me disteis….”La limosna en definitiva. La caridad que Dios nos pide no consiste en dar nuestra cosas sino en dar nuestro propio ser, para hacernos así semejantes a Cristo. Recuerdo a este respecto una frase que siempre me llamó la atención en África y era símbolo de amistad y afecto o lo contrario: “tienes todo mi tiempo” o “no tengo tiempo para ti”. El don del tiempo es una de las formas más efectivas de la donación de sí mismo a otra persona. Dispones de todo mi tiempo, soy todo tuyo, estoy a tu disposición.

S. Agustín dirá con relación al tema que nos ocupa hoy, que: “si extiendes  la mano para dar, pero no tiene misericordia en el corazón, no has hecho nada. Pero si tienes misericordia en el corazón, aunque no tuvieres nada que dar con tu mano, Dios acepta tu limosna”

Por otro lado, el corazón que Dios quiere es un corazón vacío, sin nada dentro para que pueda ser llenado, por su amor y su misericordia, en su totalidad. Solo lo que está vacío puede llenarse de otra cosa. Si lleno de arena un saco ni  el oro ni la riqueza más maravillosa puede ser introducida sin haberlo vaciado antes. Uno que está lleno de sí mismo no puede llenarse del amor de Dios que le lleva a la apertura a los demás y al mismo Dios.

En definitiva y lo que es novedoso en Jesús, en sus palabras y actitud de hoy, es que lo importante para él no es aquel a quien se da sino la razón o motivo de aquel que da. La viuda dio todo lo que tenía y quedó vacía de sí misma y elevada totalmente a la misericordia de Dios. Esto me lleva a pensar que importa poco si el que pide lo merece o no; me está engañando a no. Lo necesita de verdad o no. Lo que cuenta es la intención nuestra al dar, nuestro corazón, que es de solidaridad con el otro, una prueba de amor en definitiva, que nadie nos podrá quitar

Pedimos a Dios hoy esa sabiduría de la pobreza, ese deseo de ser colmados por su amor, esa necesidad de acudir al socorro de nuestros hermanos necesitados, ese darnos cuenta de que Jesús quiere ser reproducido en nosotros en nuestra actitud hacia los demás. Esta es la verdadera religión.

Imagen: https://www.monasteriodesobrado.org/wp-content/uploads/2018/07/demo-img.jpg

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