Oh Adonai

Oh Adonai,
Pastor de la casa de Israel,
que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente,
y en el Sinaí le diste tu Ley.
Ven a librarnos con el poder de tu brazo.

Pastor de Israel,
ven a librarnos con el poder de tu brazo…

Debido a que los hebreos consideraban el nombre de Dios demasiado sagrado para mencionarlo utilizaban la palabra Adonai, que significa Señor Poderoso o sencillamente Señor, para referirse a Dios.

Esta antífona, en este tiempo de Adviento, nos lleva a contemplar a Moisés apacentando las ovejas en el desierto a los pies del Horeb, el monte de Dios, el cual después de pasar un cierto tiempo en esta vida de pastoreo, tuvo la revelación del Dios terrible, lejano, que al final viene a manifestarse como un Dios cercano, todo amor, preocupado por la situación de su pueblo esclavo en Egipto.

Desde la zarza ardiente, El Señor dijo a Moisés:

He visto la humillación de mi pueblo en Egipto, y he oído sus quejas cuando lo maltrataban sus mayordomos. Me he fijado en sus sufrimientos, y he bajado, para liberarlo del poder de los egipcios y para hacerlo subir de aquí a un país grande y fértil, a una tierra que mana leche y miel. (Ex 3,7-8)

Dios le pide disponibilidad para manifestar el fuego de su amor al pueblo. A Moisés le cuesta acoger el deseo de Dios, pone excusas, rehúye el compromiso… hasta que la Palabra de Dios llega a su corazón.

La zarza sigue ardiendo… Aviva tu deseo de Dios… Que tu corazón se llene de la compasión de Dios, el fuego de su amor.

(Inspirado en José Alegre Vilas)

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