ALGO NUEVO ESTÁ SURGIENDO

Aurora with violet turban | Roberta Coni | 2015

Aurora with violet turban | Roberta Coni | 2015

Jesús ha pasado la noche en el Monte de los Olivos. Comienza el nuevo día y va al Templo. Pronto se verá rodeado por un gentío que acude a la explanada para escucharlo. (Jn 8,1-11)

De pronto, un grupo de escribas y fariseos irrumpe trayendo a «una mujer sorprendida en adulterio». No les preocupa el destino terrible de la mujer.  Nadie le interroga de nada. Ya está condenada. Los acusadores lo dejan muy claro: «La Ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras. Tú, ¿qué dices?»

La situación es dramática para Jesús: los fariseos están tensos, la mujer angustiada, la gente expectante. Jesús guarda un silencio sorprendente. Tiene ante sí a aquella mujer humillada, condenada por todos. Pronto será ejecutada. ¿Es esta la última palabra de Dios escrita en la Ley, o «algo muevo está surgiendo»? ¿Es que la Ley le ata las manos al mismo Dios? ¿No tiene una Nueva Palabra que decir sobre esta hija suya?

Jesús, que está sentado, se inclina hacia el suelo y comienza a escribir algunos trazos en tierra… Los acusadores exigen una respuesta en nombre de la Ley. Él les responderá desde la misericordia de Dios: aquella mujer y sus acusadores, todos los presentes, están necesitados del perdón de Dios.

Los acusadores sólo están pensando en el pecado de la mujer y en la condena de la Ley. Jesús cambia el argumento a favor de la mujer. Pone a los acusadores ante su propio pecado. Ante Dios, todos han de reconocerse pecadores. Todos necesitan su perdón.

Como insisten cada vez más, Jesús se incorpora y les dice: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra». ¿Quiénes sois vosotros para condenar a muerte a esa mujer, olvidando vuestros propios pecados y vuestra necesidad del perdón y de la misericordia de Dios? Los acusadores «se van retirando uno tras otro». Jesús apunta hacia una convivencia donde la pena de muerte no puede ser la última palabra sobre un ser humano. Más adelante, Jesús dirá solemnemente: «Yo no he venido para juzgar al mundo sino para salvarlo».

El diálogo de Jesús con la mujer arroja nueva luz sobre su actuación. Los acusadores se han retirado, pero la mujer no se ha movido. Parece que necesita escuchar una última palabra de Jesús. No se siente todavía liberada. Jesús le dice: «Tampoco yo te condeno. Vete y, en adelante no peques más».

Le ofrece su perdón, y, al mismo tiempo, le invita a no pecar más. El perdón de Dios no anula la responsabilidad, sino que exige conversión. Jesús sabe que «Dios no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva».

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