ADVIENTO

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Green Target |1955 | Jasper Johns | MoMA – Museo de Arte Moderno de Nueva York

Un año más se abren ante nosotros las puertas del Adviento. El Adviento es un tiempo de preparación para recibir al Salvador. Está perfectamente estructurado. Todos sus elementos litúrgicos están detalladamente estudiados y ensamblados para mantener alerta la expectativa y para producir un clima propicio. El tiempo del Adviento no tiene nada de artificial, ya que responde a un anhelo arquetípico de plenitud, presente ya en los mismos genes humanos. La espera, el deseo, el anhelo, la expectativa, la pretensión…, todos ellos son términos que hacen referencia a una realidad plenamente humana. Sin anhelos, sin deseos, sin expectativas no seríamos humanos.

Los finales y los comienzos son algo convencional, como en este caso en que empezamos un nuevo año litúrgico, pero lo importante para nosotros es que la posibilidad de un comienzo siempre se nos abre como una esperanza de novedad.

Los tres personajes del Adviento que tan bien conocemos, Isaías, Juan Bautista y María, nos ofrecen como tres claves para descansar de nuestras fatigas, para elevar el ánimo y para devolvernos la esperanza.

Isaías viene con la utopía. La utopía es necesaria al menos como planteamiento, como proyecto. Sin visiones utópicas, se cerraría el futuro y la esperanza ante nosotros. Los textos mesiánicos de Isaías hablan reiteradamente de todo esto: el Señor reúne a todas las naciones en la paz eterna del reino de Dios; el espíritu del Señor que se posa sobre el renuevo del tronco de Jesé; el Señor que invita a su banquete y enjuga las lágrimas de todos los rostros; los ojos de los ciegos verán; Dios muestra su esplendor; Dios consuela a su pueblo; da fuerza al cansado, etc.

Necesitamos de Isaías para seguir caminando, para seguir creyendo en la institución, en la comunidad y en las personas. Para seguir creyendo que es posible: una mayor participación comunitaria y una mayor corresponsabilidad; que todas las palabras sean escuchadas y respetadas; que se respeten las diferencias; que nuestras relaciones comunitarias sean cada vez más fraternas e igualitarias; que sepamos convivir con otras maneras de pensar, de sentir y de hacer distintas a la propia, o diferentes a las de siempre. En Isaías, por lo tanto, confluirían nuestros sueños, ilusiones y preguntas. Sin él, la utopía, “lo que no tiene lugar” como perspectiva y finalidad, desaparecería del horizonte y nos quedaríamos mutilados de esperanza.

Además de Isaías necesitamos también al Precursor. La llamada de Juan a la conversión, a la metanoia, al despertar es fundamentalmente una llamada personal. Cuando se habla de preparar un pueblo bien dispuesto, se trata de una preparación personal. Todo empieza por un mismo. Hay que hacer actos concretos de conversión: comprometerme personalmente en una mayor participación comunitaria, en una mayor responsabilidad; comprometerme en escuchar y en respetar las palabras de todos, vengan de donde vengan, como palabras a través de las cuales Dios puede hablarme al corazón; comprometerme a aceptar lo diferente, al que no es como yo, ni de los míos; comprometerme comunitariamente en el servicio a los demás, para ser agente activo de unas relaciones más fraternas e igualitarias; comprometerme en el aprendizaje de que es bueno y enriquecedor convivir con otras maneras de pensar, de sentir y de hacer, distintas de la propia o de la de siempre.

Con Juan Bautista, no esperamos resultados mágicos, caídos del cielo, ni tampoco soluciones externas que provengan de los demás, sino que hacemos residir el factor  cambio y la realización de la utopía y el sueño en la propia responsabilidad personal.

María, la Virgen representa como esta tercera dimensión esencial del Adviento, necesaria para que florezca la Navidad. Ella nos aporta algo tan sencillo como importante, y es que hagamos mucho o hagamos poco, nos acerquemos más o nos acerquemos menos a los tiempos mesiánicos, sí que hay algo que siempre podremos aprender: que aquello que construyamos, para que sea sólido, para que sea de verdad evangélico, tiene que estar traspasado de humildad, fundamentado en la conciencia de la propia pobreza y esterilidad. Que la construcción de la comunidad, o la propia realización personal, no es obra de nuestras manos; que se necesita una perspectiva distinta, una mirada desde un ángulo diferente, un cómo, un aroma que viene de los Alto, y que esto es precisamente lo decisivo.

Así, de esta manera, es como estos tres protagonistas del Adviento que tan bien conocemos, Isaías, Juan Bautista y María, nos ofrecen claves para descansar de nuestras fatigas, para elevar el ánimo, para devolvernos la esperanza. Y estas claves, son las que nos permitirán acoger con entusiasmo la venida del Salvador.

2 comentarios en “ADVIENTO

  1. Mane dijo:

    El video sobre del 50 aniversario de Sobrado fundación y trayectoria,ya lo habéis retirado. Por favor,podíais colgarlo de nuevo?? Me encantaría poder bajarmelo para conservarlo. Es posible. Muchas gracias

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