Hermano Pablo – Exequias

Fotografía de Aurélien Ibanez | 2016

Con esta celebración eucarística despedimos a nuestro hermano Pablo. Fue uno de los nueve fundadores de nuestra comunidad, cambiando su estabilidad de Viaceli a Sobrado en 1975. Su trabajo en la comunidad consistió en ocuparse del mantenimiento del monasterio hasta que un ictus y problemas de visión, junto al cáncer que se manifestó hace poco menos de un año, le impidieron seguir con sus funciones. Desde entonces, este tiempo ha sido un tiempo oportuno y de gracia en el que nuestro hermano Pablo ha ido aceptando con paz las limitaciones que su enfermedad le fueron imponiendo.

Lo que estamos celebrando hoy, más allá de la muerte, es la nueva vida que Pablo ya ha comenzado y en la que él creyó siempre firmemente. A lo largo de su vida tuvo una gran sensibilidad para acoger el sufrimiento y el dolor ajenos.

La muerte no nos deja insensibles, nos recuerda nuestra condición mortal y tenemos que reconocer que, en el fondo, esto nos asusta. Sin embargo es a lo que nos enfrentamos desde el mismo instante en que venimos a este mundo, cuando lo único seguro que estaba programado era que un día moriríamos. Nacemos con billete de vuelta y ese billete lo escondemos día tras día, año tras año, mientras la vida se nos va escapando de las manos (fugit tempus). 

¿Qué decir en este momento en que celebramos la Pascua de Pablo simbolizada por el cirio pascual que nos acompaña? Que prioritariamente tenemos que vivir con agradecimiento y entusiasmo nuestras vidas, únicas e irrepetibles, tal y como son y no como quisiéramos que fueran; esta es la apuesta ineludible de nuestra vida mortal. Muchas veces nos asustamos de nosotros mismos y queremos correr un tupido velo sobre aquello que no nos gusta y que tantas veces nos lleva a sentirnos indignos y no merecedores de la Bondad de Dios y del amor de los demás. Por eso, esta celebración de la Pascua de Pablo, nos invita a afirmar la vida, a comprometernos con ella, con la única vida que tenemos ya que, a pesar de los densos nubarrones, Dios nos la regala cada nuevo amanecer para que sea generadora de vida, de nuevos paraísos que, como un resquicio de claridad, humilde y discreto, se abren a cada ser humano.

Somos invitados también a vivir la esperanza, un valor tan poco cotizable en nuestro mundo -y con tanta razón- dado el panorama de muerte y destrucción que la sociedad nos comunica. Esperanza que no debemos confundir con las vanas esperanzas que como nebulosas nos ocupan, y ocultan nuestro corazón y nuestra mente, dejándonos impávidos ante el frío y el calor de la existencia. Como en una carrera de galgos, tenemos que proseguir nuestra andadura, aun sin fuerzas y agotados, acogiendo y entregando estos dos regalos: la vida y la esperanza.

¿Dónde está ese lucero brillante, tan repetidamente prometido, que alumbra y calienta nuestro existir?  Fácilmente no vemos las estrellas en nuestra noche. Buscar la estrella polar es la tarea de nuestro breve paso por este mundo, como los diestros hombres de la mar buscaban con ansiedad la estrella polar que les conducía a buen puerto. Pablo ya se ha encontrado con la estrella polar, con María, nuestra Madre, la Estrella del Mar. Siempre tuvo una devoción especial a María, la Madre, quien le acompañó a lo largo de su recorrido por esta tierra. En su regazo descansa y contempla agradecido todo aquello en lo que creyó y por lo que luchó.

Endiabladamente audaces, con coraje y llenos de vitalidad, deseamos celebrar esta liturgia que nos invita a hacernos conscientes de que la vida es lo único que tenemos, nuestra única tarea, nuestra auténtica vocación, nuestro trabajo diario… vivir la vida agradeciéndola y amándola hasta el final. Así como en el desierto el nómada busca el agua del oasis que le reconforta, cada uno de nosotros es un nómada, un homo viator, un viajero, un hombre en camino, llamado a seguir su ruta por sendas -tantas veces desconocidas, sin indicaciones ni seguridades- que le conducen a la meta final.

Que la Presencia Consoladora de nuestro amado Jesús, el Eterno Viviente, nos ilumine en todo momento para poder ir más allá de una mirada plana de la realidad, de lo que cotidianamente tenemos que vivir, para adquirir una perspectiva nueva, para que podamos encontrar sentido a todo lo que vivimos, especialmente las adversidades, el sufrimiento y el dolor.

2 comentarios en “Hermano Pablo – Exequias

  1. Inma dijo:

    Gracias a Carlos y a toda la comunidad por haber publicado este recuerdo a mi hermano fallecido. Esto me ha permitido estar en cierta forma cerca de él en este último adiós. Hermosa la homilía. Ojalá nos sirva a todos para mantenernos sin decaer en los momentos difíciles, la mirada alta por encima de nuestras miserias. ¿Quién se fija en lo abrupto del camino que pisa cuando tiene cerca la cima de la montaña y un cielo plagado de estrellas? Un abrazo a toda la comunidad .

  2. Mane dijo:

    Preciosa y profunda homilía,llena de ternura y amor pero con enormes interrogantes,me hacen reflexionar sobre la vida y la muerte. Un misterio del que no sabemos nada. Dices,nacemos con billete de vuelta,solo tenemos esta vida por la que tenemos que luchar y llevarla a los demás, donar vida y esperanza y ahí encontraremos nuestra estrella polar,nuestro oasis. Que esa luz ilumine nuestras noches oscuras!. Creo firmemente que hay otra vida después de la muerte y,creo firmemente que el Señor nos va a acojer en sus brazos y no dejará que se pierda lo que es suyo. Esa es mi estrella polar,y mi esperanza puesta totalmente en sus brazos. Pablo. Ya has encontrado tu estrella polar!

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