José, el hombre que sueña

El sueño de José | Arcabas

«La vida de un creyente solo es comprensible si en ella hay algo de incomprensible» (Simone Weil) Un hombre de fe siempre tiene que luchar con lo incomprensible y, por fin, rendirse. La rendición ante el Misterio es el gran paso en la vida de un creyente.

José es un hombre enamorado que decide dejar su novia, no por sospecha, sino por respecto ante lo que para él es incomprensible, y no quiere denunciarla públicamente; sigue pensando en ella, insatisfecho con su decisión, preocupándose por ella, inclusivamente en sus sueños. Dios sigue “trabajando” en su corazón mientras duerme.

José duerme, es verdad, pero simultáneamente está dispuesto a escuchar la voz del ángel. Parece desprenderse de la escena lo que la amada afirma en el Cantar de los Cantares: yo duermo, pero mi corazón está vigilante (Ct 5,2). Los sentidos exteriores reposan, pero el fondo del alma puede ser tocado. José está conectado con su interioridad: en el profundo de su ser hay un espacio abierto donde puede escuchar lo que vibra en su interior, donde el Dios vivo le habla.

José es un hombre de sueños: el carpintero también es soñador, manos endurecidas por el trabajo y corazón tierno por el amor y por los sueños. Cada uno actúa desde lo que lleva dentro de sí y que en los sueños emerge como libertad: el hombre justo tiene los mismos sueños de Dios.

José es un hombre de fe, que es tentado para huir del Misterio, de lo incomprensible de la vida, pero que deja la puerta abierta al Espíritu. Hombre obediente que deja que la Palabra tome cuerpo en su propio corazón. «No temas, José». El miedo es el principio de la fuga, es lo contrario de la fe. José no presta oídos al miedo, confía. Se mantiene abierto al Misterio, se abre a lo que es más grande que él; él sabe que su corazón está hecho para la medida de Dios.

Después de las dudas y de los sueños, después de los ángeles y de las ansiedades, después de la dura prueba, José recibió a María. Como María, también él tiene que excavar en su corazón un espacio para acoger este hijo insólito. Dios siempre está excavando nuevas moradas en el corazón humano. La salvación es transcenderse y perder el sentido de las fronteras.

La prueba que José atraviesa pone a desnudo su corazón. Desde siempre, es este el sentido bíblico de la prueba: «Acuérdate del camino que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer durante estos cuarenta años a través del desierto, con el fin de humillarte y probarte, para ver si observas de corazón sus mandatos o no» (Dt 8,2).

En la prueba, caen las máscaras, se disuelven las ilusiones, emerge lo esencial. En la prueba, cada uno vale cuánto vale su fe, cuánto vale su amor. José, desnudo ante la prueba, descubre que efectivamente ama aquella mujer y que amar no es poseer. La amará, a ella y a su hijo, según los planes de Dios. En la prueba, su corazón se dilata y él descubre con serenidad y alegría interior que nada es suyo porque él ya es todo de Dios.

En este tiempo cuaresmal se nos ofrece José como guía: hombre que habita su morada interior, hombre del silencio, de la escucha y de la obediencia, hombre vigilante y sensible a las mociones del Espíritu, hombre de corazón tierno, hombre que sueña los sueños de Dios, hombre cuya secreta alegría es que en todo se manifieste la gloria de Dios.  

3 comentarios en “José, el hombre que sueña

  1. luisa dijo:

    Me fui de Sobrado muy conmovida, por la celebración de la Eucaristía y esta maravillosa homilía.
    Muchas gracias, también a toda la Comunidad.

  2. Ignacio Murga dijo:

    Agradecido hermanos por estos textos que ayudan a profundizar y sacar el néctar de la Palabra. Siempre atentos desde Venezuela pues compartimos y meditamos estos textos en comunidad. Al leer «José, el Hombre que Sueña», recordé un texto de un jesuita guatemalteco, Carlos Cabarrus, llamado «Orar tu propio sueño»…

    Pax

    • Monasterio de Sobrado dijo:

      Muchas gracias, Ignacio, por lo que compartes con nosotros.
      Nuestra comunión y nuestra oración en estos tiempos difíciles.

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