Solo el amor nos hace cristóforos

Noli me tangere | Marko Ivan Rupnik

En el largo discurso de despedida de Jesús a sus discípulos vemos las constantes referencias a permanecer en su amor: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en  mi amor… Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado».

Permanecer en su amor es permanecer fiel a su PALABRA. Amar su Palabra es hacer memoria de su vida y de la obra de Jesús de Nazaret, es reconocer que es el enviado del Padre, el santificado por el Espíritu. El amor que nos viene de parte de Dios en la persona de su Hijo siempre nos encuentra desprevenidos, es como un rayo que nos parte por dentro, que nos abrasa con su fuego, que no quema, pero que es doloroso porque purifica y nos prepara para ser portadores de su mensaje de Paz, de su Vida y de su Obra. Todo este proceso que se da en la vida del discípulo acontece de modo invisible pero real, concreto, experimentable, porque cada uno sabe lo que acontece dentro de sí mismo.

Jesús, no lo olvidemos, nos exhortó a que hiciéramos las obras que Él hizo, que fuésemos hombres y mujeres de corazón abierto, porque «nuestra apertura a los otros es nuestra apertura a Dios, porque Dios se solidariza a través de Jesús con los otros -y nuestra apertura con Dios y con el prójimo es la apertura de Dios con  nosotros y el mundo, porque Dios se solidariza con nosotros a través de Cristo (a través del misterio de la Encarnación) y quiere estar presente en el mundo a través de nuestro testimonio de amor. Por eso -como afirmaba el Maestro Eckhart- el ojo con el que vemos a Dios y el ojo con el que Dios nos ve es el mismo ojo» (T. Halik).

Estamos en un contexto de despedida. Jesús anuncia su partida al Padre y lo que nos está diciendo es que: el amor a su vida y a su palabra nos convierten en sacramento de su presencia en el mundo. Él será creído si somos portadores de su amor, y el amor nos convierte en Cristóforos, portadores de Cristo. Permanecer en su amor es mucho más que vivir y practicar una religión porque las religiones son creadoras de dioses imposibles que solo sirven para amargarle la vida a las personas y crear conflictos que no tienen nada que ver con Dios ni con Aquel que pasó por el mundo haciendo el bien; tampoco con la necesidades de millones de hombres y mujeres que están viviendo al límite de sus vidas. Aquello que un día fue BUENA NUEVA, porque anunciaba a las gentes el amor insondable de Dios, se convirtió para muchos en mala noticia de un dios amenazador que es rechazado casi instintivamente porque no deja vivir. Jesús nos lleva por otro camino: el del Amor que engendra la mirada interior.

Con mucha frecuencia deberíamos hacer memoria del modo de mirar de Jesús, Él miraba desde el corazón, no con la fría mirada de la Ley. Su mirada era la mirada de Dios sobre el mundo. No es lo mismo leer las Escrituras con la cabeza que leerlas con el corazón. La lectura desde el corazón nos abre a la mirada interior para ver lo que para otros está cerrado por la dureza de su corazón. Recordemos la comida de Jesús en casa de Simón el fariseo. Cuando entra la mujer “pecadora”, los fariseos y los maestros de la Ley, los que estudiaban las Escrituras, solo ven en ella impureza y pecado. Jesús la mira con los ojos de Dios que es la mirada de un corazón limpio y solo ve mucho amor y dolor.

Permanecer en el amor de Jesús nos abre a un horizonte inmenso que nos lleva a vivir pendientes de su memoria. No podemos construir nada sin tenerlo presente, Él nos lo dejó dicho: «Separados de mí no podéis hacer nada»; «El que no recoge conmigo, desparrama». Son dichos de Jesús siempre a tener en cuenta. Nada en la Iglesia y en las comunidades eclesiales se debe hacer fuera del espíritu del Evangelio y el espíritu evangélico va impregnado de la paz ofrecida por Jesús a todos los trabajos a realizar  en medio de la sociedad, una paz que se ofrece con alegría, como cuando le dice a los discípulos enviados por Galilea: «Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz».

Amar y guardar la palabra de Jesús de Nazaret nos capacita para ser hombres y mujeres que no se quedan en la mera apariencia de las cosas sino que van a la raíz profunda en donde se generan los miedos, el dolor, el odio, el amor, la frustración, la alegría, la tristeza… La guarda del corazón con la fuerza de la Palabra es el arcón donde el padre de familia guarda lo viejo y lo nuevo, rechazando lo caduco y lo que se quiere vender como nuevo pero es mera apariencia y no tiene ningún valor evangélico.

Sabemos y tenemos la experiencia en la historia del cristianismo y en los demás credos religiosos que la paz no se pude imponer, que no se pude dar nunca donde hay resentimiento, discriminación, intolerancia y dogmatismo. El camino de la paz de Jesús es distinto al que ofrece el mundo. Los portadores de la paz de Jesús no son difíciles de reconocer porque la llevan en su interior y la reflejan en su mirada, en su porte exterior. Ellos buscan siempre el bien de todos, no excluyen a nadie, respetan las diferencias, no alimentan agresión, fomentan lo que une, nunca lo que enfrenta y separa. Siempre tienen la mano tendida al diálogo, no se consideran poseedores de verdades absolutas e inamovibles. Son hombres y mujeres poseídos por el Espíritu de Dios. Él es su Maestro interior, es el que da un corazón que sabe escuchar, comprender, respetar, acoger, perdonar y construir en justicia. Porque los amigos de Dios saben que fueron escogidos para hacer las obras de Dios y esa es la  alegría que colma el corazón de los seguidores de Jesús.

6 comentarios en “Solo el amor nos hace cristóforos

  1. Beatriz dijo:

    Muchas gracias!!!!
    Después de leer esta enseñanza ¡ cuántos defectos me veo ! … y me llega al corazón esa bellísima palabra de San Juan De la Cruz, “ al atardecer de la vida nos examinarán del Amor “.
    “. Las aguas caudalosas no podrán apagar el amor, ni anegarlo los ríos “ ( Ct 8, 7 ).
    María, Reína del Cister, danos un corazón semejante al tuyo.

  2. pedro garciarias dijo:

    Gracias y ¡BENDITO sea! el que inspiró y al que escribió tan hermoso texto, la pasión de estas palabras levantaría a un muerto.

  3. Mane dijo:

    Cuando amamos se manifiesta lo divino. El gran mandamiento de Cristo es amarnos, con un amor que nos lleve a colaborar y hacer.
    Mirar desde el corazón!! Gracias por esta magnífica reflexión

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