Pentecostés

Celebramos hoy la solemnidad del Espíritu Santo, que nos llena de gozo y despierta nuestro fervor. Sin el envío a los Apóstoles, como se nos narra hoy y a las gentes numerosas de otros países, el día de Pentecostés, el mensaje dejado por Jesús no habría tardado mucho en perderse o adulterarse. “Es necesario que yo me marche para enviaros el Espíritu Santo que os recuerde todo lo que yo os he dicho y os conduzca a la verdad plena”.

El Espíritu Santo es lo más tierno de Dios. Dios todo bondad y Dios en persona. Si celebramos las fiestas de los santos, con mayor motivo la de aquel por el que aquellos existen. Si ensalzamos los santificados, mucho más lo merece el que los santificó. Hoy es la fiesta del Espíritu Santo, porque se hizo visible el que es invisible. Lo mismo que el Hijo, siendo de por sí invisible, quiso manifestarse visible en la carne. Es el que abre el tiempo del crecimiento de la Iglesia. El que dio la fuerza a los discípulos, la “Parresía” para llevar a cabo esa acción incomprensible a nivel humano de la conversión del moribundo Imperio Romano y el que desde entonces no solo guía la Iglesia sino lo profundo de nuestros corazones, llenándolos de sus dones y frutos.

¿Quién es el Espíritu Santo? el Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Trinidad que Procede del Amor reflejado entre Dios Padre y Jesús su Hijo y es el Señor y dador de Vida y nos es dado como un Regalo, como un Don Sagrado a todos nosotros los hombres, a través de un encuentro personal con Él.

 En el Cenáculo el Espíritu nos enseña la lengua común del amor, de la unidad y de la entrega. Cada uno puede entender y proclamar en su lengua materna las maravillas que Dios hace por él. Esa es la misión de la Iglesia que el Espíritu le manda llevar a cabo. Para que la Iglesia sea universal  debe asumir la lengua, las costumbres y la civilización de cada pueblo. Así se rehace la unión que en Babel se había destruido por la confusión de lenguas.

Antes de la Ascensión Jesús había prometido a sus discípulos que no les dejaría solos, y hoy en la intimidad del pequeño grupo se les aparece y cumple su promesa. Cambia su tristeza en alegría, su dolor y fracaso en perdón y les comunica el maravilloso don de la paz y del perdón. Sopla sobre ellos y como en la creación los vuelve a hacer, como al Adán de barro, vivientes, es decir llenos de vida y pone además en su corazón el deseo imperioso de comunicar lo vivido.

María perseveraba en el cenáculo en la oración con los discípulos aguardando la promesa del Señor unida a los apóstoles, cumpliendo ante todo su misión de madre de los discípulos, que Jesús le dio desde lo alto de la Cruz, pero además su presencia tiene un significado particular, pues San Lucas deja ver una analogía entre la bajada del Espíritu Santo sobre María en la Anunciación y sobre la Iglesia en Pentecostés. El Fiat de María en la Anunciación, supuso el vaciamiento total de su yo, para dejar paso a la acción del Señor. Pablo d’Ors escribe sobre la actitud de María en la Anunciación y que tiene una prolongación clara en su presencia en el Cenáculo. “María al decir Fiat dijo, Hágase, me entrego. Esa fue su virtud: dijo si a todo lo que le llegó, también a lo que no entendía. No se resistió. Se alegró de formar parte de algo más grande que ella. Ese olvidarse olvidarse del ego para empezar a vivir como canal, ese perderse para que exista otro, para que exista todo, es lo que se conoce como iluminación. Iluminarse es eliminarse, se ha escrito.”

Esa exactamente tiene que ser nuestra actitud especialmente hoy. Para poderse llenar del Todo es preciso vaciarse del todo. Decir un fíat, hágase tu voluntad, sobre un ego sum, yo soy.

El Apóstol Pablo concluye su Carta a los Romanos con este deseo: «Que el Dios de la esperanza os llene (porque os habéis vaciado de todo)de alegría y de paz en la fe, para que la esperanza sobreabunde en vosotros por obra del Espíritu Santo» (15,13). El soplo del Cristo resucitado sobre María y los discípulos es el Espíritu Santo quien por medio de ellos llevará su perdón a toda la humanidad.

El principal problema de la Iglesia en nuestro tiempo, dice Rahner, es su mediocridad espiritual. Seguir caminando con resignación y aburrimiento cada vez mayores, caminos comunes de mediocridad espiritual”. Esta venida del Espíritu Santo nos recuerda la obligación de vivir desde el interior de nuestro yo renovado continuamente por la meditación de su palabra. Es preciso abrir rendijas en nuestro corazón para dejarle pasar y escucharle. Por otro lado esa presencia del Espíritu en nuestro corazón ha de ser completada con ese otro mandato del Señor: lanzarlo hacia fuera a través de nuestra palabra pero sobre todo de nuestro comportamiento.

Nos deberíamos preguntar ante la palabra de hoy si este Pentecostés íntimo que es la presencia del Espíritu en nuestro corazones significa realmente un aliento nuevo para luchar ante el mal, para salir de nuestras muertes continuas, para nuestra desafinación espiritual, para recobrar el camino olvidado a veces de encuentro con el Señor y su palabra en el silencio de nuestra plegaria. Si proporciona una visión universal a nuestra vocación monástica, por la oración e interés por el mundo en que vivimos y nos  lleva a la paz y la reconciliación y el perdón.

Que esta fiesta de Pentecostés nos encuentre concordes en la oración, con María, la Madre de Jesús y nuestra. Y el don del espíritu Santo nos haga sobreabundar en la esperanza.  Que nos haga derrochar esperanza con todos aquellos que son los más necesitados, los más descartados y por todos aquellos que tienen necesidad. Dejemos de lado el aburrimiento, el cansancio y el desánimo y roguémosle que nos llene de Vida, de amor, de paz y de armonía, en nuestro interior para contagiarlo para contagiarlo también a todos.

6 comentarios en “Pentecostés

  1. Francesc dijo:

    Gracias por animarnos en el Espíritu a salir de nuestras muertes continuas. Hoy es la fiesta que nos dice que salgamos de zona de sombras a la luz del Resucitado, que abre un nuevo espacio de luz y de libertad. Muy feliz final de esta Pascua 2021.

  2. Beatriz dijo:

    Muchas gracias!
    “ la lengua común del amor, de la unidad y de la entrega “ es el corazón… , es el Espíritu Santo en nosotros el que nos lleva a hablar desde el corazón … y así es muy fácil entenderse…
    “ El beso del Esposo, Dios, es poder experimentar su rostro clemente y su dulzura “. ( Angelus Silesius).

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