El inmenso poder del contacto amoroso

Obra de Rima Salamoun | 2006

Un jefe de la sinagoga, llamado Jairo, al ver a Jesús, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: ‘Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva’.

La escena nos conmueve y nos llega hasta las entrañas. El anuncio de la muerte, la posibilidad de perder a alguien querido, nos halla siempre desprevenidos. Incluso aunque no sea la muerte física misma, siempre que la vida nos pone en trance de despedida, sufrimos por ello. El dolor y la tristeza aparecen con toda su majestad y hondura. La tristeza es como una de esas visitas pesadas e inoportunas que nunca tienen prisa por marcharse. Nos deja prostrados en la desolación, deforma nuestras percepciones, seca la vida, mata el crecimiento, marchita el Espíritu.

A alguien que se encuentra hundido, le resulta difícil comunicarse, encontrar a quien verdaderamente le escuche y acoja serenamente su llanto. Solemos asustamos cuando vemos llorar a otros y, por eso, enseguida tratamos de distraerlos. Pero cuando damos falsos consuelos, dejamos al otro más hundido en su aislamiento.

Jesús con su asombrosa cercanía amorosa, tiene poder para rescatarnos del aislamiento tóxico al que confina la tristeza y que nos obliga a vegetar y a vivir paralizados por un sentimiento de orfandad que nos atrapa en el círculo vicioso de la autocompasión. Jesús nos sostiene mientras aguantamos el tirón de la desolación, nos enseña a llorar tiernamente hasta poder despedirnos, nos acompaña en la espera confiada del alumbramiento de lo nuevo y nos ayuda a descubrir la sabiduría de vida nueva que encierra cada pérdida. ¡Contigo hablo… levántate!

Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años… acercándose por detrás tocó el manto de Jesús… y notó que su cuerpo estaba curado.

En tiempos de Jesús, estaba en vigencia lo que dice el Levítico: la mujer permanecerá impura cuando tenga su menstruación o tenga hemorragias; todo lo que ella toque quedará impuro, así como también quien entre en contacto con ella. Esta mujer necesita, como el aire que respira, del contacto físico, de alguien que propicie un encuentro de corazón a corazón. Vivimos cautivos del miedo, bloqueados, a la defensiva, revestidos de una coraza protectora que nos mantiene al resguardo de innumerables amenazas, presos de la desconfianza.

El contacto con Jesús, su abrazo que lo abarca todo, nos autori­za plenamente a ser nosotros mismos, con nuestras limitaciones y nuestra incapacidad. Palpamos su amor gratuito, inmerecido y nos sentimos amados incondicionalmente en nuestra debilidad, que no solo no impide que Dios nos ame, sino, todo lo contrario. Cuando tomamos contacto con Jesús, de corazón a corazón, somos realmente capaces de aceptarnos a nosotros mismos y podemos vivir con el ánimo sereno. Sencillamente, podemos ser como somos, al vernos liberados de esa obligación desesperante y te­rrible de tener que ser personas de bien para poder ser amados.

Agradecemos esta buena noticia de saber que, si nos acercamos a Jesús, de corazón a corazón, con el atrevimiento de tocar, si quiera, su manto, seremos alcanzados por la fuerza sanadora de su cercanía amorosa y palparemos que ‘alguien hay aquí’ que nos cura afectiva y realmente, para que vivamos confiados, despiertos, en pie… agradeciendo el don de la Vida, presente en todo y en todos.

7 comentarios en “El inmenso poder del contacto amoroso

  1. Beatriz dijo:

    Gracias !!!! La enseñanza de hoy es un escáner de lo que sucede en nuestra alma, en algún momento de nuestra historia en el camino de la Fé. ¡¡¡ Qué bueno es Jesús!!!! …. está siempre atento y dispuesto a ayudar… Que Él nos regale el don maravilloso de poder ayudar a otros a experimentar la Fé en Él, en Jesús, el único que siempre, pase lo que pase, permanece fiel.

    Por cierto ¡ enhorabuena por la cerveza! … le compré una caja a la comunidad de San Isidro de Dueñas y ¡ excelente! , sin duda, para repetir.

  2. Carlos Martín dijo:

    Aunque no son palabras del Evangelio de hoy, sí quisiera recoger unas palabras de la lectura del Libro de la Sabiduría de hoy: » … Dios no hizo la muerte ni se alegra con la destrucción de los vivientes.El lo creo todo para que subsisitiera: las criaturas del mundo son saludables, ni hay en ellas veneno de muerte ni el abismo reina sobre la tierra, porque la justicia es inmortal». No deberíamos tener tan mala memoria ni caminar tan y tan extraviados. Gracias

  3. Mane dijo:

    A Jesús le importa la persona porque es lo único real. Creo que esto lo hemos olvidado y hemos sacrificado a la persona en aras de la institución. Hoy también es nuestra principal tarea. ¿Yo vivo en actitud de ponerme en pie y de ayudar a vivir? De corazón a corazón!!
    Gracias por compartir esta magnífica homilía llena de amor y ternura. Es lo que hacía Jesús!!

  4. vicenta rúa dijo:

    Necesitamos estas palabras de libertad, misericodia… y calidez. Cuando yo era joven no las encontraba, y aún ahora deben escasear. Gracias.

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