Construir la casa común

Deserto – Éxodo | Enrique Mirones, monje de Sobrado | 2002

Cada comienzo del sacramento cuaresmal como preparación a la Pascua tiene siempre unos matices concretos que los acogemos cada uno en nuestro corazón. Cada uno los vive desde su singularidad, pero nunca debemos olvidar que formamos parte de una comunidad en la que repercutirá de un modo muy especial nuestra vivencia personal.

Hay una llamada a la conversión, no una conversión en abstracto sino que se nos pide una respuesta que nos haga salir de nosotros mismos al encuentro del sacramento del hermano y de la comunidad. Los criterios de  esta conversión son claros: Hay que dar frutos de penitencia, pero esta debe fraguarse en el interior. Rasgar el corazón es un acto de valentía, es un dolor que purifica nuestro ser y llena de luz los ojos de nuestro corazón para descubrir el abandono que pueda haber en nosotros de los valores esenciales que construyen la vida de una persona y de una comunidad. Se nos pide pasar de lo universal a lo concreto. Es fácil hacer referencia a los problemas del mundo, pero no está en nuestras manos solucionar esos problemas. Por eso se nos llama a adentrarnos en lo concreto de nuestra vida para que nuestra pequeña aportación se una a las pequeñas aportaciones de otras personas y de otras comunidades.

Lo concreto para nuestra pequeña comunidad monástica de Sobrado es nuestra conversión a la comunidad, conversión a nuestra casa. Eso significa sentir a los Hermanos y sentir la Casa como el espacio sacramental en el que vivimos y nos relacionamos. Por eso el fruto de nuestra conversión cuaresmal será amarlo, cuidarlo, mimarlo, valorar el trabajo comunitario, valorar el trabajo individual. Que ese sentimiento de sentirnos Comunidad Pobre, Orante y Fraterna, no sea un eslogan bonito cara a la galería, sino el sentimiento que nos mueve y que crea comunión. Dejar el individualismo, los espacios que nos creamos cada uno y que consideramos “sagrados”. Abrir las puertas para salir de nuestro encierro y vivir en la comunidad construyendo una VÍA SACRA en donde celebramos la marcha por los caminos de la comunión que engendra ilusión y esperanza. Que sintamos la alegría de vivir juntos un proyecto común que llene de ilusión a los que el Señor vaya agregando a nuestra comunidad.

Este, creo, es un buen camino de reconciliación, nos lo dice San Pablo: «Os lo pedimos por Cristo: dejaos reconciliar con Dios». Y Dios, hermanos, no habita en cielos extraños, habita en cada uno de nosotros. Por lo tanto, la conversión nos llama a sentirnos, a querernos, a respetarnos, a valorarnos y a renunciar a nuestros egoísmos.

El Señor nos dice por medio del profeta Isaías: «No me traigáis más dones vacíos». Y Jesús en el Evangelio nos alerta sobre la hipocresía que puede esconderse en las prácticas religiosas y ascéticas. En la sencillez de las pequeñas cosas que solo ve el Padre construiremos nuestro ideal: ser una Comunidad Pobre, Orante y Fraterna.

5 comentarios en “Construir la casa común

  1. Pedro Garciarias dijo:

    Cuánto me gusta y me ilumina el texto, gracias, sí que todas nuestras casas sean de familias o de familias monásticas, sean esos espacios sagrados, sacramentales y que el Espíritu Santo nos conceda caminar por esa VIA SACRA sirviendo siempre con la humildad y paciencia de Jesús. De nuevo, gracias por el envío.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.