Solo el amor nos hace cristóforos

Noli me tangere | Marko Ivan Rupnik

En el largo discurso de despedida de Jesús a sus discípulos vemos las constantes referencias a permanecer en su amor: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en  mi amor… Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado».

Permanecer en su amor es permanecer fiel a su PALABRA. Amar su Palabra es hacer memoria de su vida y de la obra de Jesús de Nazaret, es reconocer que es el enviado del Padre, el santificado por el Espíritu. El amor que nos viene de parte de Dios en la persona de su Hijo siempre nos encuentra desprevenidos, es como un rayo que nos parte por dentro, que nos abrasa con su fuego, que no quema, pero que es doloroso porque purifica y nos prepara para ser portadores de su mensaje de Paz, de su Vida y de su Obra. Todo este proceso que se da en la vida del discípulo acontece de modo invisible pero real, concreto, experimentable, porque cada uno sabe lo que acontece dentro de sí mismo. Sigue leyendo

El labrador, la vid y los sarmientos

Fotografía de Manuel Torres Garcia en Unsplash

Una anécdota y un consejo

Hace años un amigo tuvo que predicar este domingo en un pueblo de la Axarquía malagueña, donde los hombres estaban acostumbrados a ir todos los días al bar a tomar una copa de vino. Un sitio ideal para hablar de la vid y los sarmientos. Sin embargo, cuando terminó la misa, le preguntaron llenos de curiosidad: “Padre, ¿qué es la vid?” En aquel pueblo a las vides las llaman cepas. No se habían enterado de nada.

Experiencia parecida tuve yo la primera vez que di charlas bíblicas en Centroamérica. La gente nunca había visto una vid o un olivo. Por desgracia, Jesús nunca contó la parábola del buen cafetero.

Lo primero que debe preguntarse el que vaya a tener una homilía este domingo es si la gente entenderá una parábola contada en una cultura campesina y mediterránea. En nuestros días, Jesús probablemente habría contado otra muy distinta en la forma, aunque idéntica en el fondo. Una parábola en la que el Padre es un informático, Jesús la corriente eléctrica y nosotros ordenadores (computadoras) que no pueden funcionar si no están conectados a él. Incluso a los que funcionan bien, el Padre los limpia a fondo para que funcionen mejor. Pero esta adaptación, aparte de ser mucho menos poética, comete el mismo error: quien no viva en una cultura tecnológica no la entenderá; y dentro de unos años, cuando los ordenadores no necesiten estar conectados a la red, la parábola perdería su sentido. Más vale atenerse a la imagen original. Sigue leyendo

El bello pastor que nos hace libres

«Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la gracia.» (Sal 44,3)

El adjetivo griego Kalós solo secundariamente significa “bueno”, teniendo como sentido primario “bello”. Sería más correcto decir “el bello pastor”. «Yo soy el bello pastor» (Jn 10,11). Bueno y bello dicen, a la vez, el ser de Dios y la vocación humana: «cuando él se manifieste seremos semejantes a él» (1 Jn 3,2). Dios se manifiesta en la bondad y en la vida bella de Jesús. Se manifiesta y nos seduce.

Jesús es el pastor bello porque es el pastor de prostitutas y de publicanos, de los que se sienten condenados por sus propios errores, de ladrones y corruptos, de fracasados y de despreciados, de los dominados por sus demonios… porque ve más allá de las apariencias, ve con el corazón, y por eso sabe que cada ser humano es pura belleza. Hace de todo para recuperar una vida, para poner de manifiesto la belleza de cada uno. El bello pastor va en busca de todo lo perdido y de todo lo esclavizado porque él es el pastor que nos hace libres. Deja las noventa y nueve ovejas y va en busca de una que se ha perdido. Su corazón se conmueve con todos los que se pierden. Sigue leyendo

Anunciar la Resurrección

Obra de Alfred Manessier | 1963

Si nuestros corazones son lentos o tienen dificultades para creer, reténganos la alusión que el Evangelio de hoy hace al encuentro de Jesús con los discípulos en el camino hacia Emaús. Así mismo retengamos la rotunda afirmación de Juan que nos recuerda que el amor de Jesús por nosotros que somos pecadores es la suprema garantía de nuestro perdón y el amor de Dios ha llegado en el a la perfección.

Anunciar la Resurrección de Jesús no es proclamar la victoria inevitable de la vida sobre la muerte o transcribir en términos religiosos la experiencia corriente de que toda obra duradera se da a luz en el sufrimiento o el olvido o la muerte de sí mismo. No se trata tampoco de una teoría abstracta ni de una ley moral. Sigue leyendo

Sólo tú, Señor, me haces vivir tranquilo

Pascua | Enrique Mirones | 2017

Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: Paz a vosotros.

Vivir en paz, entendido como ausencia de conflicto, es una de nuestras aspiraciones prioritarias: la necesidad de deshacerse de la pesada carga de soportarse a sí mismo, de esa inquietud enajenante que es un sentimiento envolvente de división y dispersión. Uno quiere quitarse de encima el malestar de la agitación y se aplica con todas sus fuerzas a no ser perturbado para permanecer con buenas sensaciones. Resulta costosísimo mantener así esta situación durante mucho tiempo, ya que es del todo imposible tenerlo todo controlado. Fácilmente se pierde eso que llamamos paz y aún así se desea reconquistarla al precio que sea.

Nuestro anhelo de paz está contaminado desde su raíz por la búsqueda de lo que es gratificante, cómodo, todo lo que aleja del sufrimiento y del dolor. Nos gustaría hacer a Dios a la propia medida, domesticarlo, que sea proyección de los deseos más legítimos y que satisfaga nuestras necesidades: sentirse bien, tranquilo, sin problemas, sin conflictos. ‘Confundimos los consuelos de Dios con el Dios de los consuelos’. Dios queda reducido a un sentimiento, a una experiencia fragmentaria, asentada en una afectividad superficial. Pero no podemos llevar a Dios a nuestro terreno, más bien tenemos que ir sintonizando con su ‘onda’, como Jesús, el cual cuando vino a este mundo, dijo: aquí estoy para hacer tu voluntad. Jesús, el que hizo la paz por la sangre de su cruz. Sigue leyendo

Todos invitados al banquete

Farm Garden | Gustav Klimt | 1905-6

«Que se regocijen los cielos, que la tierra se llene de alegría, que el universo celebre la fiesta, el universo entero, el visible y el invisible, porque Cristo, la alegría eterna ha resucitado» (San Juan Damasceno).

Venid todos los hombres, todos los bautizados, a celebrar la fiesta de las fiestas, la fiesta de la vida, el gozo de la esperanza, la firmeza de la fe, el triunfo del amor que venció a la muerte y al pecado. Venid y sed testigos hasta los confines de la tierra de que la tiniebla se ha convertido en luz, el llanto de gozo, la muerte en vida. Venid y entre cantos de júbilo, llamad a todos los hombres que no saben, no se atreven o no quieren participar en nuestro gozo de hombres redimidos. Llamadlos, salid a los caminos porque todos están convidados al banquete de bodas y decidles que nuestra fiesta también es su fiesta.

Venid los creyentes que no creéis en Cristo y mirad al que os aguarda al final del camino para dar descanso a vuestros desvelos, a vuestras penas y fatigas y a recoger vuestros trabajos en favor de vuestros hermanos. No tengáis miedo, vosotros no lo conocéis pero Él os conoce a vosotros y os llama por vuestro nombre y quiere que participéis de nuestra fiesta que también es vuestra fiesta. Sigue leyendo

Hoy queda libre nuestra libertad

¡Jesús ha Resucitado! ¡Aleluya!

 En el Gólgota Dios experimenta humanamente la ausencia de Dios, el silencio de Dios, así como esta sed febril en el vacío donde hoy nos hallamos todos…

 …En el Gólgota, es como si Dios contra Dios se pusiera de parte del hombre. Como si Dios fuera, paradójicamente, a-teo. Pero entonces, por todos nosotros, por ti, por mi, se abre un poco nuestro corazón, este viejo corazón rebelde, angustiado, o simplemente indiferente, entonces la voluntad humana de Jesús se encomienda con infinita confianza a la voluntad del Padre. Entonces, en esta obediencia humana soberanamente libre, se desata la tragedia de la libertad humana. Entonces queda libre nuestra libertad. Y entonces todo se invierte. Toda la desesperación y el sufrimiento humanos que se interponían entre Dios y Dios son asumidos y como consumidos en la unidad del Padre y del Hijo: el infierno y la muerte se esfuman como irrisoria gota de odio en el abismo de fuego de la divinidad. La muerte cambia de signo, se convierte en etapa de una metamorfosis, las puertas del infierno son derribadas y entra la luz del Tabor… Sigue leyendo

Silentium

La esperanza florece con fe en el surco del amor

Jesús muere en la cruz (det.) | François-Xavier de Boissoudy

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Es la expresión de quien está al borde de la desesperación. Desde el vacío más abisal, tras tres horas de agonía en la cruz, minutos antes del desenlace fatal, Jesús clama al cielo. De su espíritu irrumpen terribles interrogantes, la más temible tentación que alguien pueda sufrir: ¿Fue absurda mi fidelidad? ¿Fue sin sentido la lucha sostenida por la causa del Dios de la vida, de los pobres y de la libertad? ¿Fueron inútiles los peligros que corrí, las persecuciones que tuve que soportar, el humillante proceso difamatorio, la condena judicial y esta indecible crucifixión que ahora estoy sufriendo? ¿Fue todo en vano?.

La vida es difícil y dolorosa. Una y otra vez te ocurren situaciones dolorosas. Dios te pone frente a frente con el misterio de tu vida. Tu corazón, tomado por sorpresa, no logra aceptarlo y se subleva. Y el Padre te invita a aceptar el estremecimiento de tu corazón. Dios no se asusta de la lucha por domar tu corazón a fin de prepararlo para la entrega. El Padre acepta tu queja, tu protesta, y hasta la blasfemia contra Él o contra todo lo tuyo. Porque el Señor Dios, como todo viejo domador, conoce que la mejor entrega es aquélla en la que antes ha probado la incapacidad de resistir, de agotar todos los recursos para acabar depositando confiadamente todo tu brío en Él. En situaciones así sólo te queda una actitud humana razonable: sembrar con fe en el surco del amor para que poco a poco vaya creciendo la esperanza. Sigue leyendo