La alegría de las Bienaventuranzas

¿Qué son las Bienaventuranzas? No son una moral, ni una filosofía, nada de eso. Las Bienaventuranzas expresan sencillamente la experiencia de Jesús. Y la experiencia de Jesús como hombre hay que situarla en Nazaret. El pueblo donde vivió toda su vida fue lo decisivo de cara a su experiencia. Es lo que llamamos la ‘vida oculta’, -la ‘vida pública’ no es ni la punta del iceberg: unos dos años. En efecto, en Nazaret vivió prácticamente toda su vida, y la vivió con los ojos muy abiertos, captando al milímetro lo que era el ser humano, lo que era la vida. En Nazaret, como uno de tantos, en la monotonía de un pueblo sin horizontes, con el aburrimiento que provoca la cotidianeidad en un contexto sin expectativas. Sólo desde esa situación precaria podía extraer una experiencia válida para toda persona. De haber vivido en unas circunstancias privilegiadas, no servirían sus experiencias para la mayoría.

Pero las Bienaventuranzas no son sin más una experiencia, sino la apuesta, desde esa vida cotidiana y monótona (la que él vivió en Nazaret), por aquello en lo que toda persona coincide: ser feliz, la plenitud en la realización personal. Todos coincidimos en esta búsqueda. Otra cosa es que nos equivoquemos, metamos la pata…, pero nadie quiere ser un ‘desgraciado’, aunque de hecho podamos llegar a serlo. En efecto, las ocho Bienaventuranzas empiezan con la misma palabra: bienaventurados (que otros traducen dichosos, felices…), dando por seguro que su apuesta es válida.

Curiosamente, algo en lo que todos coincidimos -buscar la felicidad- ¡qué pocos logros tenemos! En efecto, al convertir la felicidad en una ‘obligación’, caemos en la frustración. La felicidad, por tanto, no la tenemos asegurada ni la podemos asegurar. Entre otras cosas porque la concebimos negativamente, es decir, como la ausencia de todo aquello que pueda impedirla. Y como las circunstancias siempre están ahí y no podemos controlarlas, ni acomodarlas a nuestro antojo, ‘nuestra’ felicidad siempre estará amenazada. Por tanto, si en las condiciones óptimas que vivimos en nuestro Primer Mundo, no acabamos de estar satisfechos, ¿no será que no tiene sentido siquiera plantearse el tema? Las “bienaventuranzas” que nosotros soñamos parece ser que no hay posibilidad de alcanzarlas. Este dato lo tenemos ya.

Sin embargo, Jesús apuesta decididamente por unas Bienaventuranzas, por la felicidad del ser humano. En ellas no describe su felicidad particular, sino una oferta a toda persona. Ésta choca con nuestras “bienaventuranzas” privadas que como hemos comprobado no parecen cumplirse, mientras la apuesta de Jesús sigue resultándonos un disparate. Esta noche podemos decir que Jesús estaba loco, tenemos todo el derecho para decirlo. Ahora bien, esta noche también ya tenemos un dato: que nuestra apuesta no es válida, mientras la apuesta de Jesús ni nos le hemos planteado. ¿Y si el Evangelio fuese verdad?

Adolfo Chércoles (Las Bienaventuranzas)