Tienes que no amilanarte cuando encuentres en la vida diaria dificultades físicas, mentales, emocionales en ti mismo o en los demás. Esto te abre a un conocimiento más profundo de ti mismo, y a una entrega más profunda a Dios.
Finalmente, es posible que te enfrentes a lo que es quizá más difícil para alguien que sinceramente está buscando a Dios: la incapacidad de superar tus faltas, quizás, incluso, tus pecados. Pero una vez más, según la parábola de la levadura, el Reino está precisamente ahí y quizá lo que tengas que hacer es aceptar la humillación de no ser tan bueno como querrías ser. Haces las cosas lo mejor posible, confiando hasta la audacia en la bondad del Padre, con confianza ilimitada en el amor de Dios y en el poder de ese amor de actuar en ti para sanar las heridas de toda una vida y curar las de tantas otras personas alrededor tuyo. No eres tú, sino el amor de Dios en ti quien es el poder sanador que no tiene límites. No está limitado a la curación física, emocional, ni siquiera a la curación espiritual. Es, más bien, la curación del amor, que es la sanación máxima y que establece la caridad en nosotros para que, a pesar de nuestras dificultades, continuemos siempre mostrando amor, perdón, siendo capaces de construir en vez de destruir, de tener misericordia.
Thomas Keating (final del video 3 de «Transformación en Cristo según Santa Teresa de Lisieux»)





