La oración: comunión en la intimidad

Una de las transformaciones que experimentamos, al hacerse más profunda nuestra oración, es nuestra intuición de la unidad de la raza humana y, de hecho, de toda la creación. Al sumergirnos en nuestro ser más íntimo, entramos en contacto con el ser más íntimo de todos los demás. Aunque cada uno de nosotros conserva su identidad como persona, inevitablemente nos conectamos con el Dios-hombre, que ha asumido en sí mismo a toda la familia humana, de forma tal que es la realidad más íntima de cada uno de sus miembros. Y así, cuando oramos desde el espíritu, en nuestro ser más íntimo, estamos orando, por así decirlo, en comunión con el espíritu de todos los demás

Thomas Keating

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