Dios emerge del universo porque está permanentemente dentro de él, como creador, sustentador, relacionador y motor que anima e impulsa el cosmos todavía en proceso de génesis. Está presente en todo proceso y en toda etapa. Es la inmanencia del Creador en todas y cada una de las criaturas.
Pero la afirmación inversa es igualmente verdadera: todas las criaturas están presentes dentro del Creador. Sin perjuicio de la diferencia existente entre el Creador y la criatura, ambos se interpenetran y están en permanente comunión.
Para referirse a esto, la tradición teológica cristiana acuñó un término difícil de traducir: la perijóresis de Dios y el mundo.
Perijóresis significa que el Creador y la criatura se interpenetran de forma tal que no solo se refuerza la trascendencia de Dios frente a la inmanencia de la creación, sino que una siempre está presente en la otra, aunque no son lo mismo. Esta presencia mutua saca a la luz la transparencia, categoría intermedia entre trascendencia e inmanencia. Se trata de la trasparencia dentro de la inmanencia, de donde se sigue que el Creador y la criatura son trasparentes el uno para el otro: quien ve a uno ve al mismo tiempo al otro.
Leonardo Boff en «Camino hacia la unificación»





