
Para la primera comunidad cristiana, Jesús es el ‘esposo’ del pueblo; Juan es sólo ‘el amigo del esposo’, quien le prepara el camino, el precursor. Con estas imágenes se trató de zanjar la polémica que mantenían con los seguidores del Bautista, en torno a la preeminencia de uno de los maestros sobre el otro. Es cierto que Jesús fue bautizado por Juan, lo cual significaría un reconocimiento de la autoridad de este último. Pero, a diferencia de él, es realmente el maestro de Nazaret quien bautiza, no con agua, como Juan, sino con Espíritu Santo. ‘Bautizar con Espíritu Santo’ significa comunicar la misma vida divina, ‘hacer nacer’ de Dios, es la imagen de una ‘vida nueva’, es la misma vida de Dios en nosotros.
Misterio del Amor: en medio del silencio, el Verbo se encarnó. Jesús de Nazaret viene desde la impotencia de su pueblo, es la Palabra hecha carne que nace del Silencio, el Ungido, el Enviado del Padre: yo procedo y vengo de Dios, no de mí mismo. El Padre es el que me ha enviado (Juan 8, 42) Misterio del Amor.
El silencio nos pone en contacto con Dios. La bondad de Dios que se nos ha aparecido, puede presenciarla quien ha descendido al silencio. En el silencio se da el encuentro de los humano y lo divino. Y en este encuentro, el silencio, antes que palabra, es origen de voz. El ser imagen de Dios, el ser criatura, sólo puede percibirse en el fondo del silencio. Sin silencio, la entrega se muda en búsqueda de gratificación. El tú desaparece y se hace objeto. La relación se trueca en uso, abuso o mal uso y el amor se convierte en deseo. La fiesta en diversión o ´tiempo libre´ a llenar. La vida se convierte en ‘repertorio de posibilidades’. La muerte un final, en lugar de una consumación o plenitud. Sin silencio, es inviable la confianza, la esperanza y el amor arraigados.
Nuestras biografías, en general, se despliegan sin contar con el silencio. La existencia se vive como un ‘quehacer’, se pierde la vivencia de la vida como envío, como vinculación y como arraigo en algo que la rebasa. Surge el dualismo de vida espiritual y vida de acción, el cuerpo queda olvidado – y, si se le recuerda es para condenarlo o para adorarlo-, y se pierde la unidad de cuerpo, alma, espíritu, razón, corazón y tripas. Nos quedarnos con una biografía mutilada, y por eso hablamos tanto de ampliar nuestra conciencia. Nos hemos quedado sin el silencio de la palabra. Hemos perdido el valor de alcanzar la palabra por el silencio, y el silencio por la palabra. Soledad, silencio y biografía van unidos inseparablemente. Mi vida brota y se hace y se configura desde el silencio y desde el desierto. Aquí está el secreto de una biografía modelada por la palabra del silencio.
La verdad sube desde el silencio del ser a la tranquila y terrible presencia de la palabra. Y en tanto que la verdad de la palabra se sumerge de nuevo en el silencio, nos abisma en el silencio de Dios (Thomas Merton)
Una biografía que no está anclada en el ‘quehacer’, sino en el desierto del silencio, es la que se va diseñando en todas sus dimensiones y puede invitar a la comunión completa. Es la vida de los sencillos que saben permanecer en el silencio. De ella, emerge la experiencia del Espíritu que permite ver lúcidamente, con amor, como Jesús, capaz de descubrir posibilidades nuevas, ver la presencia del Padre en todos los rostros, en todas las historias y sobre todo en todos los sufrimientos de su pueblo. Jesús ve los signos de la llegada del Reino en la vida sencilla y cotidiana, al dejar que la vulnerabilidad le envuelva, aceptando sufrir con el otro el dolor, pisar el mismo barro, viviendo atento a las necesidades y a las situaciones limite de otros.
La primera mirada de Jesús no se dirige al pecado, sino al sufrimiento de los otros… Y la palabra que puede expresar mejor la sensibilidad hacia ese sufrimiento ajeno es la compasión: la disposición a asumir un cambio de perspectiva, a mirarnos y evaluarnos a nosotros mismos con los ojos de otros, sobre todo con los ojos de los que sufren y están amenazados (J.B. Metz)
Ante la muchedumbre de los pecadores se abrió el cielo. Sobre aquella humanidad digna de lástima, se manifestó el Espíritu Santo. En medio de los publicanos, de los pecadores, de las prostitutas, de los indignos, es como Dios manifiesta y señala a su Hijo muy amado en el que ha puesto todas sus complacencias.





