Noviciado H. Ivaldino: el camino es la meta

La verdadera vida es sustentada por quien nos llama a hacer camino, independientemente de cómo debemos hacerlo. Entiendo que la vida se hace caminando; vivir es prepararse para esta caminata y esto requiere un esfuerzo.
Soy consciente de que estoy en el principio de un viaje para el que sólo hay una cosa que se debe evitar: “el miedo”. Desde muy temprana edad sentí una profunda inquietud por la vida religiosa monástica y tuve la gracia de tener mis primeras experiencias dentro de mi cultura. En medio de ellas conocí por vez primera la vida comunitaria cisterciense, a pesar de tantas dificultades que he tenido que atravesar para concretar este sueño. Lo que me enseñaron lo confirmé durante el tiempo que pasé con los monjes de mi nación y este año como postulante, a través de la experiencia de convivir cotidianamente con cada hermano de esta comunidad de Sobrado.
Durante este año recorrido con la comunidad de Sobrado, he podido relacionarme con ella a través de una experiencia corresponsable y participativa, gracias a lo cual aprendí a integrarme en los diversos intereses comunes.
Ahora, al dar este segundo paso de mi camino en comunidad, doy respuesta, animado, a una inquietud sentida por mí desde pequeño. Por eso siento que este camino que estoy llamado a responder, lejos de mi patria, de mi familia, de mi cultura, estoy seguro que me llevará a Casa, me ensaña a vivir con mi propio ser. De este modo, no soy más que un simple buscador, explorador, y con esta búsqueda estoy abierto a aprender a abrir mi interior a los deseos de Aquél que me llama y me envía.
Como un niño dando estos primeros pasos de disciplina, de crecimiento y confianza, estoy seguro de que, a través del silencio, la oración y el trabajo en esta vida simple, estoy en conexión con Aquél que me llamó a la vida. Sé que, en el fondo, el fin de la oración, del ayuno y de toda ascesis no es probar a Dios mi amor, sino humanizarme más y hacerme tocar el fondo de mi propia miseria. En esto consiste la meditación constante.
En este camino de autoconocimiento, de silencio y meditación, sé que tengo una ardua tarea que consiste en hacer limpieza de mi interior y trabajar mi propia vulnerabilidad para una mejor escucha. Soy consciente de que no es fácil dejar mi egocentrismo para escuchar a Aquél que me llama por medio de aquellos con quienes conviviré a lo largo de mi caminar. Por eso estoy seguro de que la meditación me va a ayudar a comprender todo este misterio. El camino de la meditación es una escuela de abertura a la realidad y va a estructurar mejor mi personalidad en este proceso de renacimiento.
Confieso que disfruté mucho en esta primera etapa y, al mismo tiempo, aprendí a buscar, asumir mi propia historia personal y el compromiso de seguir a Cristo, partiendo de los valores de mi cultura para integrarme mejor en la comunidad en la que estoy llamado a vivir.
En este camino cuento con la ayuda y las oraciones, no sólo de mis hermanos con los que estoy llamado a convivir, sino también de todos los que creen que puedo llegar a ser un buen obrero en la mies del Señor.