Oír al Verbo mismo

Vivimos rodeados de muchas personas y a pesar de ello no estamos en medio del tumulto; vivimos como en una ciudad y sin embargo ningún ruido nos impide oír la voz del que clama en el desierto, con tal que guardemos el silencio interior tanto como el exterior. Las palabras de los sabios -dice Salomón- son oídas en el silencio más que los gritos de un príncipe entre los necios. Así pues, si todo tu interior guarda el silencio de medianoche, entonces del trono del Padre la Palabra omnipotente descenderá secretamente a ti. Feliz quien así se aleja huyendo del tumulto del mundo, quien se ha retirado a la soledad más recóndita de su alma acallada, para merecer oír no sólo la voz del Verbo sino al Verbo mismo, no a Juan sino a Jesús.

Beato Guerrico de Igny (Adviento IV,2; La luz… 4,2 p.91)