El relato evangélico de este domingo parece traído a colación por el aludido buen escriba que “entiende del reino de los cielos…” y ha sacado, como buen experto, de lo nuevo y de lo viejo. Efectivamente, en ocho versículos del texto, nos presenta tres imágenes vivas de algo que suele darse en dicho reino de los cielos. Es decir:
- Lo que hace de inmediato el hombre afortunado que acaba de encontrar un tesoro escondido;
- Lo que realiza un comerciante, feliz él, porque ha tenido la suerte de dar con una perla fina de grandísimo valor;
- Y la ingente actividad llevada a cabo con la red recién sacada del lago. Se ha barrido con “toda clase de peces“, que, evidentemente, piden una esmerada selección.
Estamos, pues,
- ante un tesoro escondido, recientemente descubierto;
- ante un afortunado comerciante, gozosamente “apurado” y , cómo no, algo nervioso, hasta que pueda comprar el campo y, así, poder adquirir en él la tan valiosa perla; y estamos
- ante peces que han de ser seleccionados: No todos resultan buenos y aprovechables, debido, tal vez, a su tamaño escaso o a cualquier circunstancia en la pesca.
Pero, eso sí, hay que destacar que el trabajo que nos lleva está justificado y ha sido bienvenido todo el esfuerzo requerido. Se trata, en efecto, de algo de subidísimo valor, que no hay que perder en absoluto. Sería de necios no aprovecharlo al máximo.
Las reacciones guardan relación con la altísima valoración objetiva del Reino. Hay que ser conscientes de que el reino tiene un valor absoluto. Eso llevará coherentemente a una valoración subjetiva inspiradora de cualquier iniciativa que salve la seguridad de su custodia.
- El que ha encontrado el tesoro, lo vuelve a enterrar. Es muy discreto, y guarda silencio, dándose de lleno a la compra del campo. Cuando adquiera el campo, habrá adquirido también el valioso tesoro.
- El que ha visto la perla de tanto valor, se apresura a poder comprarla y la hace suya. Animosa diligencia que todos ponderarían.
- La selección realizada queda justificada por un buen hacer que genera confianza, dando seguridad a los compradores de pesca y a los consumidores subsiguientes.
La pregunta para nosotros es: ¿A qué estamos dispuestos por el Reino? La respuesta nos indicará de hecho cuánto lo hemos valorado y el rigor preciso con que lo seguimos haciendo.
EL VALOR SUPREMO PIDE DE SUYO VALORACIÓN SUMA





